lunes, 19 de agosto de 2013

"Después del día" o "Antes de la noche"


El sol se mete. La luna, en la distancia, amenaza con salir. Empieza a hacer frío y mi piel comienza a enfriarse. Cae la noche de la manera más impredecible, sin que me dé cuenta de que cae, sin que pueda decir en qué momento los rayos dorados desaparecen… cuando las sombras llegan y me envuelven. No puedo decir cómo pero he dejado de ser del día y soy de ese momento que no es noche, anterior a la noche… de un momento ambiguo que me deja partida sin poder explicarlo y, no obstante, me completa.
Estoy más presente de lo que en meses he estado y como si fuera la primera vez, casi toco la superficie de mi piel. Me paro de puntas y sin esfuerzo, sin que sobre mis dedos pese mi cuerpo, me asomo por detrás de mis pupilas. Quiero el azul y el morado y el negro que iluminan ese cuerpo que no soy, pero que cualquiera de estos días empiezo a ser.
El frío cobra ese olor tan peculiar que no se me ocurre describir de otra manera más que como frío y se me antoja eterno… igual y eternamente cambiante. Y así, sin la menor sospecha, soy. Soy de ese momento huidizo y al mismo tiempo congelado en el tiempo. De ése tan fugaz que suele pasar desapercibido.   
Entre estos pensamientos permanezco sentada en la azotea. Con mi piel fría y mis labios húmedos.  La noche casi llega y la luna, que todavía no es luna, detrás de tonos morados, azules y negros, comienza a susurrar.   

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