jueves, 10 de mayo de 2012

Se me acaba el tiempo

Casi es de noche y se me acaba el tiempo. Me quedé muda y no se me ocurre que decir. Te veo del otro lado de la mesa mientras juegas con tus dedos. Tomo la tasa de café y doy un sorbo. Te veo sobre ella. Miras distraído a la ventana y a mí, a mí se me acaba el tiempo.
Pienso que debería sonreír y tener algo que decir, pero te miro nerviosa y con un nudo en la garganta. ¿Cómo debo actuar cuando no consigo quitar mis ojos del reloj? Me hace falta sacarte algunas sonrisas y detener el tiempo en tu mirada. Necesito que me mires y que claves tu mirada. ¿Recuerdas la llave que te di? Me hace falta enseñarte a usarla. Me hace falta sorprenderte con miradas clandestinas y una que otra charla sencilla que al final jamás lo resulta tanto . Me hace falta regalarte un ramo de dudas y una caja de respuestas, unas cuantas caricias, lunas llenas y medias lunas. Noches sin estrellas, otras llenas de ellas. Me hace falta respirarte y decir todo diciendo nada. Me hace falta rozarte con la mirada y dejar la marca de mi cabeza sobre tu almohada… En silencio te veo y dibujo una sonrisa que pretende ser todo menos eso. El espejo de tu cara me regresa una media sonrisa que no alcanza tus ojos. Suspiro. Se me acaba el tiempo.
Me hace falta hacerte pasar corajes y borrar los recuerdos por las noches con mis manos, me hace falta pisarte mientras bailamos y tirar la copa de vino sobre la mesa sobre la que hablamos. Me hace falta quedarme dormida escuchando en el silencio los sonidos de tu pecho y la certeza de que al despertar te tendré a mí lado. La tormenta comienza adentro, entre mis intestinos y mis pulmones. No la dejo alcanzar mi cara. A falta de tus manos entre las mías, tomo la tasa de café de nuevo. Lo hago rápido para que no notes como han empezado a temblar. Miro hacia otro lado y trato de no pensar en todo lo que nos falta y en aquello que me ha faltado. Dejo escapar un suspiro que se suponía debía ser palabras. Mi suspiro llama tu atención y desde la ventana  junto a la que te paras, me miras. En ese instante, me olvido del reloj y más claro que nunca recuerdo aquello que tanto anhelo y que hasta hoy me ha faltado. Me ha faltado besarte. El viento violentamente entra por la ventana y me levanto de la mesa, te apresuras a cerrarla. Las campanas suenan y a mí, a mí se me acaba el tiempo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario