La casa está ardiendo, y todo lo que hay detrás de ella. Lo que inició como chispa se ha convertido en llama. ¿Cómo llegó a ser llama? Y dentro de la llama, ¿hay algo? ¿hay alguien? Escuchas gritos y sin quererlo ves sin ver. El fuego está consumiendo todo, la gente corre…escuchas las sirenas y ves mangueras por todas partes, el agua brota a chorros. Sabes que tienes que correr, hacia el fuego o lejos de él, sólo esas opciones tienes, pero el miedo te tiene congelado y tus músculos se han paralizado. Esperas sentir dolor, pero el dolor no llega, tu corazón se ha parado en un segundo infinito y no puedes esperar a que retome su curso. Esperas esa patada de adrenalina que te diga que hacer, hacia donde huir o cómo brincar dentro, pero eres reo del miedo. La gente atrapada en tu segundo infinito corre, una niña llora abrazando a su muñeca. Los gritos dentro de la casa se vuelven insoportables y de repente un golpe. Su nombre. La patada que habías esperado llegó sin avisar y sin que te dieras cuenta, tus piernas se mueven frenéticas y tus brazos las acompañan rítmicamente. No huyes de las llamas. El mundo se mueve tan lento y en tu apresurada carrera no logras hacer detenerse al río de recuerdos. Los gritos han cesado, pero no los recuerdos, no tu urgencia por ser parte de esa llama, por no perder lo que en un momento creíste intrascendental. El humo no te deja ver, pero sabes que sigue dentro de las llamas. Los bomberos te pasan con personas colgadas a sus hombros, pero cuando volteas la cabeza sin detener tu carrera puedes ver que ninguna de las personas que llevan cargadas es dueña de su nombre. El humo se cuela en tus pulmones y tus pulmones están reemplazando al oxígeno por veneno. Todo arde. Tu mismo ardes. ¿Es real? ¿Estás entre las llamas o es que las llamas están dentro de ti? ¿Importa? Eres parte de ellas y son parte de ti y si corres lejos siempre serán parte de ti y si te adentras serás por siempre de ellas. ¡Qué tontería pensar que pudiste escapar! ¡Qué no ves! ¡Nunca tuviste opción! Pero ahora quizás es tarde, quizás lo perdiste todo, quizás perdiste su nombre…no lo reconoces en ningún lugar. Una viga cae y la esquivas por apenas escasos centímetros. Tu cuerpo se convulsiona con una tos violenta y tus ojos buscan con urgencia, aunque en vano, su rostro. El sonido de las sirenas se escucha como un eco y tú no consigues saber hacia dónde ir. El humo te ciega y las llamas, aunque sabes que tarde o temprano quemarán tu piel e incendiarán lo que queda de ti, se te antojan infinitamente cercanas. Un estruendo interrumpe tu miedo convertido en apacible ensoñación. Del otro lado del corredor la vislumbras, su mirada te toma preso y tu urgencia desaparece. El humo te envuelve, sus ojos reflejan las llamas, todo a tu alrededor arde, ya no hay oxígeno en tus pulmones...Ya no sabes, ya no importa...
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