jueves, 1 de agosto de 2013

Aunque sea hoy


No le cuentes tus secretos. No le cuentes de dónde vienes ni aquellas noches que sin que lo supieras grabaron en y sobre ti letras con las que escribiste tu historia. Calla esas anécdotas que mueres por contarle y mejor sonríe y asiente. Guarda en tu bolso los colores que descubriste en tu camino ahí y la canción que te regaló el pájaro desde fuera de tu ventana esta mañana mientras te arreglabas. Evita mencionar los lugares en los que has estado y las personas que de tan extraña manera te han fascinado. No le cuentes cómo las dibujas una y otra vez sobre cualquier superficie que te lo permite. Si puedes, evita hablar de los baños de madrugada y con las luces apagadas. Mantén tu boca cerrada y no menciones lo que descubriste las pasadas noches que ha llovido afuera de tu ventana. No intentes explicarle tu continuo pleito y reconciliación con la madrugada. Aléjate del fuego, no importa si es literal o metafórico, sólo olvida el tema. Sonríe y presta atención. Y a lo mejor sin que tú hables de ello, él te pregunta. Quizás sin que trates de contarle el lo sospecha o muy en el fondo ya lo sepa. Pero hazme caso, aunque sea hoy, no hables, no le cuentes lo que te digo. Probablemente mañana, pero no hoy.


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