Estas ganas de verme en
el negro de tu pupila, de acordarme de todo lo que no es pero un día fue. Estas
ganas de vivir a dieta de besos sabor a tierra y escondidos tras tantas
palabras de lo que no queremos volver a ver. De sentirme como niña aunque bien sé que hace
tiempo eso ya se fue. De volverme el pecado que a puertas cerradas incineré. Estas
ganas de volver a morir por ti para quizás, entonces, revivir en mí… y de
cambiar los centavos que me quedan de razón por caricias breves sin control. Con
esas ganas son con las que me acuesto y me levanto, de sentirme esa muñeca rota
a la que mueres por quitarle la ropa y a la que al mismo tiempo no necesitas
desvestir para sentir instalada en algún lugar dentro de ti. Así, una ilusa,
con hambre de sueños y muriendo en desvelos
paso los días que no debo pensar en ti. Y me arrebato y me reviento y juego a
vivir sin sentir que poco a poco voy muriendo. Uno a uno me deshago de los mitos
que dicen que a ti nadie ha podido sobrevivir. Entonces tapo mis oídos y pinto
mis labios color carmín y visto con mi mejor ropa esperando dejar de ser esa
muñeca rota. Y así, voy por ahí, tomándome en un martini mis ganas de ti.
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