El espejo roto se recarga sobre la pared y por milésima vez en la semana levantas la mirada para verlo. Desearías no sentirte así, desearías poder levantarte y mirarte en él, así, roto, en pedazos, quieres verte, pero algo que aún no puedes definir te jala a la cama y hace que las sábanas se prendan de tu piel. Es casi como si la cama y tú hubieran sido cosidos juntos. Te revuelves en la cama, pero moverte no se siente seguro, un movimiento en falso y habrás caído. Cierras los ojos fuertemente y te haces pequeña, acercas las rodillas y tus brazos a tu pecho, quieres que el frío se vaya para que puedas correr las cortinas de tus ojos, pero tienes miedo de que si lo haces, fuera aún sea de noche. Escuchas la lluvia ¿o la imaginas? El día es nublado. O al menos eso crees. Haces un esfuerzo consciente por enderezarte, quizás si tan sólo salieras de la cama... Con pesadez apoyas un brazo, luego el otro…espalda en la cabecera. El espejo sigue ahí. Quieres verlo, realmente quieres, pero tienes miedo. Estar así se siente raro, te sientes desprotegida, así que abrazas tus rodillas con fuerza y hundes tu cabeza en el hueco que tus brazos forman con ellas. Una lágrima cae de la punta de tu nariz. Con la manga de tu pijama la limpias. Levantas tímidamente la mirada. Sabes que jamás debiste dejar de mirar el espejo. Hace años que lo rompiste y no quisiste repararlo...hasta ahora, la verdad es que te gustaba así, con todas esas partes que le faltaban, con las figuras tan extrañas que forman los cristales rotos. Solía gustarte la forma en la que te reflejaba, como te regresaba una imagen fragmentada, una armonía que no conocías estaba escrita en aquel espejo, desde el día que se rompió y te negaste a volver a pegar los pedazos. Extrañas ver tu espejo, extrañas el espacio que le faltaba y pensar en todo lo que ahí podía ir. Ahora no sabes en qué momento decidiste escuchar a Mamá y Papá y volver a pegar todas sus partes. ¿Es que roto no se veía bien? Aún podías verte, aún servía para regresarte una imagen que te gustaba. ¿En qué momento olvidaste que roto estaba bien? Enjugas el agua que se acumula en las esquinas de tus ojos, tus pestañas están mojadas, y te paras. Das un paso y te detienes, aún hay algo que te llama a la cama, pero el espejo con todas sus partes sigue ahí, recargado en la pared y no puedes evitar pensar que se siente igual que tú, es casi como si no fuera un objeto inanimado y de inmediato le das identidad, ha dejado de ser sólo un objeto de vanidad, es algo más, y cómo a ti, tampoco le gusta lo que le has hecho. Das un par de pasos más y finalmente te detienes frente a él. Con cautela miras al frente. Una niña en pijama y con el cabello resbalando por sus hombros está de pie en el centro de la habitación. Hay algo en ella que te hace querer correr a abrazarla y sientes pena. Sientes miedo, su miedo, la observas con cuidado, puedes decir que no siempre fue así, su cara te parece familiar, cómo si la conocieras de hace tiempo, en otro lugar, bajo otras circunstancias. A través del espejo se ven los bordes donde se han pegado los pedazos faltantes. Por alguna razón que aún no alcanzas a comprender roto no era bello y bello es lo que necesitabas, o al menos eso es lo que te hicieron creer. Roto no funcionaba para ellos, los dejaste hacerlo… roto sólo funcionaba para ti. Te acercas a él y tomas el marco con ambas manos, das un paso para atrás al tiempo que lo separas de la pared. En un segundo que parece una eternidad tus dedos se abren y ves como el espejo azota contra el piso rompiéndose en mil pedazos. Algo adentro de ti se rompe. Todo a tu alrededor vuelan cristales. Levantas el espejo y una astilla se clava a tu talón haciéndolo sangrar un poco, no le prestas atención. Recargas de nuevo el espejo sobre la pared y cuando te alejas para verlo bien, ahí está, todo lo que habías estado necesitando, la imagen de la niña, la imagen incompleta y rota, rota y perfecta, justo como solía gustarte. Nada ha cambiado, la imagen en partes que te regresa te llena de una alegría vieja conocida, la comisura de tus labios empieza a curvarse hacia arriba. Alguien entra por la puerta del cuarto, es tu madre que al escuchar el sonido del espejo estrellándose contra el piso ha subido corriendo, grita al ver los cristales y las pequeñas gotitas de sangre que tu pie ha dejado sobre la madera. Tu padre entra de golpe al cuarto al escuchar el grito de tu madre, tú permaneces inmóvil observando el espejo roto. Roto funciona bien, roto es lo que quieres, roto lo que necesitas.
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