lunes, 3 de diciembre de 2012

Secretos


Secretos. Como los que cuentas a tu almohada antes de cerrar los ojos…como los que piensas mientras caminas por la avenida de regreso a tu casa, cansado, sudado y con hambre. Secretos como los que te cuentan los ojos de aquella niña en la combi o la sonrisa del viejo que sonríe cuando parece que no tiene nada por qué sonreír. Secretos de esos son los que yo guardo. Bajo las luces del metro y asomándose por mis pupilas, tratan de escapar. Se escurren por mis labios de noche e incendian mi cuarto, pintan sobre las paredes tonos rojos y anaranjados que contrastan con lo negro del silencio. Uno a uno me envuelven desde mis uñas hasta cada uno de mis cabellos y me sonríen, mitad con compasión, mitad con malicia. Y el fuego que arde a mí alrededor me quema y calienta mi piel fría y entumida por el aire que se cuela por la ventana. Y sin quererlo y queriendo, respiro cada palabra que nunca dije hasta que cada una de ellas atraviesa mi tráquea y termina ardiendo en mis pulmones, casi tocando eso que llaman corazón. Y lo tientan y lo incitan un poco con deseos de invadirlo, otro tanto con miedo de despertarlo. Tomo los secretos que ahora bailan al son de las llamas por todo mi iris en ambos ojos y los empujo hasta que llegan más allá de los huesos de mis órbitas. Entonces aprieto fuerte mis ojos esperando que amanezca para que no sean más que una sombra en lo negro de mi pupila. Secretos como esos con los que sueñas, como aquellos que, aunque quieres, no vas a contarme. De esos mismos secretos, muero. 

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