domingo, 12 de agosto de 2012

Nuestra mañana


Se nos hace tarde. Corro al baño por mi labial y casi automáticamente me pinto los labios, juntándolos luego para que se vea bien. Por el espejo empañado del baño veo que te abotonas tu camisa blanca. Tu cabello desordenado por poco logra dibujar la sombra de una sonrisa que se desvanece antes de empezar cuando sales de la habitación. En la habitación tomo mis zapatos y sentada sobre la cama los abrocho. Desde la sala y con una tasa de café en la mano, me ves. Sorbes y por un momento te detienes a ver como mis manos luchan con el pasador de los tacones. Una leve sonrisa se dibuja en tus labios, tu celular suena y te alejas a la ventana a contestarlo sin dejarme ver la sonrisa que no tocó tus ojos. Mis tacones resuenan por el piso de madera mientras voy de un lugar a otro en la cocina. Me ves y me saludas con un gesto como disculpándote. Te regreso un reflejo de tu saludo. Preparo un lunch para ambos mientras tú continuas tu llamada. De vez en cuando volteo a verte desde detrás de la barra, estás muy concentrado. Llevas puesto el suéter que te regalé la Navidad pasada. Sin darme cuenta llevo mi mano a mi cuello al dije que cuelga de él. Cuelgas el teléfono y tomas tu maletín. ¿Lista? Preguntas y yo asiento, como hace tiempo hago. Cierras la puerta detrás de mí y al final del corredor, esperamos el elevador en silencio. Hemos llegado al carro. Estoy a punto de abrir mi puerta cuando te interpones en mi camino. Niegas con la cabeza mientras sonríes y entonces abres mi puerta. Entro al coche. Dentro pones nuestro “Álbum de Carretera”, aquel del viaje que no planeamos. Intercambiamos miradas como sabiendo y después las alejamos como sin saber. El camino al trabajo es en su mayoría Damien Rice, Bobby Flynn, Kings of Convenience y otra canción que ya no recuerdo, seguida de silencios. Me preguntas si terminé el reporte y te pregunto por tu siguiente guardia, inmediatamente deseando no haberlo hecho, por saber que esta noche no dormirás en casa. Te detienes frente a las puertas giratorias. Nos damos un beso rápido, casi furtivo. Esta vez es el valet quien abre la puerta y salgo del carro. Volteo y nos vemos una vez más. La luz cambia, aceleras. Yo me fundo con la multitud que se amontona por las puertas giratorias. 

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