Se nos hace tarde. Corro al baño
por mi labial y casi automáticamente me pinto los labios, juntándolos luego
para que se vea bien. Por el espejo empañado del baño veo que te abotonas tu
camisa blanca. Tu cabello desordenado por poco logra dibujar la sombra de una
sonrisa que se desvanece antes de empezar cuando sales de la habitación. En la
habitación tomo mis zapatos y sentada sobre la cama los abrocho. Desde la sala
y con una tasa de café en la mano, me ves. Sorbes y por un momento te detienes
a ver como mis manos luchan con el pasador de los tacones. Una leve sonrisa se
dibuja en tus labios, tu celular suena y te alejas a la ventana a contestarlo
sin dejarme ver la sonrisa que no tocó tus ojos. Mis tacones resuenan por el
piso de madera mientras voy de un lugar a otro en la cocina. Me ves y me saludas
con un gesto como disculpándote. Te regreso un reflejo de tu saludo. Preparo un
lunch para ambos mientras tú continuas tu llamada. De vez en cuando volteo a
verte desde detrás de la barra, estás muy concentrado. Llevas puesto el suéter
que te regalé la Navidad pasada. Sin darme cuenta llevo mi mano a mi cuello al
dije que cuelga de él. Cuelgas el teléfono y tomas tu maletín. ¿Lista? Preguntas
y yo asiento, como hace tiempo hago. Cierras la puerta detrás de mí y al final
del corredor, esperamos el elevador en silencio. Hemos llegado al carro. Estoy
a punto de abrir mi puerta cuando te interpones en mi camino. Niegas con la
cabeza mientras sonríes y entonces abres mi puerta. Entro al coche. Dentro
pones nuestro “Álbum de Carretera”, aquel del viaje que no planeamos.
Intercambiamos miradas como sabiendo y después las alejamos como sin saber. El
camino al trabajo es en su mayoría Damien Rice, Bobby Flynn, Kings of
Convenience y otra canción que ya no recuerdo, seguida de silencios. Me
preguntas si terminé el reporte y te pregunto por tu siguiente guardia, inmediatamente
deseando no haberlo hecho, por saber que esta noche no dormirás en casa. Te
detienes frente a las puertas giratorias. Nos damos un beso rápido, casi
furtivo. Esta vez es el valet quien abre la puerta y salgo del carro. Volteo y
nos vemos una vez más. La luz cambia, aceleras. Yo me fundo con la multitud que
se amontona por las puertas giratorias.
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