Despierto de madrugada a la fiel
idea de tu cuerpo atravesado sobre mi cama. Despierto a la idea de tenerte, sin
tenerte. La noche aún se extiende y sobre mi buró las manecillas se congelaron a
las 11:43 de la noche. Volteo al techo y ya puedo pronosticar los pensamientos
que correrán salvajes por mi cabeza antes de que dormite unas dos o tres veces
más con sobresaltos de que es tarde y ya debí estar de pie. Decido no pasar
otra madrugada así. La ciudad murmulla ininteligible sus historias y yo escucho
palabras aisladas que llegan a mis oídos sin sentido. Me siento en el borde de
la ventana y enciendo un cigarro.
Estoy harta de ti, de tu voz, de
tu risa, de tu manera de mirar, de lo
que no dices… de lo que quiero escucharte decir. Dejo escapar el humo para
librarme de ti, pero enseguida abandona mi cuerpo necesito inspirar el humo que
es humo y eres tú para llenarme hasta que me asfixie, hasta que seas tanto que
no pueda tenerte más. Un escalofrío me recorre y siento miedo. A la noche le
falta mucho para terminar y el miedo no piensa detenerse. Un coche pasa por la
calle iluminándola y por un instante creo que va a detenerse. No lo hace y todo
queda de nuevo entre sombras.
Ya no sé qué hacer. No tengo ni
idea de qué hacer.
<
No hay comentarios:
Publicar un comentario