Distance is what I feel. Distance is the one
thing I don’t know how to beat alone…the one thing I wish I could. I walk under
the cloudy sky, hands in my pockets. I get the feeling I could walk forever
thinking about where we went astray. I still don’t know the answer. In my mind,
the story starts. My room, your studio. I remember the clock and seeing its
numbers change really fast, as if it had lost its purpose. I remember not being
sure if it was day or night. I remember the feeling. I was a white cloud, that
light and that clear. I feel like I’ve fallen off my bed. The pavement is wet
and my ears are cold. I can’t forget the heat inside my chest when I was
asleep. It felt so real I doubt this is what is real. I want to go back to
sleep. I want to get back under the covers. I’m a story character out of my
book. I find I don’t like the real world as I thought I could. Is the cold
catching up with me? Do I want to laugh or cry? Most of the time when it comes
to you I no longer know. I am a knot. I imagine you in the same studio we used
to talk for hours, the same place where you made me think impossible might be
possible. You’re passing back and forth, a book here, another there. Is that
your anesthesia? I wish I wasn’t immune to it. What kind of evil spell is
this? Is it beyond my magic? I can’t beat this spell
alone. I have wondered if such a potion exists so powerful that can make me
forget and take what is left. I can’t. Even now that there is a You and a Me, sometimes joined by and, sometimes
without it, I keep remembering Us.
"Do not go where the path may lead, go instead where there is no path and leave a trail." Ralph Waldo Emerson
lunes, 9 de julio de 2012
domingo, 8 de julio de 2012
Rain
It is pouring outside my window. I wish the crystal from the windows would keep the cold outside. Every time to time a thunder will come and let me know the storm is yet to come. Some days I wish it would come already. The rain falls and it helps me sleep. It brings and takes dreams and hopes. Sometimes it brings more than it takes. Today it doesn’t feel that way. Within the sound of the rain, I hear a secret. Which will it be tonight? Am to try and hide? What am I to do this night? Am I to go outside? Dear Rain, tell me what to do next. I am already shivering by the thought of being soaked in you, almost as if I already was. For better or worse, tonight, there’s no going back.
domingo, 24 de junio de 2012
Pequeño fragmento
Un fragmento de algo en lo que estoy trabajando...
Unos rayos de sol se colaron entre sus pestañas y a través de sus párpados. Por la ventana entraba el sol en todo su esplendor. La luz le molestó. Por un instante fue consciente de su cama y de su cuarto, que una vez más, la saludaba. Había despertado. ¿Porqué carajos había despertado? Volteo a la mesita de noche y vio que aún quedaba un cuarto de la botella de vodka. Lo que quedaba del bote de antidepresivos no debió ser suficiente, tristes cinco pastillas. Quiso llorar, pero en su lugar, sólo se sintió patética. Ni eso podía hacer bien. Rodó sobre su cama y justo cuando se disponía a llevarse las manos de nuevo a la parte inferior de su vientre, sus manos tomaron otra dirección, su boca. No tuvo tiempo de pensar en lo mal que se sentía y en lo mucho que deseaba no tener que dejar ese apartamento jamás. Una sensación ácida invadió su boca y debajo de su lengua, la saliva se empezó a acumular. Como pudo aventó las sábanas y con una mano sobre sus labios corrió al lavabo. Una mezcla de agua y alcohol salió de su boca. El retortijón que sentía en su estómago ardía y dolía. Las arcadas hacían que le faltara el aire. Por poco y escupe el estómago. Después de unos cinco minutos ya no quedaba en su estómago nada que devolver y entonces su respiración comenzó a normalizarse. Cuando lo peor había pasado, fue consciente de la terrible punzada que palpitaba en su cabeza. Se recargó sobre el lavabo, una mano, luego la otra. Dejó correr el agua fría y se enjugó la boca. Luego, con ambas manos mojó toda su cara y parte de su cabello. El agua fría sobre su cara era un recordatorio. Traía y se llevaba recuerdos de una mejor época, de cuando soñaba con azucenas y la banda de la plaza por la noche, de sol y del olor a frijoles recién hechos, de la prisa por enchinarse las pestañas para salir al olor de lluvia en la calle dónde…-¡Rin!- el teléfono sonó. Volteó a la puerta, pero decidió ignorarlo. La imagen frente al espejo la atrapó. Lo que veía no era particularmente feo, pero por alguna razón que aún no lograba determinar, le huía. En algún momento llegó a concluir que, lo que más trabajo le costaba ver, eran esos ojos. Había algo en esos ojos. –¡Rin! ¡Rin rin!El teléfono volvió a sonar por segunda vez. Parecía que con más insistencia, casi como si estuviera gritando su nombre. De mal humor, pero como quien no puede evitar contestar grito –¡Ya voy!¡Que ya voy!- Se lanzó sobre la cama y levantó el auricular. – Bonjour?, Ah hola, si, no, no te preocupes, ya tengo un rato despierta – mintió – ajá, Jardin des Tuileries – dijo mientras garabateaba sobre una servilleta- ahí estaré, entonces… - la persona del otro lado del auricular ya había colgado. –Perfecto- dijo viendo el teléfono. Colgó y por unos momentos su mirada se volvió hacia las sábanas desechas y el par de almohadas como deseando poder regresar a aquel profundo sueño. Después de unos instantes y de sopesar algunas ideas, dejo salir un suspiro y hecho la cabeza para atrás. Con sus manos delgadas se deshizo de sus bragas, se puso de pie y se dirigió al cuarto de baño.
Unos rayos de sol se colaron entre sus pestañas y a través de sus párpados. Por la ventana entraba el sol en todo su esplendor. La luz le molestó. Por un instante fue consciente de su cama y de su cuarto, que una vez más, la saludaba. Había despertado. ¿Porqué carajos había despertado? Volteo a la mesita de noche y vio que aún quedaba un cuarto de la botella de vodka. Lo que quedaba del bote de antidepresivos no debió ser suficiente, tristes cinco pastillas. Quiso llorar, pero en su lugar, sólo se sintió patética. Ni eso podía hacer bien. Rodó sobre su cama y justo cuando se disponía a llevarse las manos de nuevo a la parte inferior de su vientre, sus manos tomaron otra dirección, su boca. No tuvo tiempo de pensar en lo mal que se sentía y en lo mucho que deseaba no tener que dejar ese apartamento jamás. Una sensación ácida invadió su boca y debajo de su lengua, la saliva se empezó a acumular. Como pudo aventó las sábanas y con una mano sobre sus labios corrió al lavabo. Una mezcla de agua y alcohol salió de su boca. El retortijón que sentía en su estómago ardía y dolía. Las arcadas hacían que le faltara el aire. Por poco y escupe el estómago. Después de unos cinco minutos ya no quedaba en su estómago nada que devolver y entonces su respiración comenzó a normalizarse. Cuando lo peor había pasado, fue consciente de la terrible punzada que palpitaba en su cabeza. Se recargó sobre el lavabo, una mano, luego la otra. Dejó correr el agua fría y se enjugó la boca. Luego, con ambas manos mojó toda su cara y parte de su cabello. El agua fría sobre su cara era un recordatorio. Traía y se llevaba recuerdos de una mejor época, de cuando soñaba con azucenas y la banda de la plaza por la noche, de sol y del olor a frijoles recién hechos, de la prisa por enchinarse las pestañas para salir al olor de lluvia en la calle dónde…-¡Rin!- el teléfono sonó. Volteó a la puerta, pero decidió ignorarlo. La imagen frente al espejo la atrapó. Lo que veía no era particularmente feo, pero por alguna razón que aún no lograba determinar, le huía. En algún momento llegó a concluir que, lo que más trabajo le costaba ver, eran esos ojos. Había algo en esos ojos. –¡Rin! ¡Rin rin!El teléfono volvió a sonar por segunda vez. Parecía que con más insistencia, casi como si estuviera gritando su nombre. De mal humor, pero como quien no puede evitar contestar grito –¡Ya voy!¡Que ya voy!- Se lanzó sobre la cama y levantó el auricular. – Bonjour?, Ah hola, si, no, no te preocupes, ya tengo un rato despierta – mintió – ajá, Jardin des Tuileries – dijo mientras garabateaba sobre una servilleta- ahí estaré, entonces… - la persona del otro lado del auricular ya había colgado. –Perfecto- dijo viendo el teléfono. Colgó y por unos momentos su mirada se volvió hacia las sábanas desechas y el par de almohadas como deseando poder regresar a aquel profundo sueño. Después de unos instantes y de sopesar algunas ideas, dejo salir un suspiro y hecho la cabeza para atrás. Con sus manos delgadas se deshizo de sus bragas, se puso de pie y se dirigió al cuarto de baño.
jueves, 10 de mayo de 2012
Se me acaba el tiempo
Casi es de noche y se me acaba el tiempo. Me quedé muda y no
se me ocurre que decir. Te veo del otro lado de la mesa mientras juegas con tus
dedos. Tomo la tasa de café y doy un sorbo. Te veo sobre ella. Miras distraído a
la ventana y a mí, a mí se me acaba el tiempo.
Pienso que debería sonreír y tener algo que decir, pero te
miro nerviosa y con un nudo en la garganta. ¿Cómo debo actuar cuando no consigo
quitar mis ojos del reloj? Me hace falta sacarte algunas sonrisas y detener el
tiempo en tu mirada. Necesito que me mires y que claves tu mirada. ¿Recuerdas
la llave que te di? Me hace falta enseñarte a usarla. Me hace falta
sorprenderte con miradas clandestinas y una que otra charla sencilla que al
final jamás lo resulta tanto . Me hace falta regalarte un ramo de dudas y una
caja de respuestas, unas cuantas caricias, lunas llenas y medias lunas. Noches
sin estrellas, otras llenas de ellas. Me hace falta respirarte y decir todo
diciendo nada. Me hace falta rozarte con la mirada y dejar la marca de mi
cabeza sobre tu almohada… En silencio te veo y dibujo una sonrisa que pretende
ser todo menos eso. El espejo de tu cara me regresa una media sonrisa que no
alcanza tus ojos. Suspiro. Se me acaba el tiempo.
Me hace falta hacerte pasar corajes y borrar los recuerdos
por las noches con mis manos, me hace falta pisarte mientras bailamos y tirar
la copa de vino sobre la mesa sobre la que hablamos. Me hace falta quedarme
dormida escuchando en el silencio los sonidos de tu pecho y la certeza de que al
despertar te tendré a mí lado. La tormenta comienza adentro, entre mis intestinos
y mis pulmones. No la dejo alcanzar mi cara. A falta de tus manos entre las
mías, tomo la tasa de café de nuevo. Lo hago rápido para que no notes como han
empezado a temblar. Miro hacia otro lado y trato de no pensar en todo lo que
nos falta y en aquello que me ha faltado. Dejo escapar un suspiro que se
suponía debía ser palabras. Mi suspiro llama tu atención y desde la ventana junto a la que te paras, me miras. En ese instante, me olvido del reloj y
más claro que nunca recuerdo aquello que tanto anhelo y que hasta hoy me ha faltado.
Me ha faltado besarte. El viento violentamente entra por la ventana y me
levanto de la mesa, te apresuras a cerrarla. Las campanas suenan y a mí, a mí
se me acaba el tiempo.
lunes, 7 de mayo de 2012
Ya no quiero hablar (no sirve de nada hablar)
No puedo hablar. Lo siento. No hay nada de qué hablar.
No entiendes, no sabes de qué se trata y ni siquiera
intentas imaginarlo. Vives en un mundo donde escuchan historias de tierras
lejanas con historias inimaginables, de esas que sólo se ven en las películas.
En tu mundo, esas son fantasías, cosas de otro tiempo, de sueños y pesadillas.
A veces quisiera abrirte los ojos. Me desespero por no poder enseñarte, por no
poder hacerte ver. Pero entonces pienso ¿para qué tratar? Si lo normal es no
ver ¿porqué me empeño en ver? Ya te complicas demasiado así como es. Ni
siquiera te animas a pararte de puntitas para ver, detrás de esa reja que para
ti es invisible, lo que hay del otro lado. ¿Cómo hacerte entender? Me desespero
y tiro de mi cabello y entonces recuerdo, no sirve de nada. De frente, nos
vemos, pero de pronto no estoy segura de verte más. Ni siquiera creo querer
seguir viéndote. Comienzo a volverme inmune a las miradas de insistencia y a
aquellas acusadoras. El coraje que pude haber sentido se transforma en una
especie de melancolía con cada centímetro que se parte la tierra. Tú también lo
notas. ¿Te habrás dado cuenta de que ya no te veo? A veces, por las noches o ya
entrada la tarde, me llega el arrepentimiento. No mucho, sólo un atisbo de él. Me
encantaría llevarte a mi mundo, aunque fuera por un rato y enseñarte de todo lo
que te has estado perdiendo. Si me dejaras enseñarte podría ayudarte a que
dejara de doler. Pero tenemos lenguas diferentes e incluso los ademanes que
intentamos hacer con nuestras manos tienen significados diferentes para ti que
para mí. No me entiendes. Aún sé que dices en tu idioma, pero he dejado de
entenderlo. Melancolía se apodera de mí cuando recuerdo como solía ser.
Desearía tener eso pero poder mantener esto. Tuve que elegir. Me elegí a mí. Quisiera
decirte que lo siento, pero nunca he sabido mentir.
Lejos de aquí los colores son muchos más de los que conoces.
Esas cadenas que rozan tus piernas no son normales, no en todas partes las
usan. También se habla una lengua con miradas y con silencios. Hay un lugar
donde se desconoce la palabra reloj y aquellos pocos que la conocen saben que
fue un invento, de esos que sólo existen en las películas. Quiero querer enseñarte
y olvidarme de olvidar intentar. Pero
estoy cansada y a veces peligro. A veces me siento caer en la franja que nos
separa, no para cruzar a tu lado, pero para quedarme atorada en ella. No, de
nada sirve hablar. Ya no quiero que me hagas llorar. No me gusta darme cuenta
de que ya casi no me haces dudar. Por favor sólo sonríe y asiente. Finge que
entiendes y fingiré que aún entiendo tu lengua. Que hay un lugar dónde nuestros
mundos convergen, aunque sea sólo en esos breves momentos en que nuestras tardes
se cruzan. Olvida que pertenecemos a lugares diferentes cuando me abraces y no
trates de amarrarme como ya lo has hecho. Yo olvidaré la distorsión en nuestros
espejos. Lo haré porque te quiero y no quiero querer estar lejos de ti, no
quiero sentirme bien lejos de ti…cómo estuve ayer, cómo quiero estar hoy.
domingo, 29 de abril de 2012
A la mitad del puente
Es posible- dijo mientras la
miraba – Quizás en un par de años, si no hemos envejecido demasiado, si aún
conservas esa botella de champagne y el vestido rojo que te regalé. – Sin mover
la cara, ella levantó la mirada y sus labios se movieron. – Yo también lo
esperaba, pero no siempre pasa lo que esperamos. Tú mejor que nadie lo sabe. –
Contestó él muy seguro de sus palabras. Prendió un cigarrillo y se volteo para
quedar enfrente del rio. Ella acercó los bordes de su abrigo a su cuello y cruzó
los brazos. Volteó con cuidado a verlo, él no volteo. En lugar, una bocanada de
humo salió de su boca. – ¿Vas a regresar con tu familia?- Preguntó sin verla.
Su mirada estaba fija en alguno de los barcos que navegaban por el rio. Ella
levantó sus hombros y dijo un par de palabras. Él dejó escapar una carcajada
amarga. – No sé porqué esperaba que esta vez sí supieras. – Volteó a verla y se
prendió de su mirada, ahora una mezcla de angustia y tristeza resignada se
apoderaron de sus ojos. - ¿Cómo sabré que sigues ahí? – Y por una fracción de
segundo su seguridad lo abandonó y estuvo a segundos de revocar su decisión, de
soltar el cigarrillo e ir a abrazarla para quitarle el frio. Ella, parada a un
metro de él, volteo a verlo y calló, sostuvo su mirada. Una ráfaga de viento se
lanzó sobre ellos y por poco se lleva su boina, la sostuvo con ambas manos.
Sólo un segundo y bastó para que el frio que los rodeaba regresara a sus
palabras. – Estaremos bien. – Repitió mientras se volteaba de nuevo frente al
rio. Ella le sonrió y pronuncio unas cuantas palabras, que él no escuchó, ya
estaba a kilómetros de distancia. Guardó sus palabras y trató de ver lo que él
veía. – Cuida mi abrigo – dijo con una media sonrisa mientras daba media vuelta
y se alejaba del puente.
domingo, 15 de abril de 2012
Arrogante espejo
Espejo deja de verme así. Ya estoy cansada de tus escusas y de que me regreses la imagen que me regresas. ¿Qué no ves que eres mi cárcel? ¿Por qué no muestras a esa quimera, mitad demonio, mitad ángel que se esconde detrás de mi piel? Espejo no seas tan injusto. Deja que yo vea las alas que se plegan al lado de mi espalda. Déjame ver las garras debajo de mi manicure francés. Y esos ojos ¿porqué no dejas que las llamas se asomen por ahí? no importa que se quemen mis pestañas. Tengo escamas, las siento a veces porque duelen, duelen cuando me rasco, quiero ver cómo son ¿serán de colores? Quiero ver como la piel de la palma de mis manos se rasga cuando las acaricio. Deja de regresarme esas ojeras tan horrendas como si fueran patéticas ¿acaso no ves lo que son? Son marcas, una especie de huellas de guerra que quizás podrían quedar mejor en cualquier otra parte de mi cuerpo, deja que se muestren como son, deja que sean transparentes y de ellas salgan como música las imágenes que las causaron. Espejo muestra el color de mi piel. Me huele a tierra y a veces a plantas, déjame ver el verde, el café y el tornasol de las flores y los rayos de sol, no quiero ver esa homogeneidad color piñón. ¿Quién te hizo pintarme así? ¡Qué no ves que quiero verme a mí! Espejo ¿de dónde sacaste ese cabello perfectamente peinado? ¿Y esa ropa? No sería más fácil reflejar la telaraña con trozos de ramas. Estoy segura de que mis labios no son rosados ni lisos, los siento cuando beso. Están agrietados por la sed que me mata y son rojos porque detrás de ellos duele, ardiente, mi piel viva. Espejo, no seas tan ridículo. ¡Quita esos ojos tristes que no me quedan! ¡Borra esa sonrisa detrás de la que me guardas! ¡Ya no te aguanto! Varias veces lo he pensado…lo sigo pensando ¿Y si te rompo? ¿Habría algo más además de ti que me enseñara ese ser que de humano sólo tiene un órgano? Quiero ver mi cuerpo contorneante, así como una nube, quiero ver cómo llega a cada rincón y como se disuelve, se transforma y vuelve a ser. Espejo, deja de verme así, deja de hacerlo o te juro… te juro te voy a romper.
Aniluap
Aniluap
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