martes, 30 de octubre de 2012

Atrapados un Marzo


  

Inicio de Marzo. Parte del cielo aún permanece nublado, pero la lluvia ha terminado de caer y el sol hace a las gotas sobre las hojas brillar. 11: 35 am. El olor a lluvia encuentra su camino entre las cortinas blancas de la sala. Desde el balcón, más allá del sillón, ves unos cabellos despeinados mitad cafés, mitad dorados, que tapan su cara. Una risa sale de algún lugar delante de él, pero que no puedes ver. Antes de que te acerques escuchas como de su boca escapan unas cuantas palabras que son una mezcla entre risa y nervios, luego seriedad y entonces unas notas. Se equivoca. Ve a un punto en el sofá delante de él y ríe, sólo un poco. Vuelve a tratar. Te acercas un poco. La melodía inicia. Sentado sobre la mesa de la sala y con una guitarra eléctrica sobre su pierna izquierda, desliza sus dedos sobre las cuerdas. Está muy concentrado y puedes decir que realmente está intentando. Si su piel fuera más delgada, sobre su torso, que lleva descubierto, verías lo rápido que late su corazón. Delante de él y recostada sobre el sillón, la dueña de las risas descansa su cabeza sobre un cojín. No usa más que una camisa demasiado grande para pertenecer a ella. Sus oscuros cabellos desordenados caen a los lados de su cara. Él la mira. Ella deja de reír. La música comienza a fluir, ligera, cada vez más ligera. Notas que él ya no necesita seguir sus dedos con su mirada y de pronto, así sin más, como si desde siempre lo hubiera hecho, sus dedos bailan sobre las cuerdas. Las notas inundan la sala y una que otra escapa por la ventana. Ahora ella se acuesta sobre su lado, pero a pesar de moverse, su mirada no deja la de él. Él toca y toca, jamás dejando de mirarla. Y casi sientes como si fueras un intruso robándote un momento que no te pertenece. La boca del guitarrista esboza media sonrisa y de los labios entre partidos de ella escapa todo el aire que le queda. Una seriedad que desconoces se apodera súbitamente y sin la menor sospecha, de sus ojos verdes cuando ríe y azules cuando piensa, y deseas con todas tus fuerzas quedarte prendida de ellos como lo está ella. Ahora los ojos cafés se vuelven como un pozo profundo y ya no sabes si es ella quien se ahoga en él o él quien se pierde en el camino que es ella. Y la música sigue y afuera la lluvia amenaza con desvanecer aquella tarde y volver a caer, pero todavía no… aún no. 

*

No hay comentarios:

Publicar un comentario