domingo, 24 de junio de 2012

Pequeño fragmento

Un fragmento de algo en lo que estoy trabajando...

Unos rayos de sol se colaron entre sus pestañas y a través de sus párpados. Por la ventana entraba el sol en todo su esplendor. La luz le molestó. Por un instante fue consciente de su cama y de su cuarto, que una vez más, la saludaba. Había despertado. ¿Porqué carajos había despertado? Volteo a la mesita de noche y vio que aún quedaba un cuarto de la botella de vodka. Lo que quedaba del bote de antidepresivos no debió ser suficiente, tristes cinco pastillas. Quiso llorar, pero en su lugar, sólo se sintió patética. Ni eso podía hacer bien. Rodó sobre su cama y justo cuando se disponía a llevarse las manos de nuevo a la parte inferior de su vientre, sus manos tomaron otra dirección, su boca. No tuvo tiempo de pensar en lo mal que se sentía y en lo mucho que deseaba no tener que dejar ese apartamento jamás. Una sensación ácida invadió su boca y debajo de su lengua, la saliva se empezó a acumular. Como pudo aventó las sábanas y con una mano sobre sus labios corrió al lavabo. Una mezcla de agua y alcohol salió de su boca. El retortijón que sentía en su estómago ardía y dolía. Las arcadas hacían que le faltara el aire. Por poco y escupe el estómago. Después de unos cinco minutos ya no quedaba en su estómago nada que devolver y entonces su respiración comenzó a normalizarse. Cuando lo peor había pasado, fue consciente de la terrible punzada que palpitaba en su cabeza. Se recargó sobre el lavabo, una mano, luego la otra. Dejó correr el agua fría y se enjugó la boca. Luego, con ambas manos mojó toda su cara y parte de su cabello. El agua fría sobre su cara era un recordatorio. Traía y se llevaba recuerdos de una mejor época, de cuando soñaba con azucenas y la banda de la plaza por la noche, de sol  y del olor a frijoles recién hechos, de la prisa por enchinarse las pestañas para salir al olor de lluvia en la calle dónde…-¡Rin!-  el teléfono sonó. Volteó a la puerta, pero decidió ignorarlo. La imagen frente al espejo la atrapó. Lo que veía no era particularmente feo, pero por alguna razón que aún no lograba determinar, le huía. En algún momento llegó a concluir que, lo que más trabajo le costaba ver, eran esos ojos. Había algo en esos ojos. –¡Rin! ¡Rin rin!El teléfono volvió a sonar por segunda vez. Parecía que con más insistencia, casi como si estuviera gritando su nombre. De mal humor, pero como quien no puede evitar contestar grito –¡Ya voy!¡Que ya voy!- Se lanzó sobre la cama y levantó el auricular. – Bonjour?, Ah hola, si, no, no te preocupes, ya tengo un rato despierta – mintió – ajá, Jardin des Tuileries – dijo mientras garabateaba sobre una servilleta- ahí estaré, entonces… - la persona del otro lado del auricular ya había colgado. –Perfecto- dijo viendo el teléfono. Colgó y por unos momentos su mirada se volvió hacia las sábanas desechas y el par de almohadas como deseando poder regresar a aquel profundo sueño. Después de unos instantes y de sopesar algunas ideas, dejo salir un suspiro y hecho la cabeza para atrás. Con sus manos delgadas se deshizo de sus bragas, se puso de pie y se dirigió al cuarto de baño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario