Es posible- dijo mientras la
miraba – Quizás en un par de años, si no hemos envejecido demasiado, si aún
conservas esa botella de champagne y el vestido rojo que te regalé. – Sin mover
la cara, ella levantó la mirada y sus labios se movieron. – Yo también lo
esperaba, pero no siempre pasa lo que esperamos. Tú mejor que nadie lo sabe. –
Contestó él muy seguro de sus palabras. Prendió un cigarrillo y se volteo para
quedar enfrente del rio. Ella acercó los bordes de su abrigo a su cuello y cruzó
los brazos. Volteó con cuidado a verlo, él no volteo. En lugar, una bocanada de
humo salió de su boca. – ¿Vas a regresar con tu familia?- Preguntó sin verla.
Su mirada estaba fija en alguno de los barcos que navegaban por el rio. Ella
levantó sus hombros y dijo un par de palabras. Él dejó escapar una carcajada
amarga. – No sé porqué esperaba que esta vez sí supieras. – Volteó a verla y se
prendió de su mirada, ahora una mezcla de angustia y tristeza resignada se
apoderaron de sus ojos. - ¿Cómo sabré que sigues ahí? – Y por una fracción de
segundo su seguridad lo abandonó y estuvo a segundos de revocar su decisión, de
soltar el cigarrillo e ir a abrazarla para quitarle el frio. Ella, parada a un
metro de él, volteo a verlo y calló, sostuvo su mirada. Una ráfaga de viento se
lanzó sobre ellos y por poco se lleva su boina, la sostuvo con ambas manos.
Sólo un segundo y bastó para que el frio que los rodeaba regresara a sus
palabras. – Estaremos bien. – Repitió mientras se volteaba de nuevo frente al
rio. Ella le sonrió y pronuncio unas cuantas palabras, que él no escuchó, ya
estaba a kilómetros de distancia. Guardó sus palabras y trató de ver lo que él
veía. – Cuida mi abrigo – dijo con una media sonrisa mientras daba media vuelta
y se alejaba del puente.
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