Abrió la boca para jalar aire. La sensación de asfixia le hizo abrir los ojos. Estaba de vuelta en su cuarto, en su casa. Todo se encontraba en aparente orden. Se enderezó y se recargó en la pared, su respiración era entrecortada. Cerró los ojos para tratar de tranquilizarse, sin hacerse esperar aquella imagen interrumpió su intento. Cómo una aguja que entra firmemente en la piel, pudo sentir un dolor punzante y agudo en el pecho. Volvió a abrir los ojos. La bata de baño se encontraba en el respaldo de la silla, sus tacones, la camisa de él, el vestido de encaje y el cinto tirados por el suelo. Tomó el vaso de agua del buró y se lo tomó de un trago. Sus mejillas estaban húmedas. Sólo los números rojos del despertador llamaban la atención en aquella oscuridad, 3:46 leyó. Intentó recordar cómo había llegado ahí, los hechos eran demasiado confusos. Cuando consiguió controlar su respiración, notó que algo más interrumpía el silencio. Otro sonido acompasado la acompañaba. A su derecha y boca abajo dormía plácidamente él. Su respiración era lenta y profunda. No pudo evitar recorrer con la mirada las facciones relajadas de su cara, los músculos de su cuello, sus hombros y las líneas suaves pero igualmente firmes de su espalda desnuda. La imagen era tortuosa en más de una manera. Las luces de un carro alumbraron el cuarto y su sonido la hizo regresar al presente. Quiso despertarlo para estar segura, pero la única respuesta que obtuvo fue un leve quejido y un movimiento que acabó por dejarla frente a su espalda. Poco a poco se hizo consciente de la realidad. Estaba en su cuarto, habían llegado algo temprano de la fiesta, 11:10 creyó recordar, ella intentó besarlo mientras se bajaba el cierre del vestido, pero sus besos eran flojos, la tomó por los hombros y besó su frente con resolución. Se quitó la ropa sin molestarse en donde quedaría y se dirigió al baño. Ella sacó de un cajón un camisón de seda, lo hizo resbalar por su cuerpo y se metió en las cobijas. Una punzada de llanto la amenazó ante la perspectiva del rechazo. Cerró los ojos y susurró algo parecido a “que descanses” mientras él se metía a la cama por el otro lado, contestando algo que debió sonar así como “tú también”. Los ojos se le llenaron de agua al recordarlo todo. Estar ahí era un alivio porque significaba que estaban juntos, él no se había marchado y ella seguía siendo quien dormía en su cama. Pero era un alivio a medias, porque era ella quien literal dormía en su cama, hacía algunas noches que era eso todo lo que hacía. Su sueño, que en realidad tenía más forma de pesadilla que de sueño, volvió a asaltarla, está vez fue capaz de discernir entre lo que en verdad sucedía y lo que simplemente era producto de su fantasía ¿en verdad era sólo eso? Se preguntó. En su mente revivió la escena de dos cuerpos desnudos, aquél que ella tenía memorizado desde la punta del dedo gordo, hasta el último cabello y uno que no conocía, una figura delgada y joven, de piel morena y de cabello largo negro azabache, no reconocía esa figura. Las risas y los susurros le enchinaron la piel, la vista de las manos que tanto añoraba, sobre aquel cuerpo desconocido, desgarraron algo en su interior…el sonido de los besos, algo amartilló. Y más tarde la forma en la que él defendía a aquella extraña, la forma en la que la miraba…le hizo dudar de que aquello en verdad fuera sólo un sueño. ¿Cómo estar segura de que lo que en ese preciso momento vivía no era en realidad el sueño y de que aquello que ella creyó soñar, no era otra cosa más que lo que en verdad era real? Contuvo el aliento. 3:51. El tiempo pasaba muy lento. Quiso que ya fuera de día, quiso que ya hubiera pasado una semana para estar en un avión rumbo a Mali, únicamente ellos dos. Trató de concentrarse con todas sus fuerzas en los números del reloj. Sin esperarlo, un brazo cubrió sus piernas y suavemente la jaló. Ella se acostó y el mismo brazo rodeó ahora su cintura. Ella se acercó a él, se acomodó lo más cerca que pudo de su corazón, en el hueco que quedó entre su pecho y su mentón. Inspiró profundo tratando de grabarse cada esencia que se desprendía de su piel y se prometió que dejaría de pensar, por lo menos durante esa noche, durante toda esa noche, tenía la certeza de sería ella quien estaría con él.
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