Tomas el último camión que sale de la central, sabes que tardarás al menos hora y media en llegar a ese punto, pero no tienes prisa, ya decidiste que es ahí a donde quieres llegar. El motor del camión se enciende y sientes el jaloneo, es un camión muy viejo. Antes de que el chofer arranque, una persona más le hace la parada…es un señor ya viejo, su pantalón de mezquilla tiene marcas de tierra, las manchas de su chamarra hacen juego con las de su pantalón. En la mano lleva una caja de fresas atada con un lazo, no ves su cara porque un sombrero de ala ancha la cubre. Los otros dos pasajeros del camión son una mujer de unos diecinueve años con una niña en brazos y un hombre joven con una cachucha y una sudadera demasiado grande para su tamaño. Ninguno ha volteado cuando te has subido. Conforme el camión avanza, eres consciente de cómo te alejas de la plaza, de sus tenues luces y del ruido que hace una bola de chiquillos parados en una de sus esquinas. Suspiras cuando doblan la esquina. Ya no tendrás que volver a ver aquella plaza, hace tiempo lugar tan ansiado, ahora otro lugar sombrío. Pasas por la esquina de tu casa, las luces de la sala aún están prendidas, te imaginas a todos sentados en la sala, la plática es amena, unos platican, otros ríen, aún no son las diez, así que la cena está por servirse. Pasan otra calle, el camino se te figura eterno, de pronto no lo notas y ahora estas entrando a la carretera, te das cuenta por las estrellas, ahora brillan más que antes… Tratas de contarlas pero son demasiadas, si tan sólo hubieras alcanzado a verlas desde otro lugar, en otro tiempo quizás, pero ya es tarde, ya no hay tiempo, el tiempo se te va. Las luces se han desvanecido y su lugar lo ha tomado la oscuridad, a ratos se vuelve más densa conforme los árboles crecen a los lados…el camión para y la mujer con la niña en brazos baja. Conforme bajan la niña despierta y de entre la cobija y el hombro de su mamá alcanzas a ver sus ojitos dormilones, con su manita te dice adiós, no te da tiempo de contestar, el camión reanuda su marcha. El aire revuelve tu cabello y sientes el fresco sobre tu cara, has olvidado traer chamarra. Delante de ti puedes ver un puente, te levantas e indicas que bajas. Das las gracias al chofer, pero ha tenido un mal día y de mal humor murmura algo ininteligible. Te bajas. El camión arranca y te quedas parado en el camino hasta que las luces desaparecen. Una punzada de emoción alcanza tu pecho y te extrañas…a esta hora pareciese que regresaste treinta años en el tiempo. El aire es menos frío de lo que esperaste y entra filosamente en tus pulmones. Te paras en la orilla del puente, si te fijas bien en el rio, alcanzas a dilucidar una figura distorsionada, eres tú, o al menos lo que queda de ti. Las estrellas se reflejan en el agua y de pronto no son estrellas, son ojos y todos te miran a ti, esperan que des el paso, pero quieres pensar, pensar un poquito en todo, en el principio, en el final, en todo aquello que hiciste y en aquello que dejaste de hacer, en lo que no pudiste, en lo que intentaste, en lo que intentaste y fracasaste, en lo poco que lograste, en los sueños que olvidaste, en los sueños que recordaste y no lograste, en lo que quisiste, en lo que te dio miedo, en lo que no te dio miedo y arruinaste, en los que quisiste, en los que no te quisieron, en los que te quisieron y no quisiste, en las sonrisas que diste, en las que robaste, en un abrazo de papá y mamá, en un abrazo fuerte y eterno, en un beso, en una risa, en una mirada más intensa que un beso, en el tiempo suspendido, en algún lugar perdido, en una esperanza, en una desilusión, en aquellos que lastimaste, en los que ayudaste, en lo que dijiste, en lo que callaste, en los años, en decisiones, en un amigo, quizás dos, en tres momentos de esos que sólo no te dejan decir adiós, en canciones, en lugares, algunos que conociste y otros que soñaste conocer, en caras, tristes, contentas, algunas sinceras, otras intentando serlo…y de pronto ves todo, no por partes, todo y al mismo tiempo nada, sólo las estrellas que te hablan desde el fondo del río, invitándote a ser una de ellas. Estas colgado de la orilla del puente, y cada vez tus brazos se separan más de él…está haciendo frío y ya no pasan camiones, cuanta curiosidad por alcanzar una de esas estrellas…si tan sólo alguien robara tu atención por un instante, pero el camino está sólo y la noche aún es larga y tú, tú estás a nada de alcanzarlas…
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