Estas ganas de verme en
el negro de tu pupila, de acordarme de todo lo que no es pero un día fue. Estas
ganas de vivir a dieta de besos sabor a tierra y escondidos tras tantas
palabras de lo que no queremos volver a ver. De sentirme como niña aunque bien sé que hace
tiempo eso ya se fue. De volverme el pecado que a puertas cerradas incineré. Estas
ganas de volver a morir por ti para quizás, entonces, revivir en mí… y de
cambiar los centavos que me quedan de razón por caricias breves sin control. Con
esas ganas son con las que me acuesto y me levanto, de sentirme esa muñeca rota
a la que mueres por quitarle la ropa y a la que al mismo tiempo no necesitas
desvestir para sentir instalada en algún lugar dentro de ti. Así, una ilusa,
con hambre de sueños y muriendo en desvelos
paso los días que no debo pensar en ti. Y me arrebato y me reviento y juego a
vivir sin sentir que poco a poco voy muriendo. Uno a uno me deshago de los mitos
que dicen que a ti nadie ha podido sobrevivir. Entonces tapo mis oídos y pinto
mis labios color carmín y visto con mi mejor ropa esperando dejar de ser esa
muñeca rota. Y así, voy por ahí, tomándome en un martini mis ganas de ti.
"Do not go where the path may lead, go instead where there is no path and leave a trail." Ralph Waldo Emerson
domingo, 9 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
Secretos
Secretos. Como los que cuentas a tu almohada antes de cerrar
los ojos…como los que piensas mientras caminas por la avenida de regreso a tu
casa, cansado, sudado y con hambre. Secretos como los que te cuentan los ojos
de aquella niña en la combi o la sonrisa del viejo que sonríe cuando parece que
no tiene nada por qué sonreír. Secretos de esos son los que yo guardo. Bajo las
luces del metro y asomándose por mis pupilas, tratan de escapar. Se escurren
por mis labios de noche e incendian mi cuarto, pintan sobre las paredes tonos
rojos y anaranjados que contrastan con lo negro del silencio. Uno a uno me envuelven desde mis uñas hasta cada uno de mis cabellos y me sonríen, mitad con
compasión, mitad con malicia. Y el fuego que arde a mí alrededor me quema y
calienta mi piel fría y entumida por el aire que se cuela por la ventana. Y sin
quererlo y queriendo, respiro cada palabra que nunca dije hasta que cada una de
ellas atraviesa mi tráquea y termina ardiendo en mis pulmones, casi tocando eso
que llaman corazón. Y lo tientan y lo incitan un poco con deseos de invadirlo,
otro tanto con miedo de despertarlo. Tomo los secretos que ahora bailan al son
de las llamas por todo mi iris en ambos ojos y los empujo hasta que llegan más allá
de los huesos de mis órbitas. Entonces aprieto fuerte mis ojos esperando que
amanezca para que no sean más que una sombra en lo negro de mi pupila. Secretos
como esos con los que sueñas, como aquellos que, aunque quieres, no vas a contarme.
De esos mismos secretos, muero.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Otoño ha terminado
Parece que fue ayer cuando el
viento cantaba entre las hojas verdes de los árboles y la noche olía a una
mezcla de tierra y de rocío. Aún recuerdo sentir como el calor me besaba buenas
noches al aparecer la luna, pero no para siempre, sólo mientras duraba la
oscuridad, sólo por algunas horas. Ahora las hojas cafés y un poco rojas descansan
sobre la tierra ya seca y falta de flores. Puedes escucharlas murmurar
recuerdos de tardes de primavera con cada paso que das sobre ellas. A veces sus
voces suelen ser muy fuertes y mientras más corres, más imposible se vuelve
hacerlas callar. A veces quieres hacerlas callar, pero ¿qué sería de Otoño sin
los tonos dorados, cafés y a veces rojizos que tapizan los árboles anunciando
que muy pronto ha de terminar? Y el sentimiento que te invade es uno sin igual
con ganas inmensas de huir entre recuerdos o lejos de ellos. La primera hoja
comienza a caer. Poco a poco ondea por el viento esperando ser atrapada entre
las ramas que inevitablemente, también y a su momento, se desnudarán. Ninguna rama
escucha sus súplicas y entonces deja de intentar, lanzándose en una caída libre
en cámara lenta. Inevitable y hermosa. Las tardes se sacuden de sol y se cubren
de viento y cambias los paseos en bicicleta por caminatas por el parque
cubierta de sombrero y quizás abrigo. Y de repente, cuando menos te das cuenta,
las hojas caen a tu alrededor como una tormenta inminente e imparable y se
llevan todas las fotos que hasta entonces habías colgado de los árboles,
dejando sólo ramas secas que a veces hasta parecen muertas. Tardes y más noches
y ahora caminas por el parque de nuevo. A tu derecha e izquierda ves árboles
que parecen muertos a falta de verde, pero tú sabes que es sólo una fachada y
que uno de estos días, ella también ha de pasar. Y entonces la ves. Frente a ti
y a unos tres árboles de distancia, justo a la mitad, la última hoja del
parque. El viento te susurra en el oído y tus ojos se humedecen al mismo tiempo
que sientes como tu piel se enchina. Te envuelves aún más en tu abrigo, pero no
dejas de observar. Las voces del viento se vuelven más fuertes y, con pesar, ves
como su canción alcanza a esa última hoja sobre aquel, una vez hermoso, árbol. Y
entonces se desprende, esta vez sin ningún intento de parar y en segundos que
parecen una eternidad baila por el aire dando piruetas especialmente para que
tus ojos puedan ver. Y así, sin más, cuando más hermoso era su baile, toca el
suelo. Otoño ha terminado.
*
domingo, 25 de noviembre de 2012
The letter you will never read
Dear dear
love of mine,
To answer
your question, yes, I’ve thought of you, more than I’ve wished I’d do. I’ve
tried to teach myself to see the world in a different way, a way I can call my
own. If I must be honest, I shall confess I much rather the way the world looks
through your eyes. Every night I lay on my bed, and open my window, and not a
night passes by without the stars whispering to me the story of us. It is hard
to fall asleep without your silence next to mine or your soft palm against my
cheek. You felt so right, and the idea of your arm wrapped around my waist felt
like home. I ask you, the man with all the answers to my curious questions, can
a girl be a stranger among everyone that’s ever seen her grow old? Yes my love, I’ve dreamt of you, hoping you, too,
would dream about me. At times I feel I’m about to ignite from the sole thought
of you not ever holding me in your arms. I am an ember, red and about to burn
everything to dust. Teaching myself to breath is what I do when I’m not
thinking about you. It is proper to say I am homeless. Everyone is a stranger,
and I, too, am a stranger to them. I often wonder if I’ll ever be able to show
me to them like I showed you. The voice inside my head almost immediately answers
– No.-I erase you and rebuild you in my mind, and each and every time I think I’ve
fallen out of love, I happen to realize I have just fallen even deeper in love.
Will this ever go away? How I wish it would! How I wish I wouldn’t have to wish
it would… Not a day passes by when I don’t have to fight hard the urge to write
you back. It is oh so hard to keep myself away, yet it is the better than
coming back to what I already know awaits. Never had I done such a difficult
thing. Never had I wished to be in somebody’s arms like this. Yet tonight, my
very dear love, I’ll close my curtain and dream there was never such thing to
miss.
*
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Cuando sueño
Como si no hubiera mañana, me recuesto sobre mi cama y
sueño. Sueño con desentumir mis alas, con noches de desvelo y con colores más
variados que los del arcoiris y todas sus combinaciones. Invento mis propios
colores y mis propias melodías y hay veces que puedo hacer a todo el mundo
desaparecer como hasta ahora lo he conocido y creo mi propio mundo. Sueño con hacer converger mis dos realidades y dejar de
ser yo fragmentada en cada una de ellas. No imagino el día en que pueda llegar
al final de aquella carretera que hace tiempo empecé a trazar, eso no, pero
imagino todo lo que mientras conduzca por ella puede pasar y de vez en cuando
me detengo en algún mirador a la mitad, justo cuando el sol se está por
ocultar. Veo todo el camino recorrido y todo lo que pasó que jamás pensé que
pasaría y me emociono como una chiquilla en la mañana de Navidad al imaginar
todo a lo que esa carretera aún me ha de llevar. Y me subo al carro y enciendo
el motor y acelero, a veces olvidando que no debo ir tan deprisa, pero el aire
sobre mi cara me intoxica y quiero más y más y tengo que hacer un esfuerzo por
recordarme que de vez en cuando debo frenar para no alejarme demasiado, para no
pasarme la señal, alguna señal y olvidar llegar a dónde debo llegar. Y el mundo ya no es ese lugar tenebroso y
desconocido, sino un viejo conocido al que había olvidado saludar y que me
espera con los brazos abiertos para que lo vuelva a abrazar. Y entonces recuerdo
que sigo recostada sobre mi cama y a veces he llegado a creer que me he quedado
ciega o que he muerto, porque detrás de mis párpados una paleta de óleos ha
tomado el lugar de aquella oscuridad y pienso si será posible que en esos momentos
esté más cerca del cielo que de mi pequeño infierno. Y el frío que entra por mi
ventana me recuerda que el infierno no se ha ido, pero que hay pedazos de cielo
entre él o infierno entre pedazos de cielo. Un rastro de sonrisa atraviesa mi
cara y justo entonces me quedo dormida y quizás, sólo quizás, vuelvo a soñar.
martes, 13 de noviembre de 2012
That you exist
That you
exist is what I want to believe. That there is more to you than these shadows
coming back to me as dreams. That you were more than my lonely mind’s companion
during those dark but oh so beautiful hours. That is what I want to believe. I
sit still in traffic as I wait for car lights to take the place of sunlight,
and I wonder if you were really here. I imagine your laughter and those sleepy
eyes with your boyish smile and try to place them in a place I know, in a place
that seems real. I am drowning between flashes of yellow and red, not quite
aware I am. As I look around me, I see, in the backseat, the little girl staring at what could be
stars if it wasn’t so bright because of the city lights, and remember, not so long
ago, I used to be the girl playing to catch stars. I look at the sky and wonder
if it is possible you are among them in a place I can’t see, staring back at
me, because there is no place around me where you could possibly be. And the beginning
of us comes back in reverse, as days
seem like months, maybe years, and everything that was real seems more and more
unreal. That what happened to you didn’t erase me at all, that you leaving like
you did doesn’t make any of it go away… that somewhere, someday, you and I will
once again meet, but most of all, that somewhere out there, you exist. That, is
what I want to believe.
*
miércoles, 31 de octubre de 2012
Esta tarde, en el balcón.
Y es literal… y, sin embargo, no
lo es.
Cereal sobre la mesa, paseas, de
aquí para allá, café en la mano, no, ya no lo quieres en tu mano. Vacías la
taza sobre el fregador hasta que no queda ni una gota. Las puertas del balcón
permanecen cerradas y en tres ancadas gigantes estas frente a él y las abres de
par en par. El viento entra de golpe levantando un remolino de tela a tu
alrededor que parece más como ese par de alas que perdiste y que ahora
sospechas necesitas recuperar. Te permites estirar tus brazos a tus lados sin
permitirte pensar en la gente que debajo, en la calle, ha comenzado a mirar y
por tu cara aparece una sonrisa a la idea de poder volar. Das un paso hacia
adelante y el barandal te detiene al presionarse sobre los huesos de tu cadera. Echas la cabeza para atrás, tus alas de lienzo revolotean a tu alrededor.
Detrás de ti, escuchas el sonido desesperado de unas manos que frenéticas
golpean la puerta y por debajo de ti, el incesante tráfico parece haber dejado
de avanzar. La prisa misma parece suspendida para ti y para quien se quede a
observar. Detrás de ti escuchas unas llaves frenéticas contra la manija de la
puerta, y a ambos lados de tus oídos se extienden los sonidos de las bocinas de
choferes desesperados, demasiado ocupados para entender que en realidad no
importa llegar temprano, llegar tarde, da igual. Al barandal, subes el pie
izquierdo, luego el derecho y cierras los ojos. De detrás de ti, escuchas tu
nombre casi en un grito y sientes el retumbe de los pasos apresurados corriendo
hacia alguna desquiciada parada a la orilla del balcón, pero estás demasiado
cerca para que pueda importar, demasiado cerca para detenerte a observar. Dos manos apartan tus alas y en ese preciso
momento, tus pies abandonan la orilla del balcón. Debajo, la multitud se ahoga
mientras aguanta la respiración, alguien se queda colgado del balcón,
intentando alcanzarte, pero tú, tú estás demasiado lejos para que te puedan
frenar. Has comenzado a volar.
martes, 30 de octubre de 2012
Atrapados un Marzo
Inicio de Marzo. Parte del cielo aún permanece nublado, pero
la lluvia ha terminado de caer y el sol hace a las gotas sobre las hojas
brillar. 11: 35 am. El olor a lluvia encuentra su camino entre las cortinas
blancas de la sala. Desde el balcón, más allá del sillón, ves unos cabellos
despeinados mitad cafés, mitad dorados, que tapan su cara. Una risa sale de
algún lugar delante de él, pero que no puedes ver. Antes de que te acerques
escuchas como de su boca escapan unas cuantas palabras que son una mezcla entre
risa y nervios, luego seriedad y entonces unas notas. Se equivoca. Ve a un
punto en el sofá delante de él y ríe, sólo un poco. Vuelve a tratar. Te acercas
un poco. La melodía inicia. Sentado sobre la mesa de la sala y con una guitarra
eléctrica sobre su pierna izquierda, desliza sus dedos sobre las cuerdas. Está
muy concentrado y puedes decir que realmente está intentando. Si su piel fuera
más delgada, sobre su torso, que lleva descubierto, verías lo rápido que late
su corazón. Delante de él y recostada sobre el sillón, la dueña de las risas
descansa su cabeza sobre un cojín. No usa más que una camisa demasiado grande
para pertenecer a ella. Sus oscuros cabellos desordenados caen a los lados de
su cara. Él la mira. Ella deja de reír. La música comienza a fluir, ligera, cada
vez más ligera. Notas que él ya no necesita seguir sus dedos con su mirada y de
pronto, así sin más, como si desde siempre lo hubiera hecho, sus dedos bailan
sobre las cuerdas. Las notas inundan la sala y una que otra escapa por la
ventana. Ahora ella se acuesta sobre su lado, pero a pesar de moverse, su
mirada no deja la de él. Él toca y toca, jamás dejando de mirarla. Y casi
sientes como si fueras un intruso robándote un momento que no te pertenece. La
boca del guitarrista esboza media sonrisa y de los labios entre partidos de ella
escapa todo el aire que le queda. Una seriedad que desconoces se apodera súbitamente
y sin la menor sospecha, de sus ojos verdes cuando ríe y azules cuando piensa,
y deseas con todas tus fuerzas quedarte prendida de ellos como lo está ella.
Ahora los ojos cafés se vuelven como un pozo profundo y ya no sabes si es ella
quien se ahoga en él o él quien se pierde en el camino que es ella. Y la música
sigue y afuera la lluvia amenaza con desvanecer aquella tarde y volver a caer,
pero todavía no… aún no.
*
viernes, 19 de octubre de 2012
Night is her cover, Darkness her gown
This I wrote a year ago, October 13th, to be precise. It was supposed to be my first song, but I didn't learn to play the guitar. I never quite finished it, because I got into a fight with the girl inspiring it all.
This is for you, little sis.
This is for you, little sis.
Tonight she
can’t sleep. Tonight the world seems like an ocean full of sparkling lights and
there she is, the shadow standing on the dock. Would the reflects of the city
lights lighten her face, her gestures would tell it all. By no means would
there be need of words, no, no need of asking questions, of drawing stories in
our minds… But Night is her cover and Darkness her gown, and tonight there’s no
telling if she smiles or she cries. Oh! Would you see the way those starlike
diamonds shine upon her time to time, you wouldn’t be able to speak, no, not
even to breathe.
Her hair
covers her shoulders and stumbles down her back; she leans against the hedge
and makes you think “what if she
happened to fall?” She looks across the
sky, across the water right to where you stand. Did she just fix her eyes on
you for the very first time? Might the night be dissolved it would all be so
clear… Moon please let Sun come out and make it disappear.
Tonight she
can’t sleep. Tonight the world seems like a masquerade where a mask is
mandatory to let you join in. She walks
next to you into a corridor full of faces unknown, and you barely get to catch
a glimpse. The masquerade is on, no more pretending she’s not the one. She
stands in the middle of the room, covered in glitter and apparent bliss. There
is no telling if she’s scared or enjoying every bit. Would only her mask fall
it would all be so clear, but there’s no way of knowing the thoughts hidden on
the other side. Would only her eyes
stare into yours, you’d be paralyzed, forever mesmerized.
Her hair is
pulled up and she’s holding a cup in her hand. She raises it for a toast and
smiles as the perfect host. Oh! Such a sight to see! Her lips take a sip of wine.
And you can’t help thinking “Is this really what she wants?” Across the room
she stares right at you. Might you take away that mask, Will there still be
hope or a plea for something to her yet unknown? Please Cinderella throw away
your gown,
Tonight a
thousand what if’s take away your sleep. Mixture of fragile and strong, which
one will it be, (to fall or not to fall?) So distant and yet so close, there
again she goes. Swaying through dreams, avoiding life or letting it be. But
tonight Night is her cover and Darkness
is her gown and till dawn breaks you’ll spend your time guessing, no other way
of figuring it out.
jueves, 18 de octubre de 2012
A little of me, for you.
Dedicated to my Uncle Pedro.
I will always remember you.
Why weep? Why cry our hearts out dreaming of someone that is gone? Why spend away beautiful days full of sunlight and nights full of stars held away in a quiet room? Of course it is only natural to feel sad deep inside, to miss that someone, to wish he or she didn’t have to leave just yet. And then we hide behind our duties or deep within our minds wondering why… looking for a reason, for a sign that leads us to the answer. Then, we weep further more when we fail to get it. It is not ok. That’s not like it should be. We should be happy for the time we had with that someone that now is gone. We should be thankful for the laughter, the secrets, the stories, the good and the not so good moments we were able to share. We should remember life is too short to spend it hiding away and keeping to ourselves, to afraid to feel, to afraid to let someone in. Maybe you wish I could say someday we’ll forget and it’ll be like if it no longer matters, but I won’t. It does matter, and it always will. No matter how much time goes by there will always be a place in your heart that brings ache and joy with the memories of that one long gone. The good part is that that thing you feel is eating you inside out will, with time, make you understand you _have_ to live life and that it is the only way to make sense of all of this. You have to put your heart out there and let people matter, and laugh with them, and cry with them, and live with them the time of your life, because that is the difference between just letting your heart pump blood through your body and truly being part of it all… truly living.
I will always remember you.
Why weep? Why cry our hearts out dreaming of someone that is gone? Why spend away beautiful days full of sunlight and nights full of stars held away in a quiet room? Of course it is only natural to feel sad deep inside, to miss that someone, to wish he or she didn’t have to leave just yet. And then we hide behind our duties or deep within our minds wondering why… looking for a reason, for a sign that leads us to the answer. Then, we weep further more when we fail to get it. It is not ok. That’s not like it should be. We should be happy for the time we had with that someone that now is gone. We should be thankful for the laughter, the secrets, the stories, the good and the not so good moments we were able to share. We should remember life is too short to spend it hiding away and keeping to ourselves, to afraid to feel, to afraid to let someone in. Maybe you wish I could say someday we’ll forget and it’ll be like if it no longer matters, but I won’t. It does matter, and it always will. No matter how much time goes by there will always be a place in your heart that brings ache and joy with the memories of that one long gone. The good part is that that thing you feel is eating you inside out will, with time, make you understand you _have_ to live life and that it is the only way to make sense of all of this. You have to put your heart out there and let people matter, and laugh with them, and cry with them, and live with them the time of your life, because that is the difference between just letting your heart pump blood through your body and truly being part of it all… truly living.
miércoles, 17 de octubre de 2012
Let me go
For someone miles and miles away...
Let me go.
Please? Would you let me go? Just stop this. Don’t email me. Don’t write me.
Don’t even start thinking about sending roses to me. Not tomorrow, not on my
birthday, not ever. Stop telling me it’s hard to be without me; stop saying it’s
hard to talk to me, because it gets you thinking about me. Just say good-bye
already, no more words, no more tears, no more trying to make sense of whatever
this was or could’ve ever been. Please don’t try to keep me around. Stop
telling me how much I mean to you. Stop making me think maybe someday,
somewhere we could mean more than what we are now. Just let me go. No more
sharing our days. No more you waiting for the warmth of my messages. No more me
waiting to make you feel warm inside. Please, I’m tired of not sleeping missing
those sleepless nights. Let me forget about you, let me pretend I don’t love
you. Let me forget I was crazy about you and the sound of your voice saying how
much you wish you were here and not miles away. Stop saying you need to talk to
me. Stop saying you want to talk to me. Don’t even start listing my qualities.
Don’t dare say how I deserve so much better. Just leave already. Please? Could you not ask
me to stay? Could you not ask me not to disappear? Just take my hope with you.
Take my hope to her. Just please! Let me start to try to forget about you. Just
do this one last thing for me. Please. Let me go.
martes, 16 de octubre de 2012
Volviéndome loca
Volviéndome loca, así estoy. Sin
ganas de comer, sin ganas de dormir, sin ganas de estudiar, con ganas de soñar…
empezando a soñar, sin poder evitar soñar. Jalándome el cabello con mis manos
imaginarias mientras sonrío, cruzo la pierna y asiento tranquilamente con una
sonrisa. A punto de deshacerme de la bata, del traje, del maletín y de esos
tacones que a veces tanto detesto. Con una mano sobre la manija de la puerta y
el motor del carro encendido… con un boleto de avión en la mano y el celular en
la otra esperando recibir una señal. Paseando por mí cuarto, de pared a pared a
altas horas de la noche. Pintando en mis paredes ideas y coloreando sus
alrededores con “algún día”. Fumando como chimenea hasta sacudir la cajetilla y
no sacar ni un cigarro más. Escuchando música y componiendo poemas. Rompiendo
cartas, recortando fotos. Jalándome de nuevo el pelo. Desnudándome, paseándome
desnuda. Vistiendo con vestidos, trajes de baño, una pasarela. Fotos y más
fotos. Canto y bailo. Ahora caigo sobre mis rodillas y lloro. Saco un libro,
leo las primeras páginas y estudio, no no estudio… sueño y sufro. Tomo una hoja
de papel y dibujo, dibujo hasta que no soporto mi dibujo y lo borro todo o lo
pinto de blanco para volver a dibujarlo. Saliendo a media noche a pararme sobre
el techo. Durmiendo sobre el techo y helándome hasta los huesos. No durmiendo.
Hablando con las estrellas. Mandando mensajes con las mariposas y esperando ver
al barco llegar, sobre las nubes, entre las estrellas, del lado derecho de la
luna o de frente al sol. Prendiendo velas. Meditando, respirando profundo hasta
hiperventilar y sentir mi cabeza girar. Haciendo planes, llamando a mis amigos.
Colgando cuando no entienden. Robándome tequila de la alacena. A dieta de
chocolates. Perdiéndome en películas. Creando películas… imaginando audiciones,
yendo a audiciones. Escribiendo en mi diario. Tachoneando mi diario. Llorando
hasta sacarme los ojos, luego riendo hasta que me falta el aire. Pintando mis
labios y dejando besos en el espejo. Rompiendo mi espejo e intentando pegarlo.
Pintando un cuadro, luego otro y otro hasta que los colores de mi pupila
reflejan mis óleos. Comprando libros, leyendo tres páginas, formando torres de
libros que nunca he leído. Comprando más libros. Cocinando una cena, cocinando y
bailando. Dejando a la comida quemar porque estoy demasiado borracha para que
pueda importar. Caminando con rumbo pero sin conocer la dirección. Confesándome
con Zafira. Manejando a toda velocidad. Tomando café esperando no dormir y
estudiar, para luego no estudiar y volver a pensar, sin poder del todo pensar y
de nuevo comenzar. Saco una hoja y escribo, escribo una carta, luego otra y
otra y de nuevo las rompo. Recojo los pedazos y los guardo. Escribiendo un
correo, luego otro, los borro, los reescribo y los mando. Pasándome los altos o
parándome en medio. Quedándome dormida, despertando e intentando dormir cuando
debo trabajar. Escuchando sin escuchar y poniendo atención sin pensar. Manejar
y soñar, soñar con que todo finalmente ha de acabar. Y llegar a mi cuarto, ver
por la ventana, ver el sol ocultarse y de nuevo, sin precedentes, sin aviso, sin
la menor sospecha de lo que ocurrirá, ver como todo vuelve a empezar. Y así,
día a día y noche a noche, de sol a sombra, volviéndome loca, así estoy.
domingo, 7 de octubre de 2012
¿Por qué?
Lluvia dime por qué… por qué lo
mejor que llega a veces debe irse… Dime ¿por qué no pueden durar más los colores
rosas, naranjas y las nubes de oro en el cielo? Lluvia hazme entender porqué después
de la tarde debe llegar la noche. ¿Por qué las canciones deben terminar? ¿Por
qué las prisas y las palabras cortas? ¿Por qué la falta de besos y sonrisas?
Lluvia, ¿tienes tú las respuestas? Porque yo todavía no logro entender. ¿Por qué
queremos a quien no nos quiere y lastimamos a quien lo único que quiere es
querernos? ¿Por qué extrañar a quien ya se fue, hasta que se van…? ¿Por qué
decir perdón cuando pudimos no haber herido? Cuéntame porqué preferimos las
historias complicadas a los finales felices, porqué habiendo tantas personas en
el mundo a veces nos sentimos tan solos y abandonados…porqué es tan difícil ser
sinceros y decir lo que sentimos. Hazme entender porqué mentimos, porqué no sonreímos
cuando esa sonrisa puede ser la diferencia, porqué peleamos… ¿por qué nos
olvidamos sólo para recordarnos cuando es demasiado tarde? ¿Por qué trabajamos
tanto y ya no soñamos? ¿Por qué tratamos de apagar a los que sueñan? ¿Por qué juzgamos
si no queremos ser juzgados? No entiendo. Y de nuevo soy una niña y hago
preguntas, que reciben respuestas que no comprendo. A veces quisiera regresar al
parque dónde todo tenía sentido y dónde los corazones rotos se cocían y las heridas
se sanaban con sonrisas, dónde los corajes no duraban más de una tarde y los
pleitos se arreglaban con un abrazo y un "te quiero". Quisiera volver al parque dónde el
límite era el cielo o los gritos de mamá llamándome a cenar, dónde soñar era la
única opción y podíamos ser tan grandes y tan increíbles como quisiéramos,
dónde las historias de amor eran épicas y nada ni nadie podía romperlas. Lluvia
extraño correr debajo de ti, resbalar y limpiar mi cara sólo para mancharla todavía
más. Extraño el frío que sentía sabiendo que me esperaba un baño caliente y un chocolate
envuelta en mi bata. Extraño los cuentos y los abrazos de Mamá, las buenas
noches de Papá, la ilusión de a dónde viajaría esa noche y dormir con las
cosquillas en mi estómago pensando en que sería del día siguiente. Extraño
sentirme en casa, extraño a mis amigos, a mis hermanas, a mis papás, extraño
como los extraños dejaban de serlo tan pronto como intercambiábamos sonrisas.
Lluvia, ya nada entiendo. Si esta tarde vas a caer frente a mi ventana,
cuéntame una historia, cuéntame la historia de porqué y quizás así, esta noche,
pueda dormir.
viernes, 5 de octubre de 2012
Who are you?
If you are to play it, listen to the melody...
Who are you?
Who are you?
A thousand
times I’ve seen you; a thousand times I’ve ignored you.
I saw you
through hallways and crowded spaces, so close and oh so near.
I never
thought of you, I never stared at you, I never even looked at you.
I think we
might’ve talked, but I might’ve chosen not to hear.
I didn’t
care to know your name, your age, let alone your history or your story.
A thousand
people before you; A thousand people after you.
We could’ve
talked. We could’ve said “hi”. Instead, we never even waved “goodbye.”
A couple of
years have passed since, and not a day had I remembered you.
I didn’t
wonder about you, not even once; I might’ve even forgotten about you.
Today I
thought I saw you. Also, I thought you saw me.
I never
cared about you… not once I thought I would.
Yet tonight,
already in bed, I wonder…
Who are
you?Reencarnación
Me descubro mirando como hace
meses no veo, quizás incluso años. Sin que yo pueda evitarlo la orilla de mi
boca comienza a levantarse formando una media sonrisa. Por primera vez en lo
que parece una vida no necesito de un espejo, sé exactamente cómo me veo y más
que saber, puedo sentir el brillo en mis ojos y esa sed que se extiende por mi
garganta, lastimera y deliciosa. Incitante como es me llena de ansias y emoción
incontenibles por saciarla. No pienso claro. He dejado de ser nube, soy, de
nuevo, humana y ya no sé si son los restos de lo que era o el humo que empieza
a salir de lo que se quema adentro de mí lo que hace que mi vista sea borrosa,
como un espejismo sobre una carretera. Y lo mejor es que no veo más que las
líneas amarillas que se extienden sobre el pavimento, ondulantes por el calor y
las plantas secas a lo largo de un camino que parece interminable. Me emociono
y me olvido de lo que se supone que soy y que debo ser y como un remolino, de
golpe, me formo, sin miramientos por el pasado que pueda arrancar. Empiezo… el
silencio que zumba en mis oídos sin precedentes, comienza a llenarse de gritos,
cada vez más intensos y como si fueran la señal, mi cerebro empieza a
reaccionar. Estiro mis brazos y el aire intenso se azota contra mí sacudiendo
mi cabello sobre mi cara, pero por fuerte que es, no apaga la chispa en mis
ojos, al contrario, la aviva y la torna llama y de pronto la carretera que se
extiende frente a mí ya no es otra opción, es la única opción. La espera
termina, tiro los papeles y dejo que vuelen y tomen la dirección que deseen. Al
fin y al cabo, son sólo eso, papeles. Meto mi mano al bolsillo trasero de mi
pantalón de mezclilla y siento las llaves. Pensé que las había perdido y todo este
tiempo habían estado ahí. Cómo son las cosas… las tomo y ya no hay duda. Las he
encontrado y la maleta sigue ahí, detrás de la puerta, lista para ser desempolvada.
Tomo mi chamarra y sin molestarme por mirar atrás, atravieso el marco de la
puerta. En dos movimientos meto la maleta a la cajuela y la cierro de golpe,
subo al asiento del conductor y enciendo el motor. Y así, súbitamente como se
fue vuelve a empezar y esta vez no hay vuelta atrás.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Incendio sobre lienzo
Quiero que me ames. Quiero que me despojes de todas las
apariencias, de mi propia piel, de los colores intensos y suaves con los que
coloreo mis labios, quiero que los hagas desaparecer con tus labios. Quita el
delineador y el rímel que se escurren debajo de mis ojos con tus besos. Hazlos
desaparecer y deja sólo mis ojos, cafés y un poco tristes para que sólo tú los
puedas ver. Así, como son, un poquito agachados, un poquitos tristones y a
ratos, en el fondo, aún inocentes. Deshaz el chongo con los intricados arreglos que tanto
tardé en peinarme y deja caer la pantalla oscura a los lados de mis hombros.
Enreda tus manos en mi cabello y haz de ese desastre uno aún más grande.
Quítale el orden y las formas que en el pudieron haberse grabado. No te
detengas, no te preocupes por aparentar. Deja que tu piel toque la mía y que
cada una de las partes de tu cuerpo se funda en mí. No cierres los ojos, quiero
verlos, quiero verte y quiero verme en ti. Deja que el compás de nuestros
cuerpos y la sensación que se acumula se refleje en tus gestos para que así
sepa lo mucho que lo anhelas, cuan inevitable te es… te soy. Deja pasear tus
manos por mi espalda, que mis uñas arañen la tuya. Sumérgete en mi cuello y
respírame como si fuera tu aire, tu único oxígeno. Hazme parte de ti, beso a
beso, caricia a caricia. No te apresures, tómate tu tiempo. Déjame ser tu
lienzo y dibuja sobre mi piel todas las formas que tu loca cabeza sea capaz de
dilucidar. Píntame con los colores de tu dolor y con aquella oculta alegría que
a ratos te he visto mostrar. Seré para ti para que seas el pintor que desees o
el escultor y yo, bajo tus manos, la arcilla. Tomaré las formas que quieras,
las que tu cuerpo me obligue a tomar y dejaré de luchar. Mi lucha incesante se
volverá las fuerzas con las que jale tu cuerpo y las mismas con las que evite
que te alejes. Vuélvete fuego y prende cada una de las células de mi cuerpo,
que tus ojos sean la primera chispa. Incéndiame de dentro hacia fuera, desde
antes de tocarme, desde antes de tomarme, desde la distancia. Haz crecer el incendio
con cada paso que des en mi dirección y con cada gesto con el que pretendas
hacerme tuya. Enséñame a descifrar los secretos escondidos más allá de mis
huesos, oblígame a dejar de ser quimera y a volverme de nuevo mujer. Recuérdame
como ser de nuevo Luna y vuélvete mi Sol. Acércate para que pueda respirarte,
quiero sentir tu pecho sobre el mío. Déjame ser huracán alrededor de ti, déjame
desbaratarme alrededor de ti y vuélvete la calma en mi interior. Enséñame que
en la piel también hay gloria, y arráncame a mí de mí. Sin importar que mañana
tenga que amanecer, sin importar que quizás, cuando te vayas, vuelva a llover.
*
domingo, 30 de septiembre de 2012
Me dueles
Me dueles a toda hora, desde
antes de abrir mis ojos por la mañana, desde antes de estar consciente de que
estoy por despertar, me dueles. Me dueles por la mañana cuando mi cuerpo
desnudo amanece frío porque le falta el calor de tu cuerpo, cuando estiro mi mano
al otro lado de la cama y me doy cuenta de que el espacio es todo mío. Me
dueles con las luces de la ciudad y los tonos rosas, morados y naranjas del
cielo, con la música que sale de las bocinas del carro o con el olor a lluvia
de la noche anterior…me dueles. Me dueles entre los corredores llenos de gente,
también entre los vacíos. Me dueles en las caras de los extraños del metro y en
la sonrisa del chico que me mira desde hace rato y que no eres tú. Me dueles
con las palabras tiernas y románticas de mi amigo, con cada abrazo y cada beso,
aún me dueles. Me dueles en mi habitación vacía, me dueles a la hora de la
comida, cuando las palabras brotan de sus bocas y ninguna de ellas es la tuya.
Cuando me topo con un pájaro que al verme decide volar, cuándo me encuentro con
un buen libro que te podría enseñar o en un pasillo vacío de la biblioteca, me
dueles. Me dueles como las rosas muertas que hace un mes tiré a la basura o
como las rosas también muertas que aún descansan sobre mi escritorio. Me dueles
con el olor de mi vela favorita, cuando apago las luces y cuando las prendo. Me
dueles como me duele el boleto de avión que compré y nunca usé, como el viaje
que planeamos y nunca sucedió, como la película que me recomendaste y nunca vi.
Me dueles al ver las paredes como la promesa que ahí grabé y como la que colgué.
Me dueles como la noche más fría, como la Navidad más sola y oscura, como un
millón de dagas clavándose una a una y lentamente en mi pecho. Me dueles como
me dolió mi Tío cuando se fue. Así de mucho me dueles. Me dueles desde que
amanece hasta que anochece y cada hora que transcurre entre eso. Me dueles cada
día, cada hora, cada minuto y cada segundo de cada minuto, me dueles.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Things I don't like
- The sound of high heels
- Electric storms
- Sunday afternoons
- Waiting to hear my phone
- Seeing Zafi's beautiful eyes sad
- The ending of stories
- Abbreviations when writing
- Expiriencing the subway
- Having cold feet at night
- An empty house
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Incesante
La función ha terminado antes de
lo esperado y en la calle, iluminada por faros, se alinean uno a uno los autos
que van a recoger a aquellos que decidieron ir a verte. Observas las pláticas
animadas, la manera en la que se ríen, como se mueven sus bocas, la manera
sutil en la que ella susurra algo a su oído, cómo ellos prenden sus cigarros,
el gesto sutil y no tan sutil de cubrir unos hombros desnudos con un saco
demasiado grande para ellos, la atención de unas cuantas cautivada por la
conversación de uno y al final, todos ellos, esperando… Observas desde la
puerta del callejón por la cual, normalmente escaparía la luz, pero esta vez tú
la has apagado. La gente comienza a dispersarse, pero ellos no, ellos
permanecen. La luz de los focos de la función iluminan sus estilizadas figuras
entaconadas y cubiertas por vestidos rojos, blancos y una falda negra y a
aquellas que se paran a sus lados, fuertes, seguros, gentiles o no tan
gentiles. Uno de ellos saca su mano del bolsillo de su saco y acerca su muñeca
para ver la hora. Enseguida voltea a la entrada del teatro buscando a alguien.
Te busca a ti. Una de ellas lo nota y voltea su mirada al mismo sitio. También
ella te busca. Te buscan y te esperan, pero no siempre a ti. Ansían la
presencia de miradas coquetas y gestos agraciados, la risa despreocupada y los
comentarios atinados. Esperan ocurrencias e historias que al final sólo son
eso, historias. Buscan a labios rojos y ojos casi negros, cigarro en mano y
perfume Chanel, pero no te esperan a ti. Mientras observas el silencio que te
rodea, te acaricia y ahora hace más que convencerte. Toma tu mano y te
encamina. La asfixia y el llanto se quedan suspendidos afuera, aferrados a la
puerta, tus labios rojos y ojos negros colgados frente al espejo y las rosas
que llevabas en la mano dejan un sendero de pétalos a tu paso, desde los
escalones hasta el final del callejón, donde cae el ramo… o lo que queda de él.
Caminas entre los autos y eres vagamente consciente del claxon de un carro y
del chirrido de sus llantas. Eres consciente de unas luces que iluminan tu cara
y te ciegan, de unas voces que te gritan ¿qué gritan? Sigues, no te detienes,
tus pies duelen, te agachas y arrancas los zapatos dorados que ahora te han
sacado llagas. A lo lejos escuchas el estruendo de un relámpago que resuena en
las caras de aquellos que te pasan en la calle. Una a una las gotas comienzan a
caer y deshacen tu maquillaje, ríos negros corren por tus mejillas. Adentro de
ti comienza a desenroscarse una especie de animal que hibernaba y que no sabías
existía. Puedes sentir su hambre y su desesperación, sus ganas de saciarse y
Silencio se aparta para mejor caminar dos pasos detrás de ti. Poco a poco da
paso a Sed. El agua se precipita incesante y el huracán se desata. A tu lado el
sombrero de una mujer se vuela mientras a toda carrera toma la mano de su niña
y atraviesa la calle. Una pareja se esfuerza por permanecer unida debajo de un
paraguas, pero por más que intentan, la lluvia es mucha y muy fuerte y el
paraguas no puede evitar que ambos permanezcan secos, uno de los dos va a
mojarse. Los estruendos siguen y con cada paso que das se vuelven más
insistentes. No quieres pararlos, no intentas detener la manera en que se
arremolinan alrededor de ti, adentro de ti… Y ahí permaneces, a media calle,
empapada y escurriendo, esperando, no que todo se detenga, pero que sea lo que
sea te envuelva, que te haga parte del estruendo y de ese caos que te arranca
todo y te deja lo único que verdaderamente importa y que ninguno de los que
buscaban y esperaban pudo encontrar. Sin una gota de maquillaje, sin las luces
del reflector, sin los aplausos canturreantes o las sonrisas fingidas, te deja
a ti, verdaderamente a ti.
Si vas a escucharlo, escucha la música.
domingo, 23 de septiembre de 2012
23 de septiembre de 2012
He pasado la tarde en mi cuarto,
escuchando música, prometiendo que en cuanto termine la siguiente canción voy a
bajar a comer…aún no he bajado. La casa está sola, pero aunque hubiera alguien
en casa no creo que habría alguna diferencia. Creo que me gusta que esté así.
No escuchar las voces me deja pensar y me obliga a estar conmigo, que tanta
falta me hace estos días. Finalmente decidí meterme a bañar, puse el agua muy
caliente para ver si así se evaporaban mis dudas, mis miedos o por lo menos los
nudos en mis pensamientos por un rato. Salí y empecé todo mi ritual, secar mi
cabello, crema sobre mi cuerpo, perfume, loción para la cara, música para
pensar… o no pensar. Envuelta en mi bata de baño puse rímel sobre mis pestañas
y labial en mis labios. Un poco de rubor sobre mis mejillas para darme vida. Lo
hice lentamente esperando no tener que terminar. Mi cuarto era un desastre, así
que poco a poco lo arreglé, no todo, sólo un poco. Ahora debo bajar a comer,
pero no consigo arrancarme de este cuarto. En algún lugar debo saber que tengo
hambre, pero todavía no la siento. No serviría de nada tratar de complicarme y
decir que no sé por qué me pasa esto, porque si sé. Ya hice de todo y nada
funciona, nada borra esta sensación con la que me voy a la cama y despierto.
Enamorarte debería venir con alguna especie de advertencia. A lo mejor
deberíamos tener instintivamente, por evolución, algún mecanismo que nos
indicara que es hora de correr cuando empezamos a sentir ese calor en el pecho
y esa sonrisa que nada ni nadie puede borrar. Debería ser así, pero al parecer,
este mecanismo de sobrevivencia jamás terminó de desarrollarse. Imagino que
dado este error en la evolución, la naturaleza quiso compensarlo dotándonos de
una gran capacidad de resiliencia, o al menos así debería ser. Yo creo que en
mí, el mecanismo encargado de eso, llegó averiado, no funciona.
Alguien debería
advertirte del dolor que sentirías al tenerlo tan lejos de ti. De la impotencia
que llegaría por la noche, que pronto se convertiría en millones de ideas y que
luego terminaría siendo de nuevo impotencia y quizás
una que otra lágrima. Nadie me dijo que desearía alejarme de las fiestas y del
relajo de mis amigas, del alboroto de cada día. No tenía idea de que estar
conmigo podría ser tan insoportable y de que todos los recuerdos pasarían de
ser una especie de alimento para cada día, a pequeñas flechas que me
atravesarían poco a poco. A los artistas, alguien debería recomendarles
enamorarse, para que encontraran inspiración. Enamorarte duele de una manera u
otra. No estoy recomendando que no lo hagan, pero por lo menos deberían tener
una idea clara de lo hay del otro lado.
Los bastidores se volvieron la mejor compañía y los libros en buenos
amigos para dejar de pensar. Las tazas de café lograban calentar mis manos
cuando hacía frío, aunque su contenido hace tiempo hubiera perdido el sabor. El
tequila un viejo amigo amenazando con llamar a la puerta y todas las clases y
argumentos que pudiera escuchar en la universidad, en una clase de ensoñación,
como estupor, de la cual nunca estoy del todo segura. Por alguna razón me volví
fan de las rosas, me gustaba ver cuando las rosas comenzaban a secarse y hasta
que no quedaba una gota de agua en ellas. Quizás porque soy masoquista y verlas
me hace recordar lo bellas que fueron cuando estaban vivas y ahora que han
muertas, lo bellas que siguen siendo y lo mucho que me siguen gustando, lo
mucho que extraño su aroma, lo mucho que extraño verlas vivas. No consigo tirar
mis rosas y aquellas que he tirado aún extraño. Alguien debería decirte que no
importa la cantidad de personas que beses o que veas, la cantidad de kilómetros
que te separen de esa persona o lo que pueda haber hecho, nada funciona. El
sentimiento permanece ahí, quizás un poco revolcado por las circunstancias,
como el agua de un riachuelo por el que acaban de pasar corriendo, enturbiada,
pero con el tiempo vuelve a ser cristalina, cristalina y hermosa sin importar
que tanto haya podido enturbiarse. Deberían decirte que nadie eventualmente
borra a alguien más cuando es real. Que es una pérdida de tiempo tratar y que
lo único que queda por hacer es esperar. Alejarte de los malos hábitos o
sucumbir, nada va a cambiar, el sentimiento de vacío y las ansias por las
noches, son parte del trato. Alguien debería contarte de qué se trata todo. Así
por lo menos podrías decidir no perderte, porque así llegues a lo más profundo
o al otro lado del mundo, nada va a hacer que deje de doler.
-Aniluap
miércoles, 29 de agosto de 2012
Le tengo miedo a la noche
Últimamente le tengo miedo a la
noche, tanto que apenas veo se empieza a meter el sol, jalo el listón que rodea
a mis cortinas y deshago los moños para que cubran las ventanas. Inmediatamente
voy hacia mi puerta y presiono el apagador para encender las luces. También
enciendo la lámpara de mi escritorio en un intento por iluminar mi cuarto. ¿Te
sorprenderías si te dijera que a pesar de eso a veces también prendo velas?
El sol comienza a descender y con
él sus tonos dorados comienzan a desaparecer para dar lugar a una amplia gama
de grises. El gris es como una enfermedad contagiosa. Poco a poco, va colándose
por los poros en mi piel, primero en la superficie y poco a poco recorre cada
recoveco hasta llegar al interior. Empiezo a sentir que me falta el aire y mi
cabeza empieza a girar. Si pudieras verme, verías el movimiento rápido de mi
pecho y como una ligera capa de sudor empieza a cubrir la superficie de mi
piel. De todas las esquinas oscuras comienzan a salir fantasmas y monstruos de
esos de los que temía cuando niña, pero que en realidad nunca llegué a ver…hasta
ahora. Las ganas de correr se apoderan de mí. Al principio salía del cuarto,
para huir. Después de las primeras veces me di cuenta de que salir no llevaba a
nada. Aquellas figuras encapuchadas que hacían enchinar mi piel y a mi mente
sucumbir, se habían colado en mí. Por las noches estoy como poseída. No importa
a dónde corra, cuando llega la noche, encuentran la manera de colarse. No pasan
rápidamente, en lugar pasean por mi interior conociendo cada parte y explorando
cada fibra, cada nervio, se toman su tiempo para sentirse en casa y finalmente,
cuando encuentran el lugar dónde pueden tomar una forma más real y comenzar a
existir, se instalan. Se recuestan y comienzan a platicar. Tapo mis oídos y no
puedo hacerlos callar. Susurran y ríen bajito. A mí no me da risa, me da miedo. ¿Has
escuchado el sonido del miedo? Es un sonido hueco. Después del miedo a veces
llega coraje, otras llanto incontrolable, llega y no se va hasta tarde en la
madrugada, cuando parece que los demonios se cansan, pero no me sueltan, me
dejan paralizada y ya no siento nada. Ya nada provoca la sensación de asfixia,
pero tampoco la quita. Aveces quiero
tanto que llegue ese momento de la noche porque es un alivio no sentir nada,
aveces lo aborrezco por desearlo tanto. En algún momento y sin darme cuenta,
caigo rendida y me sumo en una especie de estupor que juega conmigo, de una u
otra manera me atormenta. Trae o se lleva a los monstruos, de igual manera, al
despertar, no olvido lo que fue un sueño y que sólo es cuestión de horas hasta verlos
regresar. Comienza a salir el sol y mi respiración se vuelve ligera, la
inminencia de la noche se aleja y casi dejo que los rayos del sol se filtren
por mi piel. La tarde pasa, la vida de nuevo empieza y justo cuando estoy por
olvidarlo, la noche regresa.
domingo, 19 de agosto de 2012
Bajo la luna
La luna resbala por mi espalda
desnuda mientras el agua comienza a meterse en mi ombligo. Mis manos tocan la
superficie del agua y las puntas de mi cabello, ya mojadas contra mi piel,
hacen que se enchine y que la sensación llegue hasta mis pezones. Volteo hacia
la orilla consciente de que me observas. Tengo cuidado de no voltear por
completo. En la orilla y con los pies en el agua, me ves. Tu piel se ve plateada
a la luz de la luna. Creo ver tus labios en una línea rígida y el conflicto que
se pinta en tu cara. Entre mis cabellos dejo que se asome una sonrisa traviesa.
No, aún no se acaba. Me alejo unos pasos más de la orilla y puedo escuchar que
das unos pasos apresurados detrás de mí. No me lo dices, de hecho no dices
nada, pero sé que estás pensando en aquella tarde cuando te dije que no sabía
nadar. El agua ahora llega a mis costillas. Me agacho y dejo caer la cabeza
hacia atrás para que mi cabello se moje. Permaneces inmóvil, observando. Volteo
a verte. Ahora el agua cubre mis pechos. Tu mandíbula está rígida, al igual que
los músculos de tu cuello y de tus brazos. Busco tu mirada y dejo que se clave
en la mía. En un instante siento como me atraviesa y llega tan profundo, que a
pesar de que el agua no es fría, la siento casi helada. Me dan ganas de
esconderme y me agacho hasta que sólo se ve el blanco de mis ojos contra mi
piel morena. Pienso en llegar hasta el fondo del mar. Tú lo notas y corres
hasta que el agua llega a tus muslos. Puedo ver por tus puños cerrados que
sigues luchando, pero de tu cara se ha desvanecido el coraje y sólo queda tu
ceño fruncido con angustia y dolor. No, no voy a llegar hasta el fondo. Suspiro
de alivio. Sé que vas a llegar antes de que toque el fondo. Entonces, sin
despegar mi mirada de la tuya, avanzo hacia atrás muy lentamente, un paso,
luego otro. Mi pie resbala y ya no hay dónde apoyarme, intento patalear, pero
sólo me hundo más. Entonces dejo de tratar. El agua empieza a entrar por mis
pulmones, pero no me altero. Sé que en cualquier momento llegarás.
domingo, 12 de agosto de 2012
Nuestra mañana
Se nos hace tarde. Corro al baño
por mi labial y casi automáticamente me pinto los labios, juntándolos luego
para que se vea bien. Por el espejo empañado del baño veo que te abotonas tu
camisa blanca. Tu cabello desordenado por poco logra dibujar la sombra de una
sonrisa que se desvanece antes de empezar cuando sales de la habitación. En la
habitación tomo mis zapatos y sentada sobre la cama los abrocho. Desde la sala
y con una tasa de café en la mano, me ves. Sorbes y por un momento te detienes
a ver como mis manos luchan con el pasador de los tacones. Una leve sonrisa se
dibuja en tus labios, tu celular suena y te alejas a la ventana a contestarlo
sin dejarme ver la sonrisa que no tocó tus ojos. Mis tacones resuenan por el
piso de madera mientras voy de un lugar a otro en la cocina. Me ves y me saludas
con un gesto como disculpándote. Te regreso un reflejo de tu saludo. Preparo un
lunch para ambos mientras tú continuas tu llamada. De vez en cuando volteo a
verte desde detrás de la barra, estás muy concentrado. Llevas puesto el suéter
que te regalé la Navidad pasada. Sin darme cuenta llevo mi mano a mi cuello al
dije que cuelga de él. Cuelgas el teléfono y tomas tu maletín. ¿Lista? Preguntas
y yo asiento, como hace tiempo hago. Cierras la puerta detrás de mí y al final
del corredor, esperamos el elevador en silencio. Hemos llegado al carro. Estoy
a punto de abrir mi puerta cuando te interpones en mi camino. Niegas con la
cabeza mientras sonríes y entonces abres mi puerta. Entro al coche. Dentro
pones nuestro “Álbum de Carretera”, aquel del viaje que no planeamos.
Intercambiamos miradas como sabiendo y después las alejamos como sin saber. El
camino al trabajo es en su mayoría Damien Rice, Bobby Flynn, Kings of
Convenience y otra canción que ya no recuerdo, seguida de silencios. Me
preguntas si terminé el reporte y te pregunto por tu siguiente guardia, inmediatamente
deseando no haberlo hecho, por saber que esta noche no dormirás en casa. Te
detienes frente a las puertas giratorias. Nos damos un beso rápido, casi
furtivo. Esta vez es el valet quien abre la puerta y salgo del carro. Volteo y
nos vemos una vez más. La luz cambia, aceleras. Yo me fundo con la multitud que
se amontona por las puertas giratorias.
sábado, 28 de julio de 2012
El Cielo en el Infierno...o el Infierno en el Cielo?
Era la primera vez que volvía a
aquel lugar desde que pasó el accidente. Juró que nunca volvería a pisar esas
tierras, esa plaza. No pudo evitarlo. La nostalgia lo carcomía desde hacía
cinco meses que recibió la noticia. ¿Qué sería de aquel pueblo ahora? ¿Habría
cambiado mucho? ¿Aún reconocería a la gente?…o acaso sería un extraño más, un
turista más. Por la ventanilla del camión desfilaban, debajo de nubes
amenazando con llover, árboles cada vez más verdes, señal de que se iba
acercando. Dejo a su mirada vagar por los cables de luz que recorrían la
carretera. No recordaba estas casas. El camión pasó a las orillas de un pueblo.
Ahí unos niños en calzoncillos se mojaban en el riachuelo. Una niña de trenza
negro azabache estaba por tirarse de la cuerda que colgaba del árbol. Las
comisuras de sus labios levemente se curvaron, una risa inesperada salió de
aquellos labios. Recuerdos… pensó en los días en que soñó con pasar su vida
ahí. Los días en los que aquel camino de terracería era una promesa más, en
lugar de una ruta de salida, una ruta de emergencia. Se perdió en sus
ensoñaciones, viendo las casas y sus fachadas, viendo como aquellas casitas con
la mitad pintada de un color daban paso a casas más elegantes, con herrería
fina, sin duda remodeladas en un intento de modernización. El camión se sacudió
intempestivamente anunciando la llegada a su destino final. Diez años. Se
levanto de su asiento y retiró la mochila del compartimiento de arriba donde
había metido las pocas pertenencias que llevaba consigo. Bajó del camión
susurrando un “gracias” que no alcanzó los oídos del chofer. Detrás y delante
de él, gente adormilada bajaba, nadie miraba la plaza, seguramente
acostumbrados a aquella vista. El permaneció de pie, observado. Se llevó una
mano a la cabeza y soltó un suspiro. Tangancícuaro era el único lugar dónde el
Cielo y el Infierno habían logrado converger en su corta, pero experimentada
vida y finalmente, había regresado.
Continuará...
sábado, 14 de julio de 2012
Lo que ella piensa
¡Te dije que no le dijeras! ¡Gracias
por arruinarme mis vacaciones! ¿Porqué carajos tenías que hacer de las tuyas
otra vez? Habló tu papá para decirme que no irás a ningún lado, para que
empieces a buscar trabajo. ¡Tenías que abrir el hocico! Llevas años complicando
todo. (¡Desearía que fueras normal, ya
estoy harta de ti!) – La puerta se azota y del otro lado se escucha- ¿Otra
vez nos la armó a todos verdad ma? Yo le advertí que no abriera la boca, le
dije que no tenía oportunidad, que jamás lo iba a lograr. – Está pendeja tu
hermana, es una inmadura.- Escucha decir a la misma voz del principio, mientras sentada sobre su cama, lágrimas
comienzan a rodar por sus mejillas.
lunes, 9 de julio de 2012
The Distance
Distance is what I feel. Distance is the one
thing I don’t know how to beat alone…the one thing I wish I could. I walk under
the cloudy sky, hands in my pockets. I get the feeling I could walk forever
thinking about where we went astray. I still don’t know the answer. In my mind,
the story starts. My room, your studio. I remember the clock and seeing its
numbers change really fast, as if it had lost its purpose. I remember not being
sure if it was day or night. I remember the feeling. I was a white cloud, that
light and that clear. I feel like I’ve fallen off my bed. The pavement is wet
and my ears are cold. I can’t forget the heat inside my chest when I was
asleep. It felt so real I doubt this is what is real. I want to go back to
sleep. I want to get back under the covers. I’m a story character out of my
book. I find I don’t like the real world as I thought I could. Is the cold
catching up with me? Do I want to laugh or cry? Most of the time when it comes
to you I no longer know. I am a knot. I imagine you in the same studio we used
to talk for hours, the same place where you made me think impossible might be
possible. You’re passing back and forth, a book here, another there. Is that
your anesthesia? I wish I wasn’t immune to it. What kind of evil spell is
this? Is it beyond my magic? I can’t beat this spell
alone. I have wondered if such a potion exists so powerful that can make me
forget and take what is left. I can’t. Even now that there is a You and a Me, sometimes joined by and, sometimes
without it, I keep remembering Us.
domingo, 8 de julio de 2012
Rain
It is pouring outside my window. I wish the crystal from the windows would keep the cold outside. Every time to time a thunder will come and let me know the storm is yet to come. Some days I wish it would come already. The rain falls and it helps me sleep. It brings and takes dreams and hopes. Sometimes it brings more than it takes. Today it doesn’t feel that way. Within the sound of the rain, I hear a secret. Which will it be tonight? Am to try and hide? What am I to do this night? Am I to go outside? Dear Rain, tell me what to do next. I am already shivering by the thought of being soaked in you, almost as if I already was. For better or worse, tonight, there’s no going back.
domingo, 24 de junio de 2012
Pequeño fragmento
Un fragmento de algo en lo que estoy trabajando...
Unos rayos de sol se colaron entre sus pestañas y a través de sus párpados. Por la ventana entraba el sol en todo su esplendor. La luz le molestó. Por un instante fue consciente de su cama y de su cuarto, que una vez más, la saludaba. Había despertado. ¿Porqué carajos había despertado? Volteo a la mesita de noche y vio que aún quedaba un cuarto de la botella de vodka. Lo que quedaba del bote de antidepresivos no debió ser suficiente, tristes cinco pastillas. Quiso llorar, pero en su lugar, sólo se sintió patética. Ni eso podía hacer bien. Rodó sobre su cama y justo cuando se disponía a llevarse las manos de nuevo a la parte inferior de su vientre, sus manos tomaron otra dirección, su boca. No tuvo tiempo de pensar en lo mal que se sentía y en lo mucho que deseaba no tener que dejar ese apartamento jamás. Una sensación ácida invadió su boca y debajo de su lengua, la saliva se empezó a acumular. Como pudo aventó las sábanas y con una mano sobre sus labios corrió al lavabo. Una mezcla de agua y alcohol salió de su boca. El retortijón que sentía en su estómago ardía y dolía. Las arcadas hacían que le faltara el aire. Por poco y escupe el estómago. Después de unos cinco minutos ya no quedaba en su estómago nada que devolver y entonces su respiración comenzó a normalizarse. Cuando lo peor había pasado, fue consciente de la terrible punzada que palpitaba en su cabeza. Se recargó sobre el lavabo, una mano, luego la otra. Dejó correr el agua fría y se enjugó la boca. Luego, con ambas manos mojó toda su cara y parte de su cabello. El agua fría sobre su cara era un recordatorio. Traía y se llevaba recuerdos de una mejor época, de cuando soñaba con azucenas y la banda de la plaza por la noche, de sol y del olor a frijoles recién hechos, de la prisa por enchinarse las pestañas para salir al olor de lluvia en la calle dónde…-¡Rin!- el teléfono sonó. Volteó a la puerta, pero decidió ignorarlo. La imagen frente al espejo la atrapó. Lo que veía no era particularmente feo, pero por alguna razón que aún no lograba determinar, le huía. En algún momento llegó a concluir que, lo que más trabajo le costaba ver, eran esos ojos. Había algo en esos ojos. –¡Rin! ¡Rin rin!El teléfono volvió a sonar por segunda vez. Parecía que con más insistencia, casi como si estuviera gritando su nombre. De mal humor, pero como quien no puede evitar contestar grito –¡Ya voy!¡Que ya voy!- Se lanzó sobre la cama y levantó el auricular. – Bonjour?, Ah hola, si, no, no te preocupes, ya tengo un rato despierta – mintió – ajá, Jardin des Tuileries – dijo mientras garabateaba sobre una servilleta- ahí estaré, entonces… - la persona del otro lado del auricular ya había colgado. –Perfecto- dijo viendo el teléfono. Colgó y por unos momentos su mirada se volvió hacia las sábanas desechas y el par de almohadas como deseando poder regresar a aquel profundo sueño. Después de unos instantes y de sopesar algunas ideas, dejo salir un suspiro y hecho la cabeza para atrás. Con sus manos delgadas se deshizo de sus bragas, se puso de pie y se dirigió al cuarto de baño.
Unos rayos de sol se colaron entre sus pestañas y a través de sus párpados. Por la ventana entraba el sol en todo su esplendor. La luz le molestó. Por un instante fue consciente de su cama y de su cuarto, que una vez más, la saludaba. Había despertado. ¿Porqué carajos había despertado? Volteo a la mesita de noche y vio que aún quedaba un cuarto de la botella de vodka. Lo que quedaba del bote de antidepresivos no debió ser suficiente, tristes cinco pastillas. Quiso llorar, pero en su lugar, sólo se sintió patética. Ni eso podía hacer bien. Rodó sobre su cama y justo cuando se disponía a llevarse las manos de nuevo a la parte inferior de su vientre, sus manos tomaron otra dirección, su boca. No tuvo tiempo de pensar en lo mal que se sentía y en lo mucho que deseaba no tener que dejar ese apartamento jamás. Una sensación ácida invadió su boca y debajo de su lengua, la saliva se empezó a acumular. Como pudo aventó las sábanas y con una mano sobre sus labios corrió al lavabo. Una mezcla de agua y alcohol salió de su boca. El retortijón que sentía en su estómago ardía y dolía. Las arcadas hacían que le faltara el aire. Por poco y escupe el estómago. Después de unos cinco minutos ya no quedaba en su estómago nada que devolver y entonces su respiración comenzó a normalizarse. Cuando lo peor había pasado, fue consciente de la terrible punzada que palpitaba en su cabeza. Se recargó sobre el lavabo, una mano, luego la otra. Dejó correr el agua fría y se enjugó la boca. Luego, con ambas manos mojó toda su cara y parte de su cabello. El agua fría sobre su cara era un recordatorio. Traía y se llevaba recuerdos de una mejor época, de cuando soñaba con azucenas y la banda de la plaza por la noche, de sol y del olor a frijoles recién hechos, de la prisa por enchinarse las pestañas para salir al olor de lluvia en la calle dónde…-¡Rin!- el teléfono sonó. Volteó a la puerta, pero decidió ignorarlo. La imagen frente al espejo la atrapó. Lo que veía no era particularmente feo, pero por alguna razón que aún no lograba determinar, le huía. En algún momento llegó a concluir que, lo que más trabajo le costaba ver, eran esos ojos. Había algo en esos ojos. –¡Rin! ¡Rin rin!El teléfono volvió a sonar por segunda vez. Parecía que con más insistencia, casi como si estuviera gritando su nombre. De mal humor, pero como quien no puede evitar contestar grito –¡Ya voy!¡Que ya voy!- Se lanzó sobre la cama y levantó el auricular. – Bonjour?, Ah hola, si, no, no te preocupes, ya tengo un rato despierta – mintió – ajá, Jardin des Tuileries – dijo mientras garabateaba sobre una servilleta- ahí estaré, entonces… - la persona del otro lado del auricular ya había colgado. –Perfecto- dijo viendo el teléfono. Colgó y por unos momentos su mirada se volvió hacia las sábanas desechas y el par de almohadas como deseando poder regresar a aquel profundo sueño. Después de unos instantes y de sopesar algunas ideas, dejo salir un suspiro y hecho la cabeza para atrás. Con sus manos delgadas se deshizo de sus bragas, se puso de pie y se dirigió al cuarto de baño.
jueves, 10 de mayo de 2012
Se me acaba el tiempo
Casi es de noche y se me acaba el tiempo. Me quedé muda y no
se me ocurre que decir. Te veo del otro lado de la mesa mientras juegas con tus
dedos. Tomo la tasa de café y doy un sorbo. Te veo sobre ella. Miras distraído a
la ventana y a mí, a mí se me acaba el tiempo.
Pienso que debería sonreír y tener algo que decir, pero te
miro nerviosa y con un nudo en la garganta. ¿Cómo debo actuar cuando no consigo
quitar mis ojos del reloj? Me hace falta sacarte algunas sonrisas y detener el
tiempo en tu mirada. Necesito que me mires y que claves tu mirada. ¿Recuerdas
la llave que te di? Me hace falta enseñarte a usarla. Me hace falta
sorprenderte con miradas clandestinas y una que otra charla sencilla que al
final jamás lo resulta tanto . Me hace falta regalarte un ramo de dudas y una
caja de respuestas, unas cuantas caricias, lunas llenas y medias lunas. Noches
sin estrellas, otras llenas de ellas. Me hace falta respirarte y decir todo
diciendo nada. Me hace falta rozarte con la mirada y dejar la marca de mi
cabeza sobre tu almohada… En silencio te veo y dibujo una sonrisa que pretende
ser todo menos eso. El espejo de tu cara me regresa una media sonrisa que no
alcanza tus ojos. Suspiro. Se me acaba el tiempo.
Me hace falta hacerte pasar corajes y borrar los recuerdos
por las noches con mis manos, me hace falta pisarte mientras bailamos y tirar
la copa de vino sobre la mesa sobre la que hablamos. Me hace falta quedarme
dormida escuchando en el silencio los sonidos de tu pecho y la certeza de que al
despertar te tendré a mí lado. La tormenta comienza adentro, entre mis intestinos
y mis pulmones. No la dejo alcanzar mi cara. A falta de tus manos entre las
mías, tomo la tasa de café de nuevo. Lo hago rápido para que no notes como han
empezado a temblar. Miro hacia otro lado y trato de no pensar en todo lo que
nos falta y en aquello que me ha faltado. Dejo escapar un suspiro que se
suponía debía ser palabras. Mi suspiro llama tu atención y desde la ventana junto a la que te paras, me miras. En ese instante, me olvido del reloj y
más claro que nunca recuerdo aquello que tanto anhelo y que hasta hoy me ha faltado.
Me ha faltado besarte. El viento violentamente entra por la ventana y me
levanto de la mesa, te apresuras a cerrarla. Las campanas suenan y a mí, a mí
se me acaba el tiempo.
lunes, 7 de mayo de 2012
Ya no quiero hablar (no sirve de nada hablar)
No puedo hablar. Lo siento. No hay nada de qué hablar.
No entiendes, no sabes de qué se trata y ni siquiera
intentas imaginarlo. Vives en un mundo donde escuchan historias de tierras
lejanas con historias inimaginables, de esas que sólo se ven en las películas.
En tu mundo, esas son fantasías, cosas de otro tiempo, de sueños y pesadillas.
A veces quisiera abrirte los ojos. Me desespero por no poder enseñarte, por no
poder hacerte ver. Pero entonces pienso ¿para qué tratar? Si lo normal es no
ver ¿porqué me empeño en ver? Ya te complicas demasiado así como es. Ni
siquiera te animas a pararte de puntitas para ver, detrás de esa reja que para
ti es invisible, lo que hay del otro lado. ¿Cómo hacerte entender? Me desespero
y tiro de mi cabello y entonces recuerdo, no sirve de nada. De frente, nos
vemos, pero de pronto no estoy segura de verte más. Ni siquiera creo querer
seguir viéndote. Comienzo a volverme inmune a las miradas de insistencia y a
aquellas acusadoras. El coraje que pude haber sentido se transforma en una
especie de melancolía con cada centímetro que se parte la tierra. Tú también lo
notas. ¿Te habrás dado cuenta de que ya no te veo? A veces, por las noches o ya
entrada la tarde, me llega el arrepentimiento. No mucho, sólo un atisbo de él. Me
encantaría llevarte a mi mundo, aunque fuera por un rato y enseñarte de todo lo
que te has estado perdiendo. Si me dejaras enseñarte podría ayudarte a que
dejara de doler. Pero tenemos lenguas diferentes e incluso los ademanes que
intentamos hacer con nuestras manos tienen significados diferentes para ti que
para mí. No me entiendes. Aún sé que dices en tu idioma, pero he dejado de
entenderlo. Melancolía se apodera de mí cuando recuerdo como solía ser.
Desearía tener eso pero poder mantener esto. Tuve que elegir. Me elegí a mí. Quisiera
decirte que lo siento, pero nunca he sabido mentir.
Lejos de aquí los colores son muchos más de los que conoces.
Esas cadenas que rozan tus piernas no son normales, no en todas partes las
usan. También se habla una lengua con miradas y con silencios. Hay un lugar
donde se desconoce la palabra reloj y aquellos pocos que la conocen saben que
fue un invento, de esos que sólo existen en las películas. Quiero querer enseñarte
y olvidarme de olvidar intentar. Pero
estoy cansada y a veces peligro. A veces me siento caer en la franja que nos
separa, no para cruzar a tu lado, pero para quedarme atorada en ella. No, de
nada sirve hablar. Ya no quiero que me hagas llorar. No me gusta darme cuenta
de que ya casi no me haces dudar. Por favor sólo sonríe y asiente. Finge que
entiendes y fingiré que aún entiendo tu lengua. Que hay un lugar dónde nuestros
mundos convergen, aunque sea sólo en esos breves momentos en que nuestras tardes
se cruzan. Olvida que pertenecemos a lugares diferentes cuando me abraces y no
trates de amarrarme como ya lo has hecho. Yo olvidaré la distorsión en nuestros
espejos. Lo haré porque te quiero y no quiero querer estar lejos de ti, no
quiero sentirme bien lejos de ti…cómo estuve ayer, cómo quiero estar hoy.
domingo, 29 de abril de 2012
A la mitad del puente
Es posible- dijo mientras la
miraba – Quizás en un par de años, si no hemos envejecido demasiado, si aún
conservas esa botella de champagne y el vestido rojo que te regalé. – Sin mover
la cara, ella levantó la mirada y sus labios se movieron. – Yo también lo
esperaba, pero no siempre pasa lo que esperamos. Tú mejor que nadie lo sabe. –
Contestó él muy seguro de sus palabras. Prendió un cigarrillo y se volteo para
quedar enfrente del rio. Ella acercó los bordes de su abrigo a su cuello y cruzó
los brazos. Volteó con cuidado a verlo, él no volteo. En lugar, una bocanada de
humo salió de su boca. – ¿Vas a regresar con tu familia?- Preguntó sin verla.
Su mirada estaba fija en alguno de los barcos que navegaban por el rio. Ella
levantó sus hombros y dijo un par de palabras. Él dejó escapar una carcajada
amarga. – No sé porqué esperaba que esta vez sí supieras. – Volteó a verla y se
prendió de su mirada, ahora una mezcla de angustia y tristeza resignada se
apoderaron de sus ojos. - ¿Cómo sabré que sigues ahí? – Y por una fracción de
segundo su seguridad lo abandonó y estuvo a segundos de revocar su decisión, de
soltar el cigarrillo e ir a abrazarla para quitarle el frio. Ella, parada a un
metro de él, volteo a verlo y calló, sostuvo su mirada. Una ráfaga de viento se
lanzó sobre ellos y por poco se lleva su boina, la sostuvo con ambas manos.
Sólo un segundo y bastó para que el frio que los rodeaba regresara a sus
palabras. – Estaremos bien. – Repitió mientras se volteaba de nuevo frente al
rio. Ella le sonrió y pronuncio unas cuantas palabras, que él no escuchó, ya
estaba a kilómetros de distancia. Guardó sus palabras y trató de ver lo que él
veía. – Cuida mi abrigo – dijo con una media sonrisa mientras daba media vuelta
y se alejaba del puente.
domingo, 15 de abril de 2012
Arrogante espejo
Espejo deja de verme así. Ya estoy cansada de tus escusas y de que me regreses la imagen que me regresas. ¿Qué no ves que eres mi cárcel? ¿Por qué no muestras a esa quimera, mitad demonio, mitad ángel que se esconde detrás de mi piel? Espejo no seas tan injusto. Deja que yo vea las alas que se plegan al lado de mi espalda. Déjame ver las garras debajo de mi manicure francés. Y esos ojos ¿porqué no dejas que las llamas se asomen por ahí? no importa que se quemen mis pestañas. Tengo escamas, las siento a veces porque duelen, duelen cuando me rasco, quiero ver cómo son ¿serán de colores? Quiero ver como la piel de la palma de mis manos se rasga cuando las acaricio. Deja de regresarme esas ojeras tan horrendas como si fueran patéticas ¿acaso no ves lo que son? Son marcas, una especie de huellas de guerra que quizás podrían quedar mejor en cualquier otra parte de mi cuerpo, deja que se muestren como son, deja que sean transparentes y de ellas salgan como música las imágenes que las causaron. Espejo muestra el color de mi piel. Me huele a tierra y a veces a plantas, déjame ver el verde, el café y el tornasol de las flores y los rayos de sol, no quiero ver esa homogeneidad color piñón. ¿Quién te hizo pintarme así? ¡Qué no ves que quiero verme a mí! Espejo ¿de dónde sacaste ese cabello perfectamente peinado? ¿Y esa ropa? No sería más fácil reflejar la telaraña con trozos de ramas. Estoy segura de que mis labios no son rosados ni lisos, los siento cuando beso. Están agrietados por la sed que me mata y son rojos porque detrás de ellos duele, ardiente, mi piel viva. Espejo, no seas tan ridículo. ¡Quita esos ojos tristes que no me quedan! ¡Borra esa sonrisa detrás de la que me guardas! ¡Ya no te aguanto! Varias veces lo he pensado…lo sigo pensando ¿Y si te rompo? ¿Habría algo más además de ti que me enseñara ese ser que de humano sólo tiene un órgano? Quiero ver mi cuerpo contorneante, así como una nube, quiero ver cómo llega a cada rincón y como se disuelve, se transforma y vuelve a ser. Espejo, deja de verme así, deja de hacerlo o te juro… te juro te voy a romper.
Aniluap
Aniluap
viernes, 23 de marzo de 2012
Un sueño que no parecía sueño
Anoche tuve un sueño. No estoy segura de en donde empezó. Quizás en Guanajuato. Tengo el recuerdo de yo corriendo descalza y con mucha prisa para llegar a un lugar. Iba rumbo a la Alhóndiga, pero era otra Alhóndiga. Unos hombres empezaron a decirme cosas y los ignoré, pero colmaron mi paciencia y hablaban de cómo no los escuchaba y estaba sorda. Me cansé y entonces, a pesar de llevar mucha prisa, me detuve, di media vuelta y les dije que había escuchado todo lo que habían dicho, pero como me parecían personas poco interesantes había decidido ignorarlos. En mi sueño me sentí malvada, pero en una manera extraña, me gustó. Lo siguiente que recuerdo es que estábamos en una mansión en el borde de un acantilado, primero era el mar, luego ya no era el mar, sino un lago. Todos estaban mojados y no logro recordar porqué es que se habían caído. Recuerdo cuando un niño pequeño caía al agua, tendría unos diez años. Yo corría por las escaleras para ir a salvarlo. Era consciente de lo mucho que estaba tardando en bajar y que muy probablemente cuando bajara, el ya se habría ahogado o la caída, de unos cuarenta metros, lo habría matado. Antes de eso, cuando el lugar aún estaba sobre el acantilado y cerca del mar, las olas eran enormes y de pronto estábamos en una colina de arena, cuya base no se dilucidaba por encontrarse cubierta de agua salada. Yo estaba parada frente al cofre e intentando empujarlo cuesta arriba. Tengo el recuerdo de que dentro, se encontraba uno de mis amigos, no estoy segura de cual. Las olas llegaban y eran enormes, pero aún no me tocaban. Llegó el punto en el que por el peso de la camioneta, mis pies estaban en el agua. Las olas que entonces llegaron eran tan fuertes, que tuve que sujetarme del cofre de la camioneta para que no me llevara. Accidentalmente abrí el cofre, así que con cada ola, el cofre subía y bajaba y yo también lo hacía mientras permanecía agarrada a él. La manera angustiante en la que me llevaban las olas, no lo era tanto. La sensación que tenía era como si las olas fueran muy violentas, pero la imagen era de yo, flotando en el agua al vaivén del cofre, casi en cámara lenta, tan lento que podía ver mi pelo flotando a mí alrededor y a través del parabrisas, al hombre que se encontraba en el asiento del conductor. Cuando la marea bajaba, yo pedía ayuda para empujar la camioneta hacia arriba y así evitar que se fuera al fondo del mar. Entonces sucedió lo del niño que cayó al agua. No supe qué pasó con ese niño. Cuando llegué abajo, ya había olvidado por qué había bajado en primer lugar. Me guiaban a mi nuevo departamento, que estaba casi a nivel del mar. Era pequeño y poco iluminado, había humedad por todas partes y a pesar de ser tétrico, no se sentía así. En el departamento, casi en la entrada, había una tarja grande con una tarja un poco menor dentro. Era de mi mascota. Mi mascota era una especie que no he visto en ningún otro lugar. Era como un puerquito muy pequeño, como de veinte centímetros y con una piel como la de una foca. Era mucho más expresivo que cualquier otro animal que haya conocido. Sabía con certeza lo que sentía y lo que pensaba. Si me iba, cuando regresaba, no bastaba con tomarlo en mis brazos para que dejara de llorar. Tenía que cargarlo con mucho cariño, arrullarlo, dejar que se acurrucara y hablarle. Después de un rato sus lágrimas dejaban de fluir y se quedaba dormido. Recuerdo que le encantaba nadar, por eso, en la tarja más grande, había agua helada. Su casa era como una pequeña isla en medio del mar, que era la tarja grande y azul. Lo siguiente que recuerdo es estar en un departamento de dos pisos. Yo y mucha más gente, creo familia, estábamos en la sala. El cuarto que se encontraba justo subiendo las escaleras y frente a la sala, tenía una puerta hecha por una sábana cortada en numerosas tiritas. Cuando menos me di cuenta, María, mi hermanita pequeña, estaba entrando a él. Mi mamá me explicaba que ella no quería, pero que ahora no era dueña de sí misma y no le quedaba más que obedecer. Me asomaba al cuarto y había un hombre, un hombre o adolescente, un poco amorfo y al cual no pude calcularle la edad, no era particularmente feo y sin embargo era feo. El controlaba a mi hermanita. Ella pedía ayuda porqué ya estaba cansada de obedecer. Mis papás buscaban una solución, pero en el fondo estaban tranquilos. No había prisa en su actuar. María caminaba sobre una caminadora, cuya banda giraba más deprisa cada vez. Ella estaba exhausta, sus piernitas ya no querían responderle y le pedían que parara. El hombre, parado junto a ella reía y hacía que la banda fuera más deprisa cada vez. Pude ver cómo, en un punto, sus piernitas se vencieron y María salió disparada. Su vuelo fue interrumpido por la pared a su espalda. Cayó al suelo lastimada. Sentí mucho coraje de que él pudiera controlarla así, así que busqué en mi mente y decidí que teníamos que hacer dos ritos, uno usando crucifijos y lo que la Iglesia siempre hace en esos casos, otro usando mis piedras de energía, mis cuarzos. Yo ofrecía los que siempre cargo conmigo, segura de que tenían la energía suficiente para liberar a Marisa de esa energía, cualquiera que fuera. El plan estaba hecho, yo entraba a la habitación y atacaba al hombre - cosa que estaba levantando a María, pedía los crucifijos, pero en la sala, todos se habían entusiasmado con la conversación y nadie me los pasaba, gritaba, pero no escuchaban. Recuerdo el dolor en la garganta, como esos que daban cuando de pequeña gritas a media noche desde tu cama por tus papás y tus papás sólo no escuchan. Justo cuando sentía que todo estaba perdido, en la entrada apareció mi mamá con un crucifijo. Todo parecía estar yendo de maravilla, Marisa sería libre en cualquier momento. Mis papás la jalaban y ella sentía que su mente había sido liberada. Justo en ese momento, aparecían extraños. Personas que yo no conocía, pero que al parecer, conocían muy bien al hombre contra el cual yo peleaba. Estaban ofendidos y pedían que esto se arreglara como era debido. Yo les pedí que no se metieran, que era un asunto entre nosotros dos. Entonces ellos me recordaban que el asunto era entre él y mi hermana y yo me había metido, así que no me quedó más que aceptar. Eran un grupo de hombres y mujeres, que aunque parecían normales, yo sabía que no lo eran tanto y estaba segura de que tenían ventajas que yo desconocía. En el baño de mujeres, yo hablé con unas cinco de las chicas que formaban el grupo, insistieron en que eran más vulnerables en grupo, porque les costaba organizarse. Supe que era cierto. Entonces temí que estaría más preocupada por lo que pudiera pasarle a los demás que por lo que teníamos que hacer. Era una batalla a muerte. Ahora me dirigía a un estadio enorme de futbol. El campo tenía muchas colinas y estaba rodeado por multitud de personas que entusiastas gritaban. Recuerdo cómo había dos grupos de personas, mi gente aguardaba del lado izquierdo. Yo venía bajando por una de las colinas para dirigirme a ellos y junto a mi iba un hombre alto y de piel clara. En su mirada había algo de nervios, pero fortaleza, no era miedo. No me veía directamente, pero si hablaba conmigo. Sabía lo terrible que él pensaba que era todo esto y recuerdo que sentía pena por nosotros. Yo tenía miedo. Conforme bajábamos el tomaba mi mano y yo apretaba la suya. Pude sentir el sudor, creo que venía de los dos. Lo extraño es que él iba a pelear contra mí y yo debía hacerlo contra él. Casi conforme llegábamos, el me volteó a ver y dijo, como susurro “Todo va a estar bien”. ¿Cómo iba a estar bien si él y yo teníamos que despedazarnos el uno al otro? De pronto yo estaba reunida con mi gente y compartíamos trocitos de piña y cerezas en almíbar para obtener energía, algunos también pasaban almendras. Parecíamos jugadores de americano animándonos y preparándonos mentalmente para el juego. El que nos organizaba era Bruno, un amigo que juega americano. Estaba tan seguro de nuestra estrategia que contagiaba su emoción. A unos cuantos metros, nuestros contrincantes también se preparaban para el juego. Ellos no comían trocitos de piña en almíbar. En lugar, formaban un círculo donde cada uno extendía su brazo derecho mientras que con el izquierdo sostenían el brazo de la persona a su izquierda y lo mordían. Su energía venía de la sangre, pero no eran exactamente vampiros. La competencia estaba por empezar, la gente gritaba de emoción y del otro lado del campo, este extraño me observaba. Un extraño que me había tomado de la mano deseando protegerme y que ahora tendría que atacarme. ¡Cuánta confusión! A través de un micrófono, la voz de una mujer comenzó a hablar y parecía que se disponía a explicar el juego. Recordé que tenía muchas ganas de ir al baño y corrí antes de que empezara la competencia. Acababa de bajarme los pantalones cuando escuché el pitido de un silbato. ¡No era posible! ¿Cómo habían empezado sin mí? Imaginé las personas que ya habrían caído, ¿serían muchas? ¿Quiénes serían? ¿Estaríamos en mucha desventaja? Mientras pensaba en esto trataba de hacer pipí, pero mi cuerpo estaba paralizado escuchando lo que sucedía en el exterior. Entonces me dio miedo pensar que quizás alguna de las chicas del otro equipo me había visto entrar al baño y me seguiría, donde acabaría con mi vida y yo no tendría ninguna ventaja por ser un espacio tan cerrado. Después de todo, mientras fuera dentro del estadio, todo el espacio estaba permitido. Sentí miedo. Como por arte de magia, recordé que si me levantaba de mi cama e iba a sentarme en la tasa del baño, entonces mi cuerpo ya no estaría paralizado. Salí por la puerta del baño y procuré no voltear al campo, mientras con cautela y tratando de no atraer atención, removía las cobijas sobre mi cuerpo y pisaba la alfombra de mi cuarto, primero mi pie derecho, luego el izquierdo. Una vez en el baño y sentada sobre la tasa, mi cuerpo dejó de estar paralizado y entonces con alivio reconocí que aquella épica batalla que estaba comenzando, tendría que esperar… por lo menos hasta la noche siguiente.
sábado, 17 de marzo de 2012
The other side of the door
Can you hear me? I’m right across the door. I know I’m not talking, but here I stand, breathing. I’ve been in this room forever having a vague idea of the existence of something else out there. It has not only been forever, but now it also feels like forever. Something changed. I can hear you now. I know you are out there, standing at the other side of the door. I take a step forward, hesitant at first. I stop right in the middle of my way to the door. From in between the silence, comes the sound of your heavy breathing, and all of a sudden, I understand the words you never utter. You lean both of your hands over the door and let your head fall against it. I imagine your face and how your eyes would look if I was in the same side as you. Your eyes are closed. I take two more steps toward the door, less hesitant this time. I draw my hand close to the door knob and then withdraw it before I reach it as I realize I can’t open it. Then, I, too, lean my head over the door and put my hands exactly where your hands would be. I can feel the heat emanating from your hands and crossing the wood they lean over. Could it be my imagination? I can tell you too can hear me breathing. In my head, I play a movie. In this movie of mine, I run to the drawer next to my bed. You can hear that I’m frantically looking for something. The noise stops as I find it. I run back to the door and kneel. Without saying anything, I pass it to you through the slit under the door. You bend over and find out it’s a key. I hear the sound of the little metal piece trying desperately to get into the lock. I take a step back. On my side, I see how the door knob moves down. The door, the one that had always been closed, is now opening. I’m not even sure I know how it happened. All I know, is I want it to open. I hold my breath… somehow, the movie in my head crosses through the wooden door to your side. As if it was a melody, it enters your brain, slowly flooding your mind. Your eyes open. Standing under the doorframe, you look at me. You look me in the eyes and I am paralyzed. I was right; I have known you all the time. Your foot crosses the doorway and into my room. I stand still as you, without uncertainty, stride towards me. We don’t speak, and what we once suspected would happen, happens. We are standing at different sides of the door, our backs against it. I move to my left and reach to the door. You turn your head right and your left hand follows. I have never seen you but already know how you look like; you know every angle of me. As the door remains locked, we breathe and share the same air that comes and goes through the slit. I don’t know where the key to the lock is, and you have no idea of when I will find it…but there, sitting on the floor, I wait, and all I can do is hope that you too, will want to wait.
Ps. I didn't pay attention to what the lyrics said, but the feelings I felt while writting this go with the melody of this song.
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