lunes, 28 de enero de 2013

Mi muñeca de porcelana



Y la rompí en cachitos, de esos tan pequeños que imaginas nunca vas a poder pegar. ¡Cuánto dolió romperla en tantos pedacitos! Ahora que la veo ahí, sobre la repisa, en fragmentos, rota y aún hermosa, pienso que quizás hubiera sido mejor dejarla como estaba, dejarla ser parte de ese mundo irreal. Respiro profundo antes de soltarme a llorar. Quisiera poder pegarla, quisiera que esas cortadas, que yo no infligí pero que hice se notaran, no existieran. Quisiera volver a verla sonriente y entera sobre la repisa viéndome con esos ojotes cafés de cristal que dicen tantas cosas sin en realidad decir nada. ¡Mi muñeca de porcelana tiene el cabello más hermoso! Jamás sabrás todos los secretos que guarda mientras sonríe, porque su sonrisa hace parecer simple arena a las perlas más hermosas del mar. Y cuando ríe, porque a veces si lo hace… o lo hacía, el sonido de su risa recuerda a un día de verano, cuando acaba de terminar la escuela y las tardes se extienden interminables como un sueño. ¡Qué cosa tan más linda es mi pequeña muñeca de porcelana! Tiene las manos más delicadas y con ellas da caricias que sanan las heridas más profundas o hace callar a las palabras más hirientes. Sus manitas son blancas y pequeñas y son el principio de un par de brazos delgados y bien formados. Sus  brazos son engañosos porque, a pesar de lo que aparentan, dan los abrazos más fuertes que he probado. Tanto que a veces parecería que podrían sostenerte por siempre. Mi muñeca de porcelana tiene las facciones más finas y cuando se necesita, mantiene una compostura que yo no podría conseguir ni siquiera si quisiera. A veces juraría que no es de este mundo porque tiene un corazón que late a un ritmo que aún desconozco, más acelerado que cualquier otro y más firme que la más firme de las montañas. Es como un caballo desbocado. Tiene esa belleza simple y sin esfuerzo que enamora y una complejidad que nadie que no haya sido caballo lograría entender. Si mi muñeca de porcelana fuera caballo, habría sido la única yegua blanca y si hubiera corrido, hubieras jurado que volaba. No es de este mundo, te digo. Es la más frágil que haya sostenido y la más fuerte, pero hoy, por mi culpa, está rota. La línea de sus labios permanece recta y aunque yo quisiera sacarle alguna mueca, no lograría nada porque no soy como ella. A veces pienso que mi muñeca de porcelana vive en una casa de espejos. Quise enseñarle mi mundo, no sabiendo que mi mundo le haría daño. Ahora la veo con ojos más vidriosos de lo normal, sus mejillas permanecen rosadas y a través de sus delicados párpados aún puedo ver una que otra pequeña vena morada, pero sus labios, sus labios ya no me dicen que habrá un mañana y eso, eso es lo que más extraño de mi hermosa muñeca de porcelana. 

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