Quiero que me ames. Quiero que me despojes de todas las
apariencias, de mi propia piel, de los colores intensos y suaves con los que
coloreo mis labios, quiero que los hagas desaparecer con tus labios. Quita el
delineador y el rímel que se escurren debajo de mis ojos con tus besos. Hazlos
desaparecer y deja sólo mis ojos, cafés y un poco tristes para que sólo tú los
puedas ver. Así, como son, un poquito agachados, un poquitos tristones y a
ratos, en el fondo, aún inocentes. Deshaz el chongo con los intricados arreglos que tanto
tardé en peinarme y deja caer la pantalla oscura a los lados de mis hombros.
Enreda tus manos en mi cabello y haz de ese desastre uno aún más grande.
Quítale el orden y las formas que en el pudieron haberse grabado. No te
detengas, no te preocupes por aparentar. Deja que tu piel toque la mía y que
cada una de las partes de tu cuerpo se funda en mí. No cierres los ojos, quiero
verlos, quiero verte y quiero verme en ti. Deja que el compás de nuestros
cuerpos y la sensación que se acumula se refleje en tus gestos para que así
sepa lo mucho que lo anhelas, cuan inevitable te es… te soy. Deja pasear tus
manos por mi espalda, que mis uñas arañen la tuya. Sumérgete en mi cuello y
respírame como si fuera tu aire, tu único oxígeno. Hazme parte de ti, beso a
beso, caricia a caricia. No te apresures, tómate tu tiempo. Déjame ser tu
lienzo y dibuja sobre mi piel todas las formas que tu loca cabeza sea capaz de
dilucidar. Píntame con los colores de tu dolor y con aquella oculta alegría que
a ratos te he visto mostrar. Seré para ti para que seas el pintor que desees o
el escultor y yo, bajo tus manos, la arcilla. Tomaré las formas que quieras,
las que tu cuerpo me obligue a tomar y dejaré de luchar. Mi lucha incesante se
volverá las fuerzas con las que jale tu cuerpo y las mismas con las que evite
que te alejes. Vuélvete fuego y prende cada una de las células de mi cuerpo,
que tus ojos sean la primera chispa. Incéndiame de dentro hacia fuera, desde
antes de tocarme, desde antes de tomarme, desde la distancia. Haz crecer el incendio
con cada paso que des en mi dirección y con cada gesto con el que pretendas
hacerme tuya. Enséñame a descifrar los secretos escondidos más allá de mis
huesos, oblígame a dejar de ser quimera y a volverme de nuevo mujer. Recuérdame
como ser de nuevo Luna y vuélvete mi Sol. Acércate para que pueda respirarte,
quiero sentir tu pecho sobre el mío. Déjame ser huracán alrededor de ti, déjame
desbaratarme alrededor de ti y vuélvete la calma en mi interior. Enséñame que
en la piel también hay gloria, y arráncame a mí de mí. Sin importar que mañana
tenga que amanecer, sin importar que quizás, cuando te vayas, vuelva a llover.
*
No hay comentarios:
Publicar un comentario