miércoles, 18 de mayo de 2011

Contrariedad: el inicio

Debo admitir que tu insistencia me ha trastornado y que no consigo conciliar el sueño desde aquella noche que conversamos sobre unas copas de Cabernet Sauvignon. La forma en la que tus ojos atrapan la luz cuando hago alguna referencia a algún evento que concierne a él me ha convencido de que esta historia no puede pertenecerme exclusivamente a mí por más tiempo. Por favor ten en mente que de no creer que pudiera ser de alguna ayuda, no estarías recibiendo esta carta y posiblemente no hubieras vuelto a tener noticias mías. Quizás se debe a la forma en la que el silencio cobra familiaridad cuando no decimos nada, que me he convencido de que si alguien puede hacer algo por él, eres tú. O quizás sólo estoy buscando una excusa para contar su historia,  nuestra historia y poder dejar la tarea de las noches de insomnio a alguien más. De una u otra manera me encuentro sentada en mi escritorio frente a mi ventana viendo llover y estoy más cerca del día en el que lo vi por primera vez que de aquí. Permíteme empezar…
Acababa de salir de la universidad y un amigo de mi mamá me había conseguido un trabajo en Dublín, era la primera vez que realmente estaba por mí cuenta. Yo era la asistente de la asistente en una oficina publicitaria. Mi trabajo consistía prácticamente en llevar y traer cafés, hacer llamadas, recoger ropa de la tintorería, entregar documentos de nuestro departamento al departamento de edición y del departamento de edición al nuestro y a la oficina del director. Cómo lo decía mi hermano, era la mandadera, sí, lo era. Pero era gracias a saber cuánta azúcar quería el publicista de la cuarta oficina en su café o de qué forma le gustaban al director acomodadas las flores de la entrada que iba a poder pagar mi segunda carrera. Bueno quizás era más cómo un pasatiempo, cómo decía mi madre. Desde pequeña tenía grandes aspiraciones artísticas, que iban desde aprender a bailar flamenco hasta abrir una galería de arte. Pero esos eran sueños. Mi camino era otro. Mi madre no estudió una carrera y desde que tengo memoria a mí y a mi hermano nos encaminó a las ciencias. Su más grade sueño era verme graduarme de leyes con honores y eso era lo que yo más quería. Fue a partir de segundo de prepa y tras ir a ver la obra de “Les Miserables” que me obsesioné con la actuación. Mi padre falleció cuando yo tenía tres años, por lo que tengo pocos recuerdos de él, la sensación de su barba rasposa sobre mi mejilla o el olor a pastura mojada que anunciaba su llegada acompañada de una cálida y cansada sonrisa después de un largo día de trabajo. Cuando mi padre murió, mamá se encargó de la granja y de los trabajadores; Crecimos,  yo me encargué de la casa y Cristian, bueno, a él nunca le llamó la atención la granja, estaba demasiado ocupado recolectando y clasificando insectos. El tiempo pasó y cuando terminé la prepa, a pesar de mis mayores esfuerzos por convencer a mi mamá de mandarme a estudiar actuación a Londres, terminé estudiando leyes en una universidad cercana a casa con el prestigio suficiente para conseguir una beca en la Universidad de Dublín. Terminé de estudiar leyes y mi mamá vendió lo que quedaba de la vieja granja para que mi hermano pudiera casarse y yo estudiar mi maestría, pero mis planes eran otros. Así terminé viviendo en Dublín trabajando de asistente de asistente de publicista y juntando dinero para viajar a Londres, mientras mi madre creía que estudiaba mi maestría.  
Era viernes por la tarde y la semana había sido un infierno. Adele, la asistente, había faltado por una enfermedad que la tenía tirada y yo había tenido que tomar su lugar. Debíamos entregar varios trabajos y yo era la encargada de que todo saliera a la perfección. Para las diez de la noche, que fue la hora a la que salimos, yo lo único que anhelaba era a mi cama, un chocolate caliente y una buena película en blanco y negro. Pero no contaba con que mis planes fueran a ser interrumpidos por mis colegas, el chico de la papelería, Henry y Joselyn, la encargada de la cafetería irían a un pub a celebrar el cumpleaños de alguien que yo no conocía y sin poder hacer nada para evitarlo me vi arrastrada a una fiesta todo menos tranquila. Cuando llegamos, una banda de rock tocaba temas de Steve Earle y el cumpleañero se preparaba para hacer un brindis. Yo no acostumbraba tomar mucho, pero tras la semana que había tenido, mi primer instinto fue dirigirme a la barra y pedir un Apple Martini, una de las pocas bebidas que conocía. Joselyn y Henry se la estaban pasando bomba, brindé con ellos un par de veces y después desaparecieron. La banda se tomó un descanso y un dJ tomó su lugar. No estoy segura de cuantas veces brindé, y de si fue por el alcohol o por lo cansada que estaba que comencé a sentirme muy mareada. El humo del cigarro me envolvía y la música parecía que iba a hacer estallar mi cabeza. Me paré y mis piernas me fallaron, una mano que no reconocí me sostuvo del antebrazo. Entonces tomé mi abrigo y salí a trompicones del pub y hacia la llovizna.
Cuando salí mi cabeza aún daba vueltas, me alejé un poco de la entrada y me recargué sobre el vidrio de un local, parte para mantener el equilibrio, parte para librarme del agua. Cerré los ojos y respiré profundo. El aire fresco me estaba haciendo bien, por lo menos temporalmente. Cuando volví a abrirlos, todo estaba mucho más quieto. La calle estaba muy oscura y apenas la iluminaban un farol en cada esquina y las luces de neón del pub. Debían de ser más de las doce. Sabía que necesitaba llegar a casa lo más pronto posible. Voltee a ambos lados de la calle desierta en busca de un taxi y entonces pasó…lo vi.
Estaba recargado en una pared del otro lado de la acera, la luz no alcanzaba a tocar su cara. Fue hasta que un carro pasó y me mojó toda que pude distinguir bien su silueta. Tenía un pie sobre el muro y un brazo alrededor de su cintura, como tratando de cubrirse del frío. En la otra mano sostenía un cigarro, no de la forma en la que la mayoría lo hace entre el índice y el medio, él usaba el índice y el pulgar. Su ligera risa cuando el carro me mojó fue lo que me hizo hablarle. “¿Qué es tan gracioso?” Dije en un tono irónico, tal vez más de lo que pretendía. Supo inmediatamente que me dirigía a él, puesto que éramos las únicas dos personas en la calle. Se movió de lugar para verme mejor, pero sin perder su postura original. La luz del farol iluminó su cara. Fue hasta ese momento que me di cuenta de que era el guitarrista de la banda que hace poco había estado escuchando. Fuera parecía mucho más arrogante que en el pub. Quizás era que adentro la música hacía juego con su actitud y aquí carecía de ella o que ahora la mezcla de su postura con la risa dirigida hacia mí cuando el carro me había empapado había levantado una especie de furia en mi interior. No podía decidir cuál, pero su sola presencia me irritaba de sobremanera. En lugar de contestar a mi pregunta sólo me dirigió una mirada que no supe si interpretar cómo burla o lástima. Absorbió de nuevo el aire a través de su cigarro y soltó una bocanada de humo. Quise contestar algo, me irritaba que pudiera portarse así y seguir tan tranquilo cuando yo por dentro sentía sólo coraje ante su actitud y mi situación. Normalmente no era tan temeraria, pero el alcohol parecía estar haciendo el trabajo, caminé hacia él, me enderecé para parecer más alta e inspirar miedo (ahora comprendo lo patética que habré parecido) y justo cuando estaba por hablar…sentí arcadas y de mi boca salió todo lo que había tomado sin siquiera darme tiempo de voltearme al lado contrario. “¡Demonios tenías que hacer eso!” dijo. Ya había olvidado que era lo que planeaba decir, de hecho no había planeado nada. Con una mano me recargué en la pared, mientras que con la otra traté de despejar el cabello de mi cara. “Lo siento” murmuré, pero era tarde, por su cara cruzó una mueca de asco y de reproche. “Toma, límpiate” dijo mientras me entregaba un pañuelo de tela. Cuando mi estómago estuvo completamente vacío y me hube limpiado, voltee a verlo. Me observaba, ahora recargaba un hombro sobre la pared y cruzaba los brazos. Su expresión había cambiado, lo que en un principio describí como burla de una forma extraña se tornaba en simpatía. Eso o mi mente distorsionada lo veía así. Sentí un escalofrío. Ahora que parte de los martinis había salido de mi sistema pude verlo con más detalle. Llevaba una chamarra de mezclilla negra con las mangas arremangadas muy al estilo de un guitarrista de una banda de rock, unos jeans flojos y rotos a medio muslo y en la rodilla y traía tenis que a primera impresión parecían una mezcla de converse negros y viejos con tenis mordidos por un perro. Su aspecto era descuidado sin serlo. Su cabello rubio lo llevaba peinado todo hacia el centro, sus ojos grises contrastaban con su piel blanca y sus labios inusualmente bien delimitados mostraban un ligero tono rojo. No, definitivamente no era mi estilo. “Tengo que tocar un par de canciones más” una sonrisa se extendió por su rostro mostrando dientes perfectamente bien alineados “espérame y te llevaré a casa”. Recuerdo en el momento no haber estado segura de si se refería a mi casa o a su casa. Su sonrisa podía haber significado cualquiera de las dos. Sin decir nada di media vuelta y me encaminé de nuevo al pub. A mi espalda pude sentir como el cigarro caía al suelo y cómo él, con sus zapatos mordidos, lo aplastaba.             


1 comentario:

  1. Eran cerca de las 9 de la noche cuando llegamos al pub, llevábamos toda la maldita tarde viajando desde Liverpool.. -pero qué demonios Richie vas a ganar mucha plata- dijo mi manager, plata... por qué todo se resume a plata, pasta, pavos... El lenguaje universal, capaz de ponerte a ti en la luna si la tienes, capaz de volverte loco si la quieres. Mi madre siempre me lo dijo -El dinero cambia a la gente Richie nunca lo olvides- pobre vieja, si supiera que viajo 220km por 180£ la hora pfff... ni el tiempo que mi padre duraba borracho por las calles,…. todo se fue al carajo la tarde de sábado que mi perfecto hermano decidió que era hora de morir, todo era Hans esto Hans aquello Hans... Hans... Hans.., de ese día hasta hace 3 años mi padre parecía funcionar en base a alcohol y pastillas, 13 años sufrimos mi madre y yo, Ella porque no había dinero y yo porque siempre estuve peleado con mi madre, -maldigo el día que te traje al mundo- fueron las últimas palabras que escuche mientras la puerta principal se cerraba lentamente detrás de mí, con maleta en mano decidi que era tiempo de conocer el mundo y hacer algo con mi vida . –Richie este es el repertorio de canciones, estás de acuerdo?- respondí con una cálida risa –Parece que va a ser una noche alocada verdad muchachos?- la risa inundo la pequeña habitación que el dueño del pub nos había prestado para cambiarnos –Seguro que si Richie parece que han hecho reservaciones y el lugar está a reventar- contesto Mike –Pues vaya la suerte voy a la barra por la primera ronda de cervezas.. recuerden sin cervez…- AAA NO HAY SHOWW se escuchó el grito del grupo.., era la quinta ronda de cerveza la mezcla de música, alcohol y sudor inundaban el ambiente, teníamos una espectacular vista a una barra de 6 x 2 y unas 7 u 8 mesas, ahí fue cuando la vi…, entro acompañada por una pareja bastante aburrida. Apuesta que él trabaja en una papelería y ella es encargada de un diner o una cafetería, pero ella, había algo especial algo que me llamo la atención... fue recibida entre apretón de manos y abrazos después un brindis, al parecer alguien festejaba su cumpleaños... – tómense un whisky por mi muchachos voy a salir a fumar un cigarrillo- le dije a Mike que también se asegurara que nos pagaran.., Al salir –Lindo clima- me dije, un sedan blanco paso y casi me baña con un gran charco que la lluvia había formado, cruze la acera para evitar se bañado por una gran composición de acera, calle y lluvia, mientras prendia el tercer cigarro, parecía medianoche cuando la vi salir, salio acomodándose el abrigo y alejándose en una seria de círculos y paros hasta detenerse en el vidrio de una tienda cerrada, miro de un lado a otro una calle completamente vacia, y fue ahí… cuando volteo a verme sentía la dureza de su mirada tratando de enfocarme a 3 o 4 metros de distancia estaba recargado con un pie sobre la pared cuando pude observar.. Como un taxi que pasó inadvertido no el mojo la empapo, por mi parte reí -es algo que no se ve todos los días- pero un par de risitas lograron escapar de mi boca, fue cuando levanto la voz y me grito “¿Qué es tan gracioso?” Mi reacción fue quedarme callado y voltearla a ver, actuar como si nada hubiera pasado pero ella comenzó a acercase y al punto que parecía que iba a gritarme una mezcla de grito y alcohol salieron de su boca hacia el piso, lo único que me pudo decir fue un ligero y casi mudo –“Lo siento”- la mezcla de olores eran una invitación a unirte.., Tome mi pañuelo y se lo di “-Toma Límpiate-“.Era una rara sensación no era una chava que me atrajera pero algo en ella definitivamente no me dejaba alejarme.. Fue cuando Mike salió y me hizo señas de que tenía que regresar, -Tengo que tocar un par de canciones más- le dije –espérame y te llevare a casa-, arroje mi cigarro y cortésmente me acompaño dentro del pub otra vez, prometí que la llevaría a casa... a casa!!

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