He pasado la tarde en mi cuarto,
escuchando música, prometiendo que en cuanto termine la siguiente canción voy a
bajar a comer…aún no he bajado. La casa está sola, pero aunque hubiera alguien
en casa no creo que habría alguna diferencia. Creo que me gusta que esté así.
No escuchar las voces me deja pensar y me obliga a estar conmigo, que tanta
falta me hace estos días. Finalmente decidí meterme a bañar, puse el agua muy
caliente para ver si así se evaporaban mis dudas, mis miedos o por lo menos los
nudos en mis pensamientos por un rato. Salí y empecé todo mi ritual, secar mi
cabello, crema sobre mi cuerpo, perfume, loción para la cara, música para
pensar… o no pensar. Envuelta en mi bata de baño puse rímel sobre mis pestañas
y labial en mis labios. Un poco de rubor sobre mis mejillas para darme vida. Lo
hice lentamente esperando no tener que terminar. Mi cuarto era un desastre, así
que poco a poco lo arreglé, no todo, sólo un poco. Ahora debo bajar a comer,
pero no consigo arrancarme de este cuarto. En algún lugar debo saber que tengo
hambre, pero todavía no la siento. No serviría de nada tratar de complicarme y
decir que no sé por qué me pasa esto, porque si sé. Ya hice de todo y nada
funciona, nada borra esta sensación con la que me voy a la cama y despierto.
Enamorarte debería venir con alguna especie de advertencia. A lo mejor
deberíamos tener instintivamente, por evolución, algún mecanismo que nos
indicara que es hora de correr cuando empezamos a sentir ese calor en el pecho
y esa sonrisa que nada ni nadie puede borrar. Debería ser así, pero al parecer,
este mecanismo de sobrevivencia jamás terminó de desarrollarse. Imagino que
dado este error en la evolución, la naturaleza quiso compensarlo dotándonos de
una gran capacidad de resiliencia, o al menos así debería ser. Yo creo que en
mí, el mecanismo encargado de eso, llegó averiado, no funciona.
Alguien debería
advertirte del dolor que sentirías al tenerlo tan lejos de ti. De la impotencia
que llegaría por la noche, que pronto se convertiría en millones de ideas y que
luego terminaría siendo de nuevo impotencia y quizás
una que otra lágrima. Nadie me dijo que desearía alejarme de las fiestas y del
relajo de mis amigas, del alboroto de cada día. No tenía idea de que estar
conmigo podría ser tan insoportable y de que todos los recuerdos pasarían de
ser una especie de alimento para cada día, a pequeñas flechas que me
atravesarían poco a poco. A los artistas, alguien debería recomendarles
enamorarse, para que encontraran inspiración. Enamorarte duele de una manera u
otra. No estoy recomendando que no lo hagan, pero por lo menos deberían tener
una idea clara de lo hay del otro lado.
Los bastidores se volvieron la mejor compañía y los libros en buenos
amigos para dejar de pensar. Las tazas de café lograban calentar mis manos
cuando hacía frío, aunque su contenido hace tiempo hubiera perdido el sabor. El
tequila un viejo amigo amenazando con llamar a la puerta y todas las clases y
argumentos que pudiera escuchar en la universidad, en una clase de ensoñación,
como estupor, de la cual nunca estoy del todo segura. Por alguna razón me volví
fan de las rosas, me gustaba ver cuando las rosas comenzaban a secarse y hasta
que no quedaba una gota de agua en ellas. Quizás porque soy masoquista y verlas
me hace recordar lo bellas que fueron cuando estaban vivas y ahora que han
muertas, lo bellas que siguen siendo y lo mucho que me siguen gustando, lo
mucho que extraño su aroma, lo mucho que extraño verlas vivas. No consigo tirar
mis rosas y aquellas que he tirado aún extraño. Alguien debería decirte que no
importa la cantidad de personas que beses o que veas, la cantidad de kilómetros
que te separen de esa persona o lo que pueda haber hecho, nada funciona. El
sentimiento permanece ahí, quizás un poco revolcado por las circunstancias,
como el agua de un riachuelo por el que acaban de pasar corriendo, enturbiada,
pero con el tiempo vuelve a ser cristalina, cristalina y hermosa sin importar
que tanto haya podido enturbiarse. Deberían decirte que nadie eventualmente
borra a alguien más cuando es real. Que es una pérdida de tiempo tratar y que
lo único que queda por hacer es esperar. Alejarte de los malos hábitos o
sucumbir, nada va a cambiar, el sentimiento de vacío y las ansias por las
noches, son parte del trato. Alguien debería contarte de qué se trata todo. Así
por lo menos podrías decidir no perderte, porque así llegues a lo más profundo
o al otro lado del mundo, nada va a hacer que deje de doler.
-Aniluap
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