Inicio de Marzo. Parte del cielo aún permanece nublado, pero
la lluvia ha terminado de caer y el sol hace a las gotas sobre las hojas
brillar. 11: 35 am. El olor a lluvia encuentra su camino entre las cortinas
blancas de la sala. Desde el balcón, más allá del sillón, ves unos cabellos
despeinados mitad cafés, mitad dorados, que tapan su cara. Una risa sale de
algún lugar delante de él, pero que no puedes ver. Antes de que te acerques
escuchas como de su boca escapan unas cuantas palabras que son una mezcla entre
risa y nervios, luego seriedad y entonces unas notas. Se equivoca. Ve a un
punto en el sofá delante de él y ríe, sólo un poco. Vuelve a tratar. Te acercas
un poco. La melodía inicia. Sentado sobre la mesa de la sala y con una guitarra
eléctrica sobre su pierna izquierda, desliza sus dedos sobre las cuerdas. Está
muy concentrado y puedes decir que realmente está intentando. Si su piel fuera
más delgada, sobre su torso, que lleva descubierto, verías lo rápido que late
su corazón. Delante de él y recostada sobre el sillón, la dueña de las risas
descansa su cabeza sobre un cojín. No usa más que una camisa demasiado grande
para pertenecer a ella. Sus oscuros cabellos desordenados caen a los lados de
su cara. Él la mira. Ella deja de reír. La música comienza a fluir, ligera, cada
vez más ligera. Notas que él ya no necesita seguir sus dedos con su mirada y de
pronto, así sin más, como si desde siempre lo hubiera hecho, sus dedos bailan
sobre las cuerdas. Las notas inundan la sala y una que otra escapa por la
ventana. Ahora ella se acuesta sobre su lado, pero a pesar de moverse, su
mirada no deja la de él. Él toca y toca, jamás dejando de mirarla. Y casi
sientes como si fueras un intruso robándote un momento que no te pertenece. La
boca del guitarrista esboza media sonrisa y de los labios entre partidos de ella
escapa todo el aire que le queda. Una seriedad que desconoces se apodera súbitamente
y sin la menor sospecha, de sus ojos verdes cuando ríe y azules cuando piensa,
y deseas con todas tus fuerzas quedarte prendida de ellos como lo está ella.
Ahora los ojos cafés se vuelven como un pozo profundo y ya no sabes si es ella
quien se ahoga en él o él quien se pierde en el camino que es ella. Y la música
sigue y afuera la lluvia amenaza con desvanecer aquella tarde y volver a caer,
pero todavía no… aún no.
*
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