viernes, 5 de octubre de 2012

Reencarnación


Me descubro mirando como hace meses no veo, quizás incluso años. Sin que yo pueda evitarlo la orilla de mi boca comienza a levantarse formando una media sonrisa. Por primera vez en lo que parece una vida no necesito de un espejo, sé exactamente cómo me veo y más que saber, puedo sentir el brillo en mis ojos y esa sed que se extiende por mi garganta, lastimera y deliciosa. Incitante como es me llena de ansias y emoción incontenibles por saciarla. No pienso claro. He dejado de ser nube, soy, de nuevo, humana y ya no sé si son los restos de lo que era o el humo que empieza a salir de lo que se quema adentro de mí lo que hace que mi vista sea borrosa, como un espejismo sobre una carretera. Y lo mejor es que no veo más que las líneas amarillas que se extienden sobre el pavimento, ondulantes por el calor y las plantas secas a lo largo de un camino que parece interminable. Me emociono y me olvido de lo que se supone que soy y que debo ser y como un remolino, de golpe, me formo, sin miramientos por el pasado que pueda arrancar. Empiezo… el silencio que zumba en mis oídos sin precedentes, comienza a llenarse de gritos, cada vez más intensos y como si fueran la señal, mi cerebro empieza a reaccionar. Estiro mis brazos y el aire intenso se azota contra mí sacudiendo mi cabello sobre mi cara, pero por fuerte que es, no apaga la chispa en mis ojos, al contrario, la aviva y la torna llama y de pronto la carretera que se extiende frente a mí ya no es otra opción, es la única opción. La espera termina, tiro los papeles y dejo que vuelen y tomen la dirección que deseen. Al fin y al cabo, son sólo eso, papeles. Meto mi mano al bolsillo trasero de mi pantalón de mezclilla y siento las llaves. Pensé que las había perdido y todo este tiempo habían estado ahí. Cómo son las cosas… las tomo y ya no hay duda. Las he encontrado y la maleta sigue ahí, detrás de la puerta, lista para ser desempolvada. Tomo mi chamarra y sin molestarme por mirar atrás, atravieso el marco de la puerta. En dos movimientos meto la maleta a la cajuela y la cierro de golpe, subo al asiento del conductor y enciendo el motor. Y así, súbitamente como se fue vuelve a empezar y esta vez no hay vuelta atrás.



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