domingo, 18 de diciembre de 2011

Mi extraño



Mi extraño no sabe lo mucho que lo extraño y es curioso que lo extraño justo cuando es un extraño. Mi extraño tiene ojos azules como el mar que se tornan grises cuando el cielo deja de brillar…cuando la luna hace a un lado al sol. La piel de mi extraño es plateada a la luz de la luna, parece de mármol y de granito. Mi extraño mira sin mirar y vive esperando olvidar. Él jura no saber amar pero secretamente desea poder llegar a sanar. Mi extraño tiene las manos más hermosas que jamás he visto, firmes pero suaves al mismo tiempo. Mi extraño tiene un nombre que sólo me atrevo a pronunciar en sueños por miedo a que al oírlas se aleje más de la realidad. El cabello de mi extraño es más bello que el sol en sus mejores días, con matices dorados y con las sombras exactas en los lugares exactos. Mi extraño guarda silencio cuando quiero escucharlo hablar y habla cuando a veces lo que debe hacer es callar. Mi extraño pretende querer seguir siendo un extraño pero de vez en vez me deja saber que no tendría por qué ser un extraño. A mi extraño lo pienso de vez en cuando, cuando quiera que el día es muy soleado o cuando las nubes amenazan con volver todo opaco, ahí, detrás de los relámpagos o sobre las nubes está mi extraño. Mi extraño me da pesadillas y sueños jamás pensados. ¡Mi extraño es tan extraño! No es de aquí ni de allá, no está aquí, pero tampoco está allá. A mi extraño no le gusta planear. Mi extraño suele callar, le gusta hacerme esperar. Sin hablar dice infinidad de cosas con sus ojos, cosas que sólo puedo imaginar porque al preguntar inmediatamente me hace callar. Mi extraño sabe cómo hacer que el mundo para mí ya no sea extraño. A mi extraño lo he empezado a querer incluso cuando mientras más intento saber, más descubro que lo que sé es que es un extraño.  Mi extraño es frío. Mi extraño es caliente.  Mi extraño no sabe que yo no puedo tenerlo como él me tiene a mí. Mi extraño, el de los ojos de las mil palabras, no sabe lo mucho que yo deseo que deje de ser un extraño. 

sábado, 26 de noviembre de 2011

Lo que acababa de suceder

-Evidentemente no tenían idea de lo que acababa de suceder.- pensó mientras encendía otro cigarrillo. A su lado, el teléfono no paraba de sonar. Sobre la mesa que estaba frente al sofá descansaban un vaso con whisky y un cenicero a punto de sobrepasar su capacidad. Descolgó el teléfono sólo para recargarlo sobre la mesa. Del otro lado del teléfono, una voz – ¿Bueno? ¿Estás ahí?- Fijó su mirada en él mientras exhalaba una bocanada de humo. Esperaba que en algún momento se cansaran de llamar ¿O quizás no? La imagen del hospital flotaba en el aire, amenazando con abrir una puerta de la que acababa de salir. Recargó los codos sobre sus rodillas y dejó caer la cabeza entre las piernas. Pasó su mano sobre su apenas creciente pelo. Un suspiró con una nota de exasperación escapó de su boca. En algún momento todo empezaría a girar y no sabría cómo proseguir. ¿Qué debía decir? ¿Qué hacer? A su lado derecho, el corredor terminaba en una puerta entreabierta que dejaba ver una maraña de cobijas sobre la cama, en el suelo… Intentó no voltear. Los fragmentos del espejo parecían aún mecerse sobre la madera. Una imagen de su sonrisa le asaltó de golpe y le hizo enderezarse. Estaba sentado en el sofá de la sala, el día era nublado, alrededor de las seis y media de la tarde, estaba por oscurecer. Otra imagen en su mente cobró color, el sol entraba por la ventana y leía recargado sobre el sofá. Unos brazos rodearon su cuello por detrás, sintió sus tersos labios sobre su mejilla. Dejó el libro, se volteó y la jaló por encima del respaldo del sofá. Ella reía y gritaba que la soltara. Recordó haber pensado que jamás había visto una sonrisa tan linda o escuchado una risa tan dulce. No dejó de hacerle cosquillas. El sonido de las persianas movidas por el viento lo regresaron a las seis y media de aquella tarde. No quería que oscureciera, mientras hubiera luz podría fingir que se había retrasado en el trabajo y que llegaría pronto para salir a cenar. No quería ir a la cama sin ella, no quería no ir a cenar. El viento trajo de la habitación el olor del perfume desparramado sobre el suelo…su perfume. No pudo reprimir el llanto ahogado que venía del fondo de su pecho. Abrazó su cabeza con ambas manos, de haber tenido pelo casi se lo habría arrancado. ¿Cuándo empezó a perder el control? ¿Cuándo olvidó lo delicada que ella era? Era difícil recordar como solía ser antes, cuando acababan de mudarse juntos, cuando ella no gritaba y él no la odiaba. Siempre habían tenido una forma diferente de hacer las cosas, eran intensos, hirientes y después, en algún momento entre unas cuantas palabras y amenazas de ella de marcharse y no volver jamás, terminaban en el pasillo, sobre el sofá o  sobre la mesa de la cocina haciendo el amor. La odiaba y la amaba, era difícil decir cual más. Ahora la extrañaba. Ya nadie le diría que hacer, nadie lo pondría en su lugar o le quitaría importancia a sus palabras, nadie lo celaría, nadie le haría espectáculos frente a sus amigos. La odio por ser tan frágil, por perder la consciencia antes de llegar al hospital, por no aguantar unos minutos más. Se puso de pie al tiempo que lanzaba la mesa con ambas manos. Tomó el jarrón de las flores que descansaba sobre la mesa de al lado y lo lanzó contra la ventana, se hicieron añicos. No pudo parar el llanto que vino después. Desesperación lo invadió, no debió tocarla jamás, no debió dejar que la pasión llegara a tanto. Caminó de prisa por el corredor y tomó un marco que colgaba en el justo antes de entrar a la habitación. Pasó los dedos por el contorno de su cara. Era de su quinta cita, en la foto él la rodeaba con sus brazos desde atrás y ella sostenía un gran oso entre sus manos. El oso lo había ganado para ella jugando tiro al blanco, ella insistía en que era malo y que jamás tendría su oso. Estaba equivocada, muy equivocada. De pronto recordó la pistola que guardaba en un baúl viejo que solía pertenecer a su padre. Cosas viejas que jamás había podido tirar. Alivio atravesó su rostro. Ahora sabía, cuánta razón había sido el no tirarlas.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Espejo roto


El espejo roto se recarga sobre la pared y  por milésima vez en la semana levantas la mirada para verlo. Desearías no sentirte así, desearías poder levantarte y mirarte en él, así, roto, en pedazos, quieres verte, pero algo que aún no puedes definir te jala a la cama y hace que las sábanas se prendan de tu piel. Es casi como si la cama y tú hubieran sido cosidos juntos. Te revuelves en la cama, pero moverte no se siente seguro, un movimiento en falso y habrás caído. Cierras los ojos fuertemente y te haces pequeña, acercas las rodillas y tus brazos a tu pecho, quieres que el frío se vaya para que puedas correr las cortinas de tus ojos, pero tienes miedo de que si lo haces, fuera aún sea de noche. Escuchas la lluvia ¿o la imaginas? El día es nublado. O al menos eso crees. Haces un esfuerzo consciente por enderezarte, quizás si tan sólo salieras de la cama... Con pesadez apoyas un brazo, luego el otro…espalda en la cabecera. El espejo sigue ahí. Quieres verlo, realmente quieres, pero tienes miedo. Estar así se siente raro, te sientes desprotegida, así que abrazas tus rodillas con fuerza y hundes tu cabeza en el hueco que tus brazos forman con ellas. Una lágrima cae de la punta de tu nariz. Con la manga de tu pijama la limpias. Levantas tímidamente la mirada. Sabes que jamás debiste dejar de mirar el espejo. Hace años que lo rompiste y no quisiste repararlo...hasta ahora, la verdad es que te gustaba así, con todas esas partes que le faltaban, con las figuras tan extrañas que forman los cristales rotos. Solía gustarte la forma en la que te reflejaba, como te regresaba una imagen fragmentada, una armonía que no conocías estaba escrita en aquel espejo, desde el día que se rompió y te negaste a volver a pegar los pedazos. Extrañas ver tu espejo, extrañas el espacio que le faltaba y pensar en todo lo que ahí podía ir. Ahora no sabes en qué momento decidiste escuchar a Mamá y Papá y volver a pegar todas sus partes. ¿Es que roto no se veía bien? Aún podías verte, aún servía para regresarte una imagen que te gustaba. ¿En qué momento olvidaste que roto estaba bien? Enjugas el agua que se acumula en las esquinas de tus ojos, tus pestañas están mojadas, y te paras. Das un paso y te detienes, aún hay algo que te llama a la cama, pero el espejo con todas sus partes sigue ahí, recargado en la pared y no puedes evitar pensar que se siente igual que tú, es casi como si no fuera un objeto inanimado y de inmediato le das identidad, ha dejado de ser sólo un objeto de vanidad, es algo más, y cómo a ti, tampoco le gusta lo que le has hecho. Das un par de pasos más y finalmente te detienes frente a él. Con cautela miras al frente. Una niña en pijama y con el cabello resbalando por sus hombros está de pie en el centro de la habitación. Hay algo en ella que te hace querer correr a abrazarla y sientes pena. Sientes miedo, su miedo, la observas con cuidado, puedes decir que no siempre fue así, su cara te parece familiar, cómo si la conocieras de hace tiempo, en otro lugar, bajo otras circunstancias. A través del espejo se ven los bordes donde se han pegado los pedazos faltantes. Por alguna razón que aún no alcanzas a comprender roto no era bello y bello es lo que necesitabas, o al menos eso es lo que te hicieron creer. Roto no funcionaba para ellos, los dejaste hacerlo… roto sólo funcionaba para ti. Te acercas a él y tomas el marco con ambas manos, das un paso para atrás al tiempo que lo separas de la pared. En un segundo que parece una eternidad tus dedos se abren y ves como el espejo azota contra el piso rompiéndose en mil pedazos. Algo adentro de ti se rompe. Todo a tu alrededor vuelan cristales. Levantas el espejo y una astilla se clava a tu talón haciéndolo sangrar un poco, no le prestas atención. Recargas de nuevo el espejo sobre la pared y cuando te alejas para verlo bien, ahí está, todo lo que habías estado necesitando, la imagen de la niña, la imagen incompleta y rota, rota y perfecta, justo como solía gustarte. Nada ha cambiado, la imagen en partes que te regresa te llena de una alegría vieja conocida, la comisura de tus labios empieza a curvarse hacia arriba. Alguien entra por la puerta del cuarto, es tu madre que al escuchar el sonido del espejo estrellándose contra el piso ha subido corriendo, grita al ver los cristales y las pequeñas gotitas de sangre que tu pie ha dejado sobre la madera. Tu padre entra de golpe al cuarto al escuchar el grito de tu madre, tú permaneces inmóvil observando el espejo roto. Roto funciona bien, roto es lo que quieres, roto lo que necesitas.  

sábado, 19 de noviembre de 2011

Destellos...



Casi había olvidado el sentimiento, como si de alguna manera fuese posible… los campos que discurrían a mi derecha e izquierda me recordaron al verano de hace cuatro años, ahora empezaban a secarse, pero era cuestión de estaciones, en unos meses recobrarían su verdor y sería como si por ahí no hubiera pasado el tiempo, el lugar sería el mismo, los árboles también, lo diferente seríamos nosotros, las historias, el final de todo, nosotros viviríamos y dejaríamos de existir y ese lugar que juramos se había grabado nuestros nombres, como si de alguna manera dependiera de ellos, seguiría ahí, esta vez sin nosotros. Aire olor a pasto despeinó mi cabello corto, una vez largo. Sentí que hacía años que no veía esas montañas, ahora me saludaban familiares, no me habían olvidado, ni yo a ellas. Imaginé como habría sido si se hubieran extendido interminables alrededor y me hubieran atrapado, si jamás me hubieran dejado marcharme, no intenté sacudir la idea de mi mente, parecía algo seguro imaginar, aunque no estaba segura de que tan bueno podría ser recordar. Deje a mi mente vagar y me llevó a lugares hace tiempo olvidados. El aire cada vez se volvía más cálido y con él los recuerdos cobraban vida, color, eran más que fotos desfilando frente a mí. La imagen de nosotros me hizo acordarme de mí, de cómo solía ser. Tu corriendo por el pasto, casi como si fuera en cámara lenta y yo de pie, observando, riendo… ¡qué locos estábamos! aún puedo sentir las cosquillas que se extendían desde mi estómago hasta la punta de mis dedos, los nervios detrás de mi pecho… y si cierro los ojos puedo escuchar las risas que eran mejor que el chocolate cuando estaba triste. Una camioneta pasó a mi lado, una pareja de señores grandes iba dentro… ahora eras tú quien iba en ella, ¿quién era aquella chica que manejaba a tu lado? Podría haber jurado que su cara era familiar, había algo en ella que me recordaba a mí, a mí llena de sonrisas y de vida, a mi llena de sueños, a mí sin saber manejar y creyendo que el mundo era todo mío, sólo tenía que abrir mis manos y ahí iba a estar. El mundo era nuestro para conquistar, una aventura cada día, el límite era…para que tratar de definirlo, no había límite. Nos habíamos robado un pedazo del mundo sólo para nosotros y la realidad simplemente tenía que esperar, no había espacio para ella, no había opción. Éramos los dueños del tiempo y si queríamos podíamos hacer que el día no tuviera fin y que un atardecer durara por siempre. Las estrellas suspiraban tu nombre y me contaban tus secretos, la noche era la tortura más dulce, no verte, no tocarte, sólo pensarte, esperarte, imaginarte…¿qué estarías haciendo?¿estarías dormido?...o pensando en mí como yo en ti. Eras el ladrón de mi sueño y sí, la causa de mis eternas noches y desvelos. No me di cuenta de a qué hora el sol convirtió el camino y todo lo que se extendía delante de mí en una película de oro líquido, los rayos me encandilaban y tuve que entrecerrar los ojos. Detuve el coche y me bajé. Me recargué sobre la puerta.  Estaba atrapada en una postal sepia matizada por tonos dorados. El sonido del viento me invitaba a quedarme en ese lugar por siempre. Quise detener ahí el tiempo, volver atrás unos cuantos años y verme como solía hacerlo, quise volver a ser niña. No pude. Mi cuerpo se sentía diferente y la sensación tan familiar comenzaba a marcharse al ritmo que lo hacía el sol. Conforme los tonos dorados iban dando paso a sombras me sorprendí de ver que las sombras me cautivaban de una manera distinta, era otra clase de misterio. Entonces lo vi, el día daba paso a la noche, como naturalmente debía ser, pero yo aún extrañaba el día, por muy hermosa que la noche pudiera ser… en algún momento debimos haber olvidado parar el reloj. Volví a entrar al coche y eché a andar el motor. Un suspiro escapó de mis labios como deseando hacer cesar la película. El camino se extendía frente a mí y aún faltaba un largo tramo por recorrer. No llevaba prisa, la noche era bonita y también me gustaba.      

sábado, 12 de noviembre de 2011

Arlington Street

It was as if day had suddenly been taken by night. Abduction was the only word she could think about. Where had the sun gone? 11 o ‘clock. Street lights illuminated the aged buildings around her at intervals.  The air became more and more sharp as the lapse from the moment she had left the cab to the moment in which she stood increased. She drove her coat closer to her neck as she tried to avoid a gush of wind. If it had not been for her leaving her suitcase on the floor and having a spare hand, her  beret would’ve flied directly into the black Austin Healey’s windshield.  The classic flew right next to her just before making a chirp while turning right. For a second she thought that the automobile would stop at the corner and open the passenger’s door for her to pick up her suitcase, make a race in that direction and step right in. It didn’t happen.  Instead she heard the fainting sound of the motor.  Through her face crossed a mixture of anguish and disappointment, then, nothing. Expressionless she lifted the only thing she had travelled with and resumed her walk down Arlington Street. According to the map, this was it. She was meant to board the cab, arrive to that place, and walk down that street. And yet, she did not know what she was to find or what should she do next. Ahead of her awaited a blank paper page, a book not yet written. As she walked to the sound of her own footsteps, a familiar noise kicked in… from the end of the street came the roaring of a motor followed by a pair of lights. Her fist tightened firmly as a mixture of black and light came slowly to a halt.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Recuerdo

Es casi de noche y huele a una mezcla de tierra con plantas, aire de campo se dispersa en mis pulmones, el aire no es frío ni caliente, es justo como debería ser. Aún no hay completa oscuridad, a lo lejos pueden verse nubes casi negras, un poco azules, tapando un cielo que hace unos momentos fue naranja intenso y rosa, por unos cuantos huecos aún pueden verse esos tonos y la simple vista de ello invoca una especie de melancolía, de esa que trae algo de sonrisas, algo esperado y al mismo tiempo una espina que llama al llanto, como anticipando algo que vendrá, algo que desconoces y tienes miedo de conocer...la despedida de aquel sol es una mezcla de sentimientos aún no dotados de nombre. Mis pies rozan el zacate, a partes aún verde, a partes seco, tengo que tener cuidado para que las piedras no se metan en mis guaraches. Los restos del casco de hacienda estan frente a mi, camino siguiendo el muro, esperando pronto encontrar una entrada. Cuando llego es de noche, la única luz proviene de las antorchas dispuestas en diferentes partes. La ex-hacienda se siente como hogar. A mi izquierda unas cuantas paredes están parcialmente derrumbadas, la pintura que se ha caido deja entrever el adobe. El suelo esta a partes empedrado y entre las piedras brota zacate verde. Hay más gente pero no puedo decir quienes son, pasan a intervalos a mi lado, no son muchos. Creo que una reunión está por comenzar, parezco saber de qué se trata. Enfrente de los muros derrumbados hay unos escalones y luego una muy pequeña explanada. Subo a ella y justo conforme voy a sentarme ahí, un hombre joven se acerca. El cabello me estorba, así que con mi mano lo quito de mi cara. Mi cabello, que llega justo a la altura de mis pechos, es quebrado y de un negro intenso que hace juego con mis ojos, no es exactamente suave. Me enderezo para escuchar lo que el hombre me va a decir, pongo mis manos en mis caderas, estoy usando un vestido rojo, la tela es suave, el vestido es como de manta, no es nuevo. Empiezo a escuchar su voz y estoy hablando con él. Nos conocemos. El tiene la piel morena, pero menos que la mía, su cabello alborotado hace juego con su barba y bigote desaliñados, su camisa blanca de manta deja gran parte de su pecho descubierto. Me sonrie conforme dice algo, pero estoy acostumbrada a que lo haga, así que la platica continua sin novedad. Detrás de mí hay una pared azul. Esta pared parece más nueva que las otras delante de nosotros. En la ex- hacienda no hay techo, podemos ver el cielo, pero en el cielo esta noche no hay estrellas, sólo nubes que las tapan. Nosotros estamos esperando, creo que esperamos que la reunión comience o a que nos manden a hablar, no es estoy segura. Unas par de mujeres se asoman por la entrada, las animo para que pasen, ellas también me conocen. Se acercan y comenzamos a platicar, lo que estamos por hacer es importante y puedo sentir la emoción crecer. Ya hemos estado en ese lugar antes, pero ahora es distinto, algo en el aire que se respira esta noche ha cambiado y nosotros estamos esperando, si cierro los ojos puede sentirlo, creo que aún sigo ahí esperando...

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Por el puente, una de estas noches

Tomas el último camión que sale de la central, sabes que tardarás al menos hora y media en llegar a ese punto, pero no tienes prisa, ya decidiste que es ahí a donde quieres llegar. El motor del camión se enciende y sientes el jaloneo, es un camión muy viejo. Antes de que el chofer arranque, una persona más le hace la parada…es un señor ya viejo, su pantalón de mezquilla tiene marcas de tierra, las manchas de su chamarra hacen juego con las de su pantalón. En la mano lleva una caja de fresas atada con un lazo, no ves su cara porque un sombrero de ala ancha la cubre. Los otros dos pasajeros del camión son una mujer de unos diecinueve años con una niña en brazos y un hombre joven con una cachucha y una sudadera demasiado grande para su tamaño. Ninguno ha volteado cuando te has subido. Conforme el camión avanza, eres consciente de cómo te alejas de la plaza, de sus tenues luces y del ruido que hace una bola de chiquillos parados en una de sus esquinas. Suspiras cuando doblan la esquina. Ya no tendrás que volver a ver aquella plaza, hace tiempo lugar tan ansiado, ahora otro lugar sombrío. Pasas por la esquina de tu casa, las luces de la sala aún están prendidas, te imaginas a todos sentados en la sala, la plática es amena, unos platican, otros ríen, aún no son las diez, así que la cena está por servirse. Pasan otra calle, el camino se te figura eterno, de pronto no lo notas y ahora estas entrando a la carretera, te das cuenta por las estrellas, ahora brillan más que antes… Tratas de contarlas pero son demasiadas, si tan sólo hubieras alcanzado a verlas desde otro lugar, en otro tiempo quizás, pero ya es tarde, ya no hay tiempo, el tiempo se te va. Las luces se han desvanecido y su lugar lo ha tomado la oscuridad, a ratos se vuelve más densa conforme los árboles crecen a los lados…el camión para y la mujer con la niña en brazos baja. Conforme bajan la niña despierta y de entre la cobija y el hombro de su mamá alcanzas a ver sus ojitos dormilones, con su manita te dice adiós, no te da tiempo de contestar, el camión reanuda su marcha. El aire revuelve tu cabello y sientes el fresco sobre tu  cara, has olvidado traer chamarra. Delante de ti puedes ver un puente, te levantas e indicas que bajas. Das las gracias al chofer, pero ha tenido un mal día y de mal humor murmura algo ininteligible. Te bajas. El camión arranca y te quedas parado en el camino hasta que las luces desaparecen. Una punzada de emoción alcanza tu pecho y te extrañas…a esta hora pareciese que regresaste treinta años en el tiempo. El aire es menos frío de lo que esperaste y entra filosamente en tus pulmones. Te paras en la orilla del puente, si te fijas bien en el rio, alcanzas a dilucidar una figura distorsionada, eres tú, o al menos lo que queda de ti. Las estrellas se reflejan en el agua y de pronto no son estrellas, son ojos y todos te miran a ti, esperan que des el paso, pero quieres pensar, pensar un poquito en todo, en el principio, en el final, en todo aquello que hiciste y en aquello que dejaste de hacer, en lo que no pudiste, en lo que intentaste, en lo que intentaste y fracasaste, en lo poco que lograste, en los sueños que olvidaste, en los sueños que recordaste y no lograste, en lo que quisiste, en lo que te dio miedo, en lo que no te dio miedo y arruinaste, en los que quisiste, en los que no te quisieron, en los que te quisieron y no quisiste, en las sonrisas que diste, en las que robaste, en un abrazo de papá y mamá, en un abrazo fuerte y eterno, en un beso, en una risa, en una mirada más intensa que un beso, en el tiempo suspendido, en algún lugar perdido, en una esperanza, en una desilusión, en aquellos que lastimaste, en los que ayudaste, en lo que dijiste, en lo que callaste, en los años, en decisiones, en un amigo, quizás dos, en tres momentos de esos que sólo no te dejan decir adiós, en canciones, en lugares, algunos que conociste y otros que soñaste conocer, en caras, tristes, contentas, algunas sinceras, otras intentando serlo…y de pronto ves todo, no por partes, todo y al mismo tiempo nada, sólo las estrellas que te hablan desde el fondo del río, invitándote a ser una de ellas. Estas colgado de la orilla del puente, y cada vez tus brazos se separan más de él…está haciendo frío y ya no pasan camiones, cuanta curiosidad por alcanzar una de esas estrellas…si tan sólo alguien robara tu atención por un instante, pero el camino está sólo y la noche aún es larga y tú, tú estás a nada de alcanzarlas…     

lunes, 10 de octubre de 2011

Would you?

Would you dare take a chance if there was only this one chance to take?
Would you take a leap of faith even when everyone’s screaming to you the a thousand and one odds?
What if you see something you’ve never seen? Would it make a difference?
Would you trust your senses and soul before making the ideas run circles through your mind?
If there was only today to risk, today to die, today to live…could you maybe throw all your preconceived ideas away and truly give in into passion and emotion? Any kind at all…
Well there are many strangers, we’re all strangers, but among all of them, there must be a stranger that somehow isn’t so…would you let him know?
If you knew nothing, if you stood at a crossroads, would you choose to go right, or maybe, just maybe, go left?
Well maybe you could, maybe you should, maybe someday it’ll be time to do so… or maybe, when you decide today is the day, it will be just a little too late.

sábado, 17 de septiembre de 2011

The missing girl : the one no one could explain


Never mind the time and place, never mind the hour of the day, never mind the why’s or the how’s…you could ask a million questions of the kind and each and every one of them would be useless, a mere routine expected to be over with after something of the kind. Nothing you’ll ever say will change what happened, no, nothing, no matter what. Oh, did I forget to mention what was it that happened? Excuse my rudeness; let me tell you about it.  
It all started the day her mouth was sown shut. The stitches were so carefully woven that none could undo them. Everything was tried, they bought the best scissors, but scissors couldn’t do the job. They asked for the sharpest knife people talked about, the one grandpa kept in the attic, but it wasn’t enough. After that, they went to see the doctor, but he, too, failed to cut and undo the stitches. After a couple of months, everyone was tired of trying. If they had only seen how close they were to figuring it out…
They decided they would give her a sketchbook and a pencil, so she could put in paper whatever it was she could no longer say. The sketchbook sat in the night table for entire days and nights until one day, when they opened the door to her room early in the morning, there were papers everywhere. Throughout the entire floor, over the sofa, on top of the piano, tangled between the curtains, flying out the window, caught in the branches of a nearby tree. Every single one of them had written one word, the exact same word. Rumors to what the word was are wide. I, for sure, can’t tell you what it was. What I know is that after that, everything changed dramatically.
For instance, the windows were bared with wooden boards, and the door carefully locked. Though the boards I could occasionally see her. She did nothing but stare. Next I knew, she had given up cloths. From the window you could see a mixture of skin and red long hair, both intertwined covering places some would’ve wished were not covered. I don’t think she covered herself on purpose, I think it was a mere coincidence.
The days passed and with each day everyone in town acted more and more normal. People seemed normal in a terrifying way. It’s hard to explain…it was almost as if they had tried so hard to ignore what was going on with her, that they had finally achieved it. I couldn’t believe it.
No one talked about her anymore. I noticed she was getting thinner and her beauty was diminishing. They had stopped feeding her regularly. Bread and water was all she ate twice a week. I felt sorry for her, but still did nothing. Time in town seemed to pass us by without even noticing. Work was hard and it had to be done with. It was getting harder for us to stop to say hello and goodbye’s came out in a more natural way each time. I no longer recognized a sunny day from one full of rain. Was it winter already or was it still autumn?  Downtown was deserted soon and the Town Hall announced another building would be built in its place. The art gallery closed its doors because no one bothered anymore in stopping by, and the radio station changed music for political and religious speeches and for propaganda about domestic articles people could easily live without but still wanted to buy. I’m guessing she somehow knew what was going on, for the last time I saw her the flame in her eyes was gone. Deep sad eyes were all I saw.    
Maybe she knew all along this would happen, maybe her silence was a sort of warning…
Whatever it was, no one will ever know. Three days after, she disappeared, vanished into thin air. The door remained locked, the windows remained bared, no holes through the floor, through the ceiling or through the walls. The room remained in perfect order. There was no explanation to how she had escaped.
People asked questions, people looked everywhere, but she was nowhere to be found…rumors circled the town for a week or two. Then, everything went back to the exact same way it all used to be.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Se vende corazón

Se vende corazón
El otro día, mientras viajaba en metro, escuché que alguien me hablaba. Al principio no pude decir quién era. Voltee a todos lados y la gente que me rodeaba parecía más muerta que viva, los labios sellados, la mirada perdida. Ninguno de ellos era dueño de esa voz, no sabía quién lo era, hasta que volvió a hablar. Me sorprendí al descubrir quién me hablaba. El sonido venía de mi pecho, para ser exactos del lado izquierdo de mi pecho. La voz en un principio era suave, casi como un murmullo, más tarde, mientras la escuchaba, me di cuenta de que era más cómo un quejido. Sentí tristeza por ella. Cuando captó mi atención la voz se identificó, se presentó cómo mi Corazón, el mismo que había estado en mi pecho durante veinte años, nueve meses y un día. Me pidió que no lo hiciera callar y que por favor lo escuchara. Al principio me dio miedo porque sé que puede hacer que haga cosas muy arriesgadas, sin embargo pensé que sólo era justo, después de todo lo había ignorado por completo un par de veces, quizás más.
Mi Corazón no se hizo esperar, enseguida me hizo saber lo que quería y esto fue lo que me dijo:
Yo, tu Corazón, necesito que escuches con mucha atención. Últimamente no me he sentido bien, ya no tengo las mismas fuerzas de antes y es por eso es que hoy, al buscar tu pulso, no podían encontrarlo. Tu pulso es casi nulo y lo es porque sufro de un cuadro de depresión mayor, por eso no puedo realizar bien mi trabajo. Te lo digo no sólo por mí, sino también por ti. Si yo dejo de funcionar, tú también lo harás. Por eso creo que es importante que prestes mucha atención a lo que te voy a decir. Mi problema lo causaron muchas cosas, estas son las más importantes:
1.       Me ignoras por completo.
Hace tiempo empezaste a tratar de hacer callar mi voz, le hacías más caso a Cerebro, que se metía en lo que no debía, en asuntos que eran más míos que de él y casi no me tomabas en cuenta. Por si fuera poco, hace una semana decidiste ignorarme por completo, incluso cuando trabajé a todo lo que daba, hiciste la parte más importante de mi trabajo a un lado y pusiste a Cerebro sobre mí, tu actuar me dejó devastado.
2.       Me explotas.
Sólo esperas de mí que bombee sangre a todo tu cuerpo y me tratas como si tan sólo fuera una cosa.
3.       No me dejas impulsarte.
Cuando trato de trabajar con Mente y de ser el motor para que sus ideas se puedan materializar, de nuevo pones a Cerebro sobre mí y a su amiga Razón.
4.       Me haces sentir culpable.
Primero no me dejas hacer lo que mejor sé hacer, que es ser el motor para que puedas hacer lo que más quieres y luego lloras porque no haces lo que más quieres. Me siento culpable por no ser capaz de ser un motor más fuerte. Mi autoestima está en el suelo, me siento como un corazón que no es capaz de hacer bien su trabajo.
5.       Me ilusionas
Primero me das muchas ideas con las que trabajar y me emociono, lato muy, pero muy deprisa y de pronto me amarras una cuerda y me haces parar de golpe. Esos tirones me han ido lastimando y esa es otra de las razones de por qué ahora bombeo sangre más lento.
6.       Quieres cambiarme
Quieres que sea más parecido a Cerebro, no estás conforme con mi forma de ser. Lo veo porque cuando yo siento algo, tratas de transformarlo en otra cosa o me das por mi lado, de nuevo, me ignoras.
7.       No me dejas expresarme
Me reprimes con toda la fuerza que te da Razón.
8.       Por último, estoy cansado y ya no aguanto verte mal, estoy cansado de verte llorar por algo que es sólo culpa tuya. Tu decidiste a quién hacerle caso, nadie te obligo, y para mi mala suerte, no me elegiste a mí. Si alejas a personas que en verdad no querías alejar y si no cumples sueños que siempre quisiste cumplir, es porque no me das mi lugar. Si no me das mi lugar, no mereces tenerme.
Por estas razones pido un cambio de cuerpo, un cambio de persona, a una menos terca de ser posible.
Después de que mi Corazón acabó de hablar, no pude hacer otra cosa más que llorar. Lloré porque me di cuenta de que tenía razón y de la pesadilla que debió ser para él aguantar un trato tan humillante. Pobre Corazón.
Entonces, volviendo al motivo inicial de este anuncio, vendo a mi Corazón.
Sé que no era necesario que explicara todo esto, pero lo hago para que, seas quien seas que lee esto, sepas que el corazón que vas a comprar es uno muy comprometido y al que le gusta mucho hacer bien su trabajo. Si lo vendo no es con fines de lucro, al contrario, lo hago porque necesito juntar el dinero suficiente para comprar un corazón artificial cuya única función sea bombear sangre al resto de mi cuerpo.  
A mi corazón ya no le gusta estar en mi pecho, le urge irse. Si te interesa comprarlo o si por algún milagro puedes enseñarme como darle su lugar y hacer que quiera quedarse conmigo, por favor comunícate al 5513974158.
No olvides, sea el caso que sea, es urgente.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Silencio ¿qué eres?

Silencio, háblame…dime qué eres, para que existes. ¿Por qué a veces te odio tanto? ¿Por qué otras te necesito?  Silencio eres un atardecer en tonos rojizos y morados, eres el viento que sopla sobre mi cara y desordena mi cabello. A veces me parece que te encuentro entre un millón de murmullos, en una fracción de segundo donde nada parece callar. Estas en los rincones a donde trato de no llegar, en el punto más oscuro donde me enfrento con todo eso a lo que le tengo miedo, estas en un viaje por las nubes, entre ellas y sobre ellas. Silencio eres felicidad y luz, eres un respiro y el abrazo que hace tanto tiempo he estado esperando. También eres mi pesadilla, mi dolor, eres lágrimas y frío, eres el sonido ahogado que sale de mi pecho y que no puedo controlar. Te encuentro en los lugares menos esperados, en los últimos rayos de sol que encandilan mi mirada a la mitad de un campo de trigo, en el sabor de la última gota de mi copa de vino tinto o del otro lado del teléfono de una llamada muy esperada. Me espías por las noches cuando olvido cerrar la ventana y observas como me quedo dormida. Me asaltas cuando despierto a medianoche y me abrazas a la mitad de una fiesta cuando siento que me ahogo y salgo a tomar un poco de aire. Silencio traes contigo a Inspiración, la ayudas a quedarse y sacas una sonrisa cuando regresas después de una larga ausencia.  Dime ¿cómo le haces? Evocas mis más ocultas pasiones y traes las ideas más exquisitas a mi mente, siembras árboles con raíces profundas, a veces sólo en mi mente, a veces entre mi mente y la de alguien más. En ocasiones el árbol que siembras da frutos, los más dulces y jugosos. Otras veces tu mismo haces que las ramas secas ardan incesantemente y luego poco a poco, se consuman. Se consumen y llegas, me atormentas y como por arte de magia de pronto me alientas. Te fascina jugar, estar en el fondo de los pozos, de esos que están a la mitad de un jardín borboteando de vida,  en el borde de las risas que te llenan de alegría y de las palabras más dulces y más difíciles de pronunciar.  De una u otra manera llegas y creas infiernos y castillos de esos que sólo existen en los cuentos de hadas… Y aún sabiendo todo esto, siento que no sé nada. Silencio, eres mi pregunta sin respuesta.    

miércoles, 24 de agosto de 2011

Sin sonido, sin color

- Gracias por venir, si, gracias – son las últimas palabras que alcanzas a escuchar como eco, casi como sueño. Los últimos dos días eso han sido, una terrible pesadilla…o eso es lo que pretendes pensar. Escuchas el motor de un carro mientras arranca pero sigues inmóvil, deberías pararte y encaminarte con los demás, pero en ti no existe siquiera la motivación para empezar a mover un músculo. Por un momento crees sentir una mano sobre tu hombro, sí, alguien toca tu hombro, puedes jurarlo. Volteas buscando su cara…contienes el aliento… tus ojos se tardan una fracción de segundo en reconocer el rostro. Decepción se dibuja en tu cara. – Te esperamos en el auto, tómate tu tiempo. – La mano abandona tu hombro y donde se encontraba, queda una calidez que hace dos noches te resignaste a perder para siempre. Dentro de ti la semilla del llanto empieza a crecer, pero tus ojos se han cansado y no pueden más, no tienes fuerzas para desahogar lo que sientes. El viento sopla y arrastra tus cabellos sobre tu cara, el frío hela tus mejillas, tu cuerpo permanece cubierto por el abrigo de piel que él te regalo la primera Navidad que pasaron juntos, verdaderamente juntos… ¿A dónde se fue el tiempo? Te preguntas. El sol hoy no ha salido y las nubes se precipitan sobre todo. Sientes a tus manos entumecer pero no consigues despegarte de ese lugar… aquel lugar lleno de lápidas que tanto solías temer es ahora el único lugar del que desearías no tener que marcharte jamás. ¿Y si ese mismo frío también él lo siente? De repente eres consciente de que esta noche no vas a poder pegarte a su cuerpo para darle calor. Una lágrima dibuja en silencio una línea hasta tu mentón. ¿Por qué tuvo que irse? No entiendes que hicieron mal, no entiendes porqué tuvo que ser él. Sin previo aviso, una fuerza que desconoces arranca un grito ahogado de tu pecho que termina dejándote de rodillas en el suelo. -Por favor, un día más…- suplicas con un hilo de voz, pero ahora sólo las lápidas pueden escucharte y no tienen una respuesta para ti. La luz del sol se ha ido y la oscuridad es apenas interrumpida por los faros de un carro. No te diste cuenta de cómo, pero ahora te encuentras en el carro, no recuerdas haber puesto un pie dentro de él, sin embargo ahí estás, en el asiento trasero y con la cabeza recargada en un vidrio empañado. Los lugares que recorren en el camino pasan frente a ti como una vieja película, sin sonido, sin color… interrumpida sólo por recuerdos que se aferran a tus pupilas como prometiendo una continuación, las gotas de lluvia que aún caen son las lágrimas que tus ojos ya no pueden llorar. El día se vistió de luto, ahora lo sabes. Deseas que el luto de Noviembre dure por siempre, que el día por siempre se vista de gris y llore contigo para algún día no tener que fingir que lo has superado y que todo está bien. Te bajas del carro y de tus labios se desprende una voz que desconoces. Das media vuelta y comienzas a subir las escaleras…puedes sentir las miradas de angustia a tus espaldas….te tiene sin cuidado. Revuelves en tu bolsa en busca de la llave, sabes dónde está, pero deseas posponer lo más posible el momento en el cual tengas que abrir la puerta y girar la manija. Encuentras las llaves, lentamente separas la que abre la reja, ahora la otra. Quizás si te demoras un poco a él le dé tiempo de regresar. Metes la llave y de repente un sonido, -crick- ya no queda más, es hora de entrar.     

lunes, 15 de agosto de 2011

Si pudiera volver a vivir...

1.       Dejaría a un lado mi reloj.
2.       Pasaría noches en mi balcón, viendo la ciudad, acompañada de un buen vino tinto.
3.       No faltaría a la escuela por sentirme triste.
4.       Me  tomaría menos enserio el portarme bien.
5.       Sostendría más la mirada de un desconocido.
6.       Aprendería italiano en lugar de ver tele.
7.       Gastaría mi dinero conociendo muchos lugares en lugar de comprando.
8.       Le robaría minutos al día para que la noche fuera más larga.
9.       Sería más sincera. No me aguantaría las ganas de hacer una llamada, de enviar un correo, de dar un beso, de decir "te quiero".
10.   Comería más helados y jugaría más en el parque.
11.   Abrazaría más a mi tío y le celebraría sus cumpleaños.
12.   Lloraría cuando me dieran ganas en lugar de hacerme la fuerte.
13.   No iría a aquel campamento.
14.   Lo  abrazaría hasta quedarnos dormidos.
15.   Dedicaría más tiempo a mi guitarra.
16.   Me reiría más.
17.   Me equivocaría más.
18.   Dejaría de tener miedo a lo que los demás pudieran decir.
19.   Le contaría a alguien mi secreto.
20.   Diría menos cosas hirientes y más cosas que construyeran.
21.   Viviría más lento cada momento.

sábado, 6 de agosto de 2011

Crónica de una pesadilla



Abrió la boca para jalar aire. La sensación de asfixia le hizo abrir los ojos. Estaba de vuelta en su cuarto, en su casa. Todo se encontraba en aparente orden. Se enderezó y se recargó en la pared, su respiración era entrecortada. Cerró los ojos para tratar de tranquilizarse, sin hacerse esperar aquella imagen interrumpió su intento. Cómo una aguja que entra firmemente en la piel, pudo sentir un dolor punzante y agudo en el pecho. Volvió a abrir los ojos. La bata de baño se encontraba en el respaldo de la silla, sus tacones, la camisa de él, el vestido de encaje y el cinto tirados por el suelo. Tomó el vaso de agua del buró y se lo tomó de un trago. Sus mejillas estaban húmedas.  Sólo los números rojos del despertador llamaban la atención en aquella oscuridad, 3:46 leyó. Intentó recordar cómo había llegado ahí, los hechos eran demasiado confusos. Cuando consiguió controlar su respiración, notó que algo más interrumpía el silencio. Otro sonido acompasado la acompañaba. A su derecha y boca abajo dormía plácidamente él. Su respiración era lenta y profunda. No pudo evitar recorrer con la mirada las facciones relajadas de su cara, los músculos de su cuello, sus hombros y las líneas suaves pero igualmente firmes de su espalda desnuda. La imagen era tortuosa en más de una manera. Las luces de un carro alumbraron el cuarto y su sonido la hizo regresar al presente. Quiso despertarlo para estar segura, pero la única respuesta que obtuvo fue un leve quejido y un movimiento que acabó por dejarla frente a su espalda. Poco a poco se hizo consciente de la realidad. Estaba en su cuarto, habían llegado algo temprano de la fiesta, 11:10 creyó recordar, ella intentó besarlo mientras se bajaba el cierre del vestido, pero sus besos eran flojos, la tomó por los hombros y besó su frente con resolución. Se quitó la ropa sin molestarse en donde quedaría y se dirigió al baño. Ella sacó de un cajón un camisón de seda, lo hizo resbalar por su cuerpo y se metió en las cobijas. Una punzada de llanto la amenazó ante la perspectiva del rechazo. Cerró los ojos y susurró algo parecido a “que descanses” mientras él se metía a la cama por el otro lado, contestando algo que debió sonar así como “tú también”. Los ojos se le llenaron de agua al recordarlo todo. Estar ahí era un alivio porque significaba que estaban juntos, él no se había marchado y ella seguía siendo quien dormía en su cama. Pero era un alivio a medias, porque era ella quien literal dormía en su cama, hacía algunas noches que era eso todo lo que hacía. Su sueño, que en realidad tenía más forma de pesadilla que de sueño, volvió a asaltarla, está vez fue capaz de discernir entre lo que en verdad sucedía y lo que simplemente era producto de su fantasía ¿en verdad era sólo eso? Se preguntó. En su mente revivió la escena de dos cuerpos desnudos, aquél que ella tenía memorizado desde la punta del dedo gordo, hasta el último cabello y uno que no conocía, una figura delgada y joven, de piel morena y de cabello largo negro azabache, no reconocía esa figura. Las risas y los susurros le enchinaron la piel, la vista de las manos que tanto añoraba, sobre aquel cuerpo desconocido, desgarraron algo en su interior…el sonido de los besos, algo amartilló. Y más tarde la forma en la que él defendía a aquella extraña, la forma en la que la miraba…le hizo dudar de que aquello en verdad fuera sólo un sueño. ¿Cómo estar segura de que lo que en ese preciso momento vivía no era en realidad el sueño y de que aquello que ella creyó soñar, no era otra cosa más que lo que en verdad era real? Contuvo el aliento. 3:51. El tiempo pasaba muy lento. Quiso que ya fuera de día, quiso que ya hubiera pasado una semana para estar en un avión rumbo a Mali, únicamente ellos dos. Trató de concentrarse con todas sus fuerzas en los números del reloj. Sin esperarlo, un brazo cubrió sus piernas y suavemente la jaló. Ella se acostó y el mismo brazo rodeó ahora su cintura. Ella se acercó a él, se acomodó lo más cerca que pudo de su corazón, en el hueco que quedó entre su pecho y su mentón. Inspiró profundo tratando de grabarse cada esencia que se desprendía de su piel y se prometió que dejaría de pensar, por lo menos durante esa noche, durante toda esa noche, tenía la certeza de sería ella quien estaría con él.

martes, 2 de agosto de 2011

Dulce olvido


Deja que el silencio se filtre por tu piel y que por tus pupilas entren los últimos rayos del sol. Permite la entrada del aire a tus pulmones y deja que tu mente te lleve a aquel lugar con o sin nombre del cual ya no quieres regresar, donde logras olvidar. Recuerda los días donde nada ni nadie te podían lastimar, entre las rejas de un parque de madera o a la orilla de la alberca donde te solías arreglar. Los años pasaran y algún día lo dejarás atrás, nada igual volverá a pasar. Deja que el viento acaricie tu cabello y que el calor te vuelva a llenar…el tiempo pasará...dulce olvido algún día llegará…  


miércoles, 27 de julio de 2011

Afuera del reloj



Cinco cuarenta y tres, las manecillas dejan de girar. Los reclamos de los relámpagos y las voces de la lluvia se unen para entrar por el balcón, sus cuerpos proyectan una sombra y tapan la luz del sol. Las calles se vacían...escenario de melancolía.  Pero dentro ya no se distingue si es de noche o de día, si ha pasado un año o un día. La intensidad de la luz varía, la emoción cambia con cada mirada, cada caricia, interminables como si fuesen ficticias. Y si cierro los ojos ahora, me vuelvo a esas llamadas horas, donde el mundo deja de ser mundo y donde mi sueño ya no es sueño, sino eterna fantasía.



     

lunes, 4 de julio de 2011

De madrugada



¡Awww! –Bosteza- una treinta y seis, pensé que sería más temprano. Sólo cinco horas más de sueño, no quiero. No debí desvelarme – cada noche se repite lo mismo pero no puede evitarlo- ¿Dónde dejé mi pijama? Hoy hará frío – Abre el primer cajón, luego el segundo y revuelve, suspira con enfado, después de voltear a su alrededor, levanta las manos con alivio y va hacia la silla junto a su cama. Jala por encima de su cabeza el suéter, la blusa, ambos encuentran el piso, sus manos desabrochan sin problema el botón de sus jeans que rápidamente resbalan por sus piernas. Tirita de frío. El brassiere la libera y queda colgando de un extremo de la cabecera. El algodón de la pijama la envuelve. Va hacia su cama. – Buenas noches Tito. – Se persigna y de un jalón destiende la cama. Se mete de un brinco y cubre hasta la nariz con el edredón. Frota sus pies, están fríos, no la dejan dormir. Los ojos le pesan y piensa en… - la luz- olvidó apagar la luz de noche. Hace demasiado frío para que se levante y su mente ya está abandonando su cuerpo. Los párpados le pesan, su respiración se vuelve lenta, lenta, más lenta aún…
El camino es largo y por ambos lados se extienden campos llenos de flores y árboles, el viento es suave y trae el olor del verano consigo- ¿Dónde queda el castillo?- Rodeado de un lago, a su izquierda aparece un castillo que antes no estaba ahí. Las torres son enormes y las luces de las ventanas se reflejan en el agua. Ahora es de noche. En el cielo hay una estrella. – Mi estrella- sonríe –Mi luna- dice una voz que reconoce y a la que al mismo tiempo no puede atribuirle un rostro. Unos dedos se deslizan entre los suyos y aprietan su mano. Ella responde con otro apretón. Tropieza con una banqueta y el mesero por poco tira el café por su culpa. Las luces son muchas. Los ojos le encandilan. El saxofonista toca una pieza de… ¿jazz? La tela del vestido rojo se enreda en la enredadera del barandal. Tiene prisa, no sabe a dónde va, pero debe llegar rápido. Cruza la calle y se detiene con el pitido de un carro, casi choca contra él. ¿Quién era ella? Piensa para sus adentros. En los vidrios de un carro estacionado ve un reflejo... En un largo vestido rojo está una persona que conoce, se ve hermosa ¿es ella? Su cabello solía ser café, ahora es negro. El viento sopla fuerte y tierra le entra en los ojos. No puede ver nada y está adentro de un remolino. La mano ¿dónde está la mano? El corazón le late deprisa y siente que está cayendo. En su cuarto, su cuerpo se exalta y suelta un suspiro. Ya no gira. En el restaurante el mismo saxofonista toca y ella espera sentada en una mesa. El reloj en su muñeca cae al suelo, lo recoge, su pelo le cubre la cara. Lo ve y las manecillas no avanzan. Un mesero susurra algo pero no puede entender, sirve champagne en una copa. – Oui, s’il vous plait Monsieur – dice ella, sin saber exactamente a que contesta o de donde ha salido eso. Desde su mesa, las luces de la ciudad se ven espectaculares. Una copa se rompe. El olor del cigarro le cala y hace que su cabeza gire. – Il á arrivé Madmoiselle- Comprende que el mesero se refiere a que él ha llegado, el pánico la toma presa, no recuerda quién es él. En el campo está tirada entre las flores y de pronto ha armado un ramo, no viste nada. Las plantas le hacen cosquillas. Ahora está de regreso en aquel restaurante. Camina rumbo a la terraza, él tiene un cigarrillo en la mano. –Te estaba esperando- escucha, ella lleva su mano, que está cubierta de un guante, a su boca, para verificar si el sonido ha salido de ella. No, su boca está cerrada. Frente a ella un hombre en un traje, alto, de piel morena y ojos cafés da un paso hacia adelante. No, sus ojos no son sólo cafés, son cafés oscuro si los miras en la sombra, miel si los miras con la luz y si es muy intensa, cerca del centro cobran un tono verdoso. Su cabello despeinado se le antoja e intuitivamente da un paso hacia adelante, conoce a ese extraño, no debía ser un extraño. Quiere decir su nombre pero los sonidos no salen de su boca. La mirada de miel ahora parece de fuego. Un lugar cálido en el frío de la torre. Las puntas de sus dedos se encuentran. Dentro una nueva pieza de música comienza a sonar, cada vez más fuerte, fuerte, más fuerte…
La luz empieza a colarse entre sus párpados, todo a su alrededor comienza a desvanecer…  

domingo, 3 de julio de 2011

Con los ojos abiertos

Eso que piensas en el fondo, eso que no quieres creer y que te empeñas en bloquear, eso es verdad. No te gusta, quieres que sea diferente, pero eso no cambia como es. Las letras están frente a ti, no trates de desordenarlas, así como las lees, así son. No cierres los ojos, ábrelos...al fin y al cabo, pienses lo que pienses nada cambia, el mensaje es uno y está claro.

sábado, 2 de julio de 2011

El problema de crecer

Así lo pienso yo, eres libre de verlo de otra manera, si sí, porfavor...quiero saber.

Finalmente tienes dieciocho años, seamos realistas, es raro que a esta edad finalmente seas la madurez de la que todos hablaron. Hoy en día, las nuevas generaciones, tenemos más miedo de ser “adultos”, como los “adultos” que conocemos y por lo tanto tus dieciocho años pueden llegar a ser todo menos maduros. No quiero llamarlos infantiles, porque no es lo que creo que sean. Yo lo definiría como un temor a olvidar la diversión y por tanto un afán a aferrarnos a nuestro niño interior. Lo sé, es un cliché, pero es lo más cercano a como lo veo. Por tanto lo voy a denominar como Regresión. En esta regresión la madurez y las decisiones inteligentes pasan a segundo plano y la etapa es dominada por rebeldía y ganas de hacer todo lo que no deberías como un adulto joven. Solemos ser rebeldes, egoístas y también algo egocéntricos. Finalmente todo se trata acerca de uno mismo y lo que uno quiere. Llevado al extremo esta etapa es muy, pero muy peligrosa, pero si pudiera controlarse y quedarse en términos medios no estaría tan mal. El problema es que eventualmente después de algún tiempo, un año, quizás dos, termina y lo hace igual de radicalmente como empezó. Resalto la palabra eventualmente porque tarde o temprano les pasa a todos.
La locura pasó y has crecido, eres una persona “madura” y un adulto ejemplar. Felicidades, lo lograste.
Lo sé, lo sé, desde antes de empezar puedo anticipar que muchos de los que me conocen van a refutar que estoy en contra de los adultos más cercanos a mí, traducción: de mis papás. Bueno, les tengo una noticia, eso no es del todo cierto. –Risas- Empezando porque cada vez me sorprendo más (y gratamente) de ver que mis papás están lejos de ser los adultos que los creía. (¿Cómo explicar que a veces soy yo la que les pide que se comporten?) Qué dirían si confieso que el origen de esta entrada de mi blog eres tú, soy yo…los adultos más cercanos que conozco.
Veamos, el problema de cumplir años no es el número en sí, es lo que representa ese número y lo que quienes nos rodean y nosotros mismos, esperamos de nosotros al cumplir cierta edad.
Yo resumo el problema de crecer de esta manera:
1.       Cambio o reducción de sueños
2.       Dificultad de imaginación
3.       Entumecimiento emocional
4.       Miedo a desafiar al sistema
5.       Consciencia de la realidad del mundo
6.       Formar parte del sistema (MUY IMPORTANTE)
Considero que los puntos anteriores están más que claros y no ha de costar demasiado trabajo el entenderlos, pero en vista de que mis planes para la tarde se cancelaron por la lluvia, voy a seguir ¿Igual y algo bueno puede salir no crees?
Cuando hablo de los sueños es sencillo. De pequeña yo quería ser espía. Pregúntame que voy a ser ahora…exacto, todo menos eso. Estoy de acuerdo que cuando somos pequeños queremos hacer muchas cosas que quizás en verdad, por ahora, son imposibles, como nadar hasta el fondo del océano sin usar un tanque de oxígeno y únicamente vistiendo un bikini, pero no todos los sueños son así de imposibles. A lo que me refiero es que cambiamos ser una estrella de Hollywood por un trabajo detrás de un escritorio. No habría problema en trabajar detrás de un escritorio si eso es lo que quisiéramos más que nada en el mundo, el problema es cuando decimos “es realmente difícil ser la mejor bailarina…mmm…ser abogado no suena mal” e inconscientemente empezamos a autoconvencernos de que nos encantaría ser abogados, porque es más “real” y factible llegar a ser abogado a una bailarina destacada a nivel mundial. Es triste. Los sueños cambian por ser muy difíciles, como querer ser astronauta, por falta de recursos o porque nos meten en la cabezota esa ridícula idea de que es muy difícil salir adelante con esa carrera y que moriremos de hambre porque muy pocos lo logran. Y así, olvidamos los sueños y los cambiamos por uno que pueda ofrecer un cheque al final de mes con muchos ceros antes del punto, o los convertimos en hobbie…uno que con el paso de los años se olvida y queda sólo para creer que un día sí hicimos lo que quisimos, queda como consuelo. Si nos falta dinero para lograrlo, llega el segundo problema, dificultad de imaginación. No sabemos qué hacer, no tenemos la menor idea, y por eso dejamos la escuela, porque no se nos ocurre ninguna forma de juntar dinero para llegar a donde queríamos. El problema de la falta de imaginación no se reduce exclusivamente a términos económicos, va más allá. Somos jóvenes, estamos de vacaciones y estamos aburridos. Y si no estamos aburridos nos reunimos para comer y tomar y más tarde reír. ¿Por qué tomamos? Que poca imaginación tenemos…Y si en lugar organizáramos una pequeña película, un cortometraje por ejemplo, sólo por diversión. Un intento por encontrar los talentos ocultos de cada quien…pero nos sentimos ridículos actuando porque sí. Y cuando vamos a ver una película muy fantástica pasa una de dos cosas, o salimos fascinados porque aunque no lo admitamos nos lleva a los juegos de cuando teníamos ocho años y a todas esas historias que nos encantaban, o salimos diciendo que fue un “choro” porque ya no podemos disfrutar el dejar vagar a nuestra mente libre un rato sin un fin más allá del simple afán de hacerlo. ¿Por qué no inventar nuestra propia manera de decir te quiero? ¿Porqué esperar a hacer cartas en San Valentín nada más? Hacer cartas solía ser divertido y hacerlo sin necesidad de una ocasión en especial aún más.
Ahora, el entumecimiento emocional proviene de varios lugares. El primero es que crecemos, abrimos los ojos y vemos lo que pasa a gente a nuestro alrededor, cosas que nos pasan a nosotros mismos y tenemos miedo. Miedo a querer a alguien, miedo a confiar, a decir lo que en verdad sentimos y que no seamos correspondidos, o a entregar algo valioso y que no lo cuiden, miedo a la decepción, al dolor de cuando algo se acaba, miedo por saber que pocas cosas son para siempre. Cuando éramos pequeños podíamos confesarle nuestro amor al vecino, decíamos te quiero cuando en verdad lo sentíamos y no nos lo guardábamos para luego, cuando creyéramos que sería mejor momento. Si veíamos un corazón roto, íbamos a tratar de pegarlo o si a nosotros nos lo rompían, buscábamos a la persona que podía pegarlo sin pensar en el orgullo que tendríamos que dejar a un lado. Siempre había tiempo para una carta o para compartir una paleta y sacar una sonrisa. Nada era dejado para luego, nada era empañado por pensar en qué pensaría determinada persona si en ese momento le decías un te quiero o si ibas y le dabas un abrazo. Conforme hemos vivido, hemos construido muros a nuestro alrededor y no significa necesariamente que hemos dejado de sentir, sólo que quizás, en algunos casos, hemos escogido fingir que no sentimos, y fingimos tan bien que llegamos a creer real nuestra propia actuación. Más tarde fingir se vuelve lo normal y lo extendemos a nuestros padres, a nuestros hermanos. Y desperdiciamos oportunidades de estar con ellos y de demostrarles que son importantes en nuestras vidas sólo por creer que nosotros no somos de ese estilo.
Otro de los síntomas es que, como poco a poco nos hemos conformado como personas que los demás admiran y consideran maduras, vamos perdiendo ese impulso que una vez nos caracterizó y comenzamos a temer el rompimiento de las reglas. Por romper las reglas no me refiero necesariamente a hacer cosas que nos pongan en riesgo, sino a pequeños detalles. Ya no vestimos como antes, reemplazamos nuestro guardarropa por ropa más elegante, sacos, corbata, faldas y tacones, frecuentamos a nuestras amistades cuando hemos cumplido con todas nuestras obligaciones (tareas, trabajo, quehaceres) cuando queda tiempo, demostramos afecto pero justo el necesario, no muy poco para que no lo malinterpreten, incluso puede ser llegar a ser falso, pero tampoco demasiado por mucho que queramos hacerlo porque ¿cómo lo tomarían? Ahora pensamos ¿Para qué cuestionar todo lo que debemos hacer si yo estoy bien así? Dejemos eso a los rebeldes e inconformistas. Cierto, cuando estamos bien no queremos cuestionar nada. Lo que debemos preguntarnos es si este estado es porque en verdad es lo mejor para nosotros o si hemos llegado a nuestro sitio de confort y lo más sencillo es permanecer en él. A esto es a lo que yo llamo miedo a desafiar al sistema, eso o te has dado por vencido.
Y en cuanto a la realidad del mundo, no significa que esté mal estar informado de lo que sucede en el mundo, al contrario. Sin embargo creo que al estar consciente de nuestra realidad no debemos POR NADA quitar uno de nuestros pies de ese lugar mágico que existe en nuestras mentes donde todo es posible y todo tiene una solución, de lo contrario corremos el grave riesgo de darnos por vencidos. Nos volveríamos negativos y olvidaríamos las ganas de luchar. Si eres de los sensibles, podrías deprimirte por ver a tu mundo como es hoy. O quizás comenzarías a creer como la mayoría, que esto no tiene solución y que lo único que tienes que hacer es ver por tu beneficio personal. ¡De niño querías cambiar el mundo! No lo olvides…
Y una vez que todos los cambios anteriores se han dado dentro de ti, sucede lo inevitable, te vuelves parte del sistema y eso, es a lo que más deberíamos temerle. Quizás esto último no es uno de los puntos que contribuye al problema, sino la consecuencia, el problema en sí, el GRAN PROBLEMA. Creo que todo lo anterior es lo que anuncia la llegada del gran problema de crecer, convertirte en uno más de los que forman parte del sistema.
Cuando menos te das cuenta, trabajas en algo que no es tan increíble como pensaste, pero te ayuda a pagar la renta de tu casa, así que está bien y si aún no trabajas, sabes que tu carrera te dará dinero para comprarte todo lo que quieres y eso para ti es suficiente. Tu tiempo libre lo empleas en ver futbol, novelas que atrofian tu cerebro o en las tan famosas redes sociales que hacen que vivas una vida virtual en lugar de una real, haciendo difícil la convivencia en persona y reduciendo las capacidades para interactuar en el mundo real. No dices te quiero, mucho menos te amo. No tomas riesgos, no te esfuerzas por nadie, sólo importas tú, al final sólo tú. Ahora haces exactamente lo mismo todos los días, con ligeras variaciones en tus días de descanso y pronto, cuando empieces a trabajar y seas mayor, pagarás la renta de tu casa, la luz, el internet, teléfono, gas, el telcel, el nextel, la comida del jefe, el regalo del socio y pronto se te habrá olvidado lo que en verdad importa. Y para colmo, serás una persona que en las comidas, en lugar de hablar de eventos alegres, hablarás del narcotráfico, de la inseguridad, de los políticos corruptos y no te darás cuenta de que eres culpable por no hacer nada. Habrás olvidado vivir.
Ése, es el problema de crecer.

viernes, 17 de junio de 2011

La última página

La última página, como siempre es la más difícil de escribir…es difícil porque sabes que el final vendrá y que no queda más. Pero es preferible saber que será la última página. La tinta de tu pluma se está agotando y por más que la sacudes sabes que pronto terminará…pero es más difícil haber escrito la última página sin siquiera sospechar que no habría más y haberla terminado con errores, con faltas de ortografía, de una manera mediocre, dejando hoyos y cabos sin atar. Escribes sin ganas, te guardas parte de lo que sientes, sabes que sientes, pero hoy no es buen día para aceptarlo y muchos menos para plasmarlo. Será real algún otro día, quedará tiempo para volverlo real y esperar una respuesta algún otro día.
Algún otro día aún no llega, han pasado meses y algún otro día se aleja. Comienzas a sospechar que escribiste la última página sin imaginar lo que ya no sucedería y que no te gustó su final. Escribiste heridas y mentiras, no dijiste la verdad, no era parte del plan. Añoras la tinta, añoras el olor del papel y el sonido que tu mano hace cuando lo roza al escribir sobre él. Empiezas otra historia, en otro tipo de papel, quizás en un cuadernillo o algo más pequeño ¿una bitácora tal vez? Pero esto es algo diferente y la última página ya se escribió y a kilómetros de aquí quedó.
El final siempre es difícil, pero es más difícil cuando te das cuenta de que llegó y a ti ni por la mente te pasó.

jueves, 16 de junio de 2011

Entonces...

               

 
Quiero ver tus ojos.
Quiero ver tus ojos cuando la tarde deje de ser tarde y los recuerdos se filtren por mis pupilas.
Cuando el sol se meta y la noche aún no llegue quiero ver tus ojos...cuando sienta la lejanía de tus manos y la ausencia de tu respiración sobre mi cara, cuando recuerde tu ausencia y ella duela quiero ver tus ojos.
Cuando el sentimiento de verano se deslice hacia un suave viento y este se vuelva más frío hasta calar mis huesos, entonces, quiero ver tus ojos.
Cuando el dorado de las hojas se convierta en una sombra gris y el tiempo se detenga en ese instante tan efímero y eterno de silencios, del ladrido de un perro, del motor de una vieja camioneta...quiero ver tus ojos.
Cuando la luz este por despedirse y aún no llegue la oscuridad, cuando no pueda dejar entrar el aire en mis pulmones, quiero ver tus ojos, en ese momento en el que el horizonte deja de ser infinito quiero verme en tus ojos.
Cuando los ríos de gente pasen a mi derecha y a mi izquierda sin detenerse a preguntar, sin molestarse en observar, sin hacerme reir o enojar, cuando a la gente se le olvide sonreir, o detenerse a mirar, quiero poder voltear y encontrarme con tus ojos.
Cuando haga frío, cuando el viento levante las hojas por el aire y todos caminen apresurados por las banquetas sin voltear a mirar atrás, cuando pasen los años, cuando sienta que me has olvidado, un día más, un día sin precedentes, del otro lado de la banqueta...quiero ver tus ojos...

Quiero ver tus ojos

Quiero ver tus ojos

Quiero ver tus ojos.

sábado, 4 de junio de 2011

Echoes of times forgotten

Piercing through the wind came the echoes of times forgotten. The worst and the best of all days had come together that one time disaster was the tonic of his life. Her name evoqued hatred, her smile was like an ancient blade beautiful and deadly, treatcherous in more than one way. He couldn't help to feel nauseated by the memory of all those days and still, in spite of himself, she was stuck in his mind...He hated her, he wanted her forgotten, forever a bad dream. But was it deep inside not all the contrary? He wanted her, he thought he'd seen a spark in her eyes and couldn't tell just yet what it was. He wanted to know...better still, he needed to know. Maybe there was more to her, but that he couldn't say. He was only certain of thing. Wether she was aware of it or not...she was evil. And that made all the difference.

viernes, 3 de junio de 2011

Casa en llamas

La casa está ardiendo, y todo lo que hay detrás de ella. Lo que inició como chispa se ha convertido en llama. ¿Cómo llegó a ser llama? Y dentro de la llama, ¿hay algo? ¿hay alguien? Escuchas gritos y sin quererlo ves sin ver. El fuego está consumiendo todo, la gente corre…escuchas las sirenas y ves mangueras por todas partes, el agua brota a chorros. Sabes que tienes que correr, hacia el fuego o lejos de él, sólo esas opciones tienes, pero el miedo te tiene congelado y tus músculos se han paralizado. Esperas sentir dolor, pero el dolor no llega, tu corazón se ha parado en un segundo infinito y no puedes esperar a que retome su curso. Esperas esa patada de adrenalina que te diga que hacer, hacia donde huir o cómo brincar dentro, pero eres reo del miedo. La gente atrapada en tu segundo infinito corre, una niña llora abrazando a su muñeca. Los gritos dentro de la casa se vuelven insoportables y de repente un golpe. Su nombre. La patada que habías esperado llegó sin avisar y sin que te dieras cuenta, tus piernas se mueven frenéticas y tus brazos las acompañan rítmicamente. No huyes de las llamas. El mundo se mueve tan lento y en tu apresurada carrera no logras hacer detenerse al río de recuerdos. Los gritos han cesado, pero no los recuerdos, no tu urgencia por ser parte de esa llama, por no perder lo que en un momento creíste intrascendental. El humo no te deja ver, pero sabes que sigue dentro de las llamas. Los bomberos te pasan con personas colgadas a sus hombros, pero cuando volteas la cabeza sin detener tu carrera puedes ver que ninguna de las personas que llevan cargadas es dueña de su nombre. El humo se cuela en tus pulmones y tus pulmones están reemplazando al oxígeno por veneno. Todo arde. Tu mismo ardes. ¿Es real? ¿Estás entre las llamas o es que las llamas están dentro de ti? ¿Importa? Eres parte de ellas y son parte de ti y si corres lejos siempre serán parte de ti y si te adentras serás por siempre de ellas. ¡Qué tontería pensar que pudiste escapar! ¡Qué no ves! ¡Nunca tuviste opción! Pero ahora quizás es tarde, quizás lo perdiste todo, quizás perdiste su nombre…no lo reconoces en ningún lugar. Una viga cae y la esquivas por apenas escasos centímetros.  Tu cuerpo se convulsiona con una tos violenta y tus ojos buscan con urgencia, aunque en vano, su rostro. El sonido de las sirenas se escucha como un eco y tú no consigues saber hacia dónde ir. El humo te ciega y las llamas, aunque sabes que tarde o temprano quemarán tu piel e incendiarán lo que queda de ti, se te antojan infinitamente cercanas. Un estruendo interrumpe tu miedo convertido en apacible ensoñación. Del otro lado del corredor la vislumbras, su mirada te toma preso y tu urgencia desaparece. El humo te envuelve, sus ojos reflejan las llamas, todo a tu alrededor arde, ya no hay oxígeno en tus pulmones...Ya no sabes, ya no importa...