Despierto de madrugada a la fiel
idea de tu cuerpo atravesado sobre mi cama. Despierto a la idea de tenerte, sin
tenerte. La noche aún se extiende y sobre mi buró las manecillas se congelaron a
las 11:43 de la noche. Volteo al techo y ya puedo pronosticar los pensamientos
que correrán salvajes por mi cabeza antes de que dormite unas dos o tres veces
más con sobresaltos de que es tarde y ya debí estar de pie. Decido no pasar
otra madrugada así. La ciudad murmulla ininteligible sus historias y yo escucho
palabras aisladas que llegan a mis oídos sin sentido. Me siento en el borde de
la ventana y enciendo un cigarro.
Estoy harta de ti, de tu voz, de
tu risa, de tu manera de mirar, de lo
que no dices… de lo que quiero escucharte decir. Dejo escapar el humo para
librarme de ti, pero enseguida abandona mi cuerpo necesito inspirar el humo que
es humo y eres tú para llenarme hasta que me asfixie, hasta que seas tanto que
no pueda tenerte más. Un escalofrío me recorre y siento miedo. A la noche le
falta mucho para terminar y el miedo no piensa detenerse. Un coche pasa por la
calle iluminándola y por un instante creo que va a detenerse. No lo hace y todo
queda de nuevo entre sombras.
Ya no sé qué hacer. No tengo ni
idea de qué hacer.
El sol se mete. La luna, en la
distancia, amenaza con salir. Empieza a hacer frío y mi piel comienza a
enfriarse. Cae la noche de la manera más impredecible, sin que me dé cuenta de
que cae, sin que pueda decir en qué momento los rayos dorados desaparecen…
cuando las sombras llegan y me envuelven. No puedo decir cómo pero he dejado de
ser del día y soy de ese momento que no es noche, anterior a la noche… de un
momento ambiguo que me deja partida sin poder explicarlo y, no obstante, me
completa.
Estoy más presente de lo que en
meses he estado y como si fuera la primera vez, casi toco la superficie de mi
piel. Me paro de puntas y sin esfuerzo, sin que sobre mis dedos pese mi cuerpo,
me asomo por detrás de mis pupilas. Quiero el azul y el morado y el negro que iluminan
ese cuerpo que no soy, pero que cualquiera de estos días empiezo a ser.
El frío cobra ese olor tan
peculiar que no se me ocurre describir de otra manera más que como frío y se me
antoja eterno… igual y eternamente cambiante. Y así, sin la menor sospecha,
soy. Soy de ese momento huidizo y al mismo tiempo congelado en el tiempo. De ése tan fugaz que suele pasar desapercibido.
Entre estos pensamientos permanezco
sentada en la azotea. Con mi piel fría y mis labios húmedos. La noche casi llega y la luna, que todavía no
es luna, detrás de tonos morados, azules y negros, comienza a susurrar.
I’ve been thinking about writing since some
time ago, but somehow always find a more urgent matter. An excuse, some might
say.
I’m sorry I hadn’t answered your past letter…
or the other six that you sent. I am doing fine. I really think so. I am doing
fine. I had my fresh new start, exactly the way I had been wanting it since so
long ago. Here no one seems to know who I am. It is refreshing to be able to
joke and smile lightly without having people talking behind my back or
wondering what is the next thing I’ll come up with. It is almost as if the last
three years didn’t belong to me. Who knows, maybe it was a dream or a distant
memory of a life I thought was mine but in the end wasn’t. I wake up every morning
and go to school with people that say hello and make fun of me with me or we
make fun of something else together. I laugh, I laugh hard. Sometimes I laugh
so hard that I almost feel like crying, but I never really do. I wonder why
that is. Mid morning my new friend and I go buy a coffee at the coffee machine
in the fourth floor. We always joke about how our loved was doomed and how it
would’ve never worked between us. Besides, he’s got a really nice girlfriend which
he loves a lot. More than once, I’ve caught myself wondering how such love might
feel. I tend to stop myself before going in too deep. I remember what you used
to tell me: Do not overthink.
I’ve been doing some progress with my writing.
Sometimes I just sit and write for hours without knowing where time went. Some
others I go out with these new people, and we drive through places I didn’t
know about with loud music and talk about life’s simple pleasures. If you were
wondering, I’m still not sure of which mine is. To answer that I have to
realize first to whom I am asking that question. That is another thing I don’t
think I know, at least not now.
Mom and Dad are doing great, and I think it is been
almost a year since we fought so bad that I had to pack my things. Dad doesn’t
yell to me anymore, and I really love him, I do. I think I am happy. I am happy
now.
Things are going good for me. I study and don’t
complain much. I haven’t had the urge to run away in a while, which is a good
thing. How have you been doing? Is the city still as bright as you expected? Do
you still let Sasha cuddle in bed with you when it starts to get cold? I miss
that little thing.
I am curious… that life you knew about, is
there any trace of it in your side of the world? I know I must be out of my
mind. I must be, because it can’t be normal to wish for that which I wanted to
get rid of. Can you keep a secret? Sometimes I secretly think I’d like to go
back. I feel like someone else with a fresh new start, with a huge future ahead…
I just wish I could feel like that someone was me. It is so strange to feel as
light as I do, and more strange it is to live like there is no past pulling me
from behind. I must’ve cut the cord that connected today to yesterday, and I
dare say it wasn’t the best choice I made. Why else would I miss her? Why would
I feel like I got hit by a bus and had my mind emptied? It is as if I had
amnesia or something with occasional sparks of a life I’m not sure was mine. I
crave to know what was of that life.
I wish I didn’t have to stop writing, because every letter I type brings me closer to remembering it. First the end, then the
middle, and back to the beginning. But it is late, and I am expected to have
dinner with everyone downstairs.
I have a whole bunch of things to tell you
about, but that’ll have to wait. Before I put down my computer, I’d like you to
know that while writing these couple of letters, I felt something. It was
my life. It wasn’t a dream. It was all my life to the very
core. Every night, every shadow and laughter and every huge disaster belonged
to me. It was all mine, and I’d give anything to have it back.
I promise I’ll try to make time to answer all
of your letters soon. Please bare with me.
Espero. Nada. Me sirven otra copa
de vino. No estoy segura de cual, ni siquiera sé si es bueno. No me importa
saber si es bueno. Doy otro trago. Nada…
Ahora el coche avanza y yo subo
el vidrio de la ventana del copiloto. La música suena fuerte, ahora más fuerte
y a mi lado una voz que canta, no es la mía, no hoy. Comienza la lluvia y mis
ojos se fijan en el parabrisas y en el ir y venir de las gotas. Juegan a
intentar llegar a mí. Busco esperando que sea a ellas a quien espero, pero no
son ellas y me desespero en mi asiento, ansiosa por llegar. ¿Por llegar a
dónde? Ya conozco ese camino, conozco esos árboles y esas casas y las curvas
que hay que hacer para llegar a dónde pretendemos llegar. Pero he estado ahí
antes y no sé si la idea de regresar me hace sentir en calma o tedio
insoportable de regresar a lo que conozco, a lo que me es familiar, a lo que me
da seguridad.
La seguridad se viste de calidez esperando que
quiera entrar y quedarme. Los recuerdos llegan de golpe, urgiéndome aceptar mi
realidad o suplicando que abra la ventana y brinque del coche antes de que sea
demasiado tarde. Mi cuerpo paralizado arde y duele, entumido no puede hacer nada, sólo espera. Algo me estira y recorre mis arterias y venas cada vez más rápido
y sospecho que si no actúo deprisa, pronto mi cuerpo inmóvil y aparentemente
relajado, va a estallar. El golpeteo del agua contra el parabrisas me pregunta
insistente la respuesta, pero no la encuentro. A mi lado desfilan imágenes
cuyos colores se disuelven intentando cobrar las formas de lo que espero, pero
mis ojos no ven más que un remolino. Un remolino cuyos colores no me alegran,
pero que sí consiguen darme nauseas. Quiero vomitar.
El carro se detiene. Casi llegamos. La puerta del carro se abre y sobre mi mano siento ese calor que me
recorre, una vez más. Sin que yo lo ordene, una de mis piernas se desliza
fuera, luego la otra y yo no sé si quiero reír o llorar.
No le cuentes tus secretos. No le
cuentes de dónde vienes ni aquellas noches que sin que lo supieras grabaron en
y sobre ti letras con las que escribiste tu historia. Calla esas anécdotas que
mueres por contarle y mejor sonríe y asiente. Guarda en tu bolso los colores
que descubriste en tu camino ahí y la canción que te regaló el pájaro desde
fuera de tu ventana esta mañana mientras te arreglabas. Evita mencionar los
lugares en los que has estado y las personas que de tan extraña manera te han
fascinado. No le cuentes cómo las dibujas una y otra vez sobre cualquier
superficie que te lo permite. Si puedes, evita hablar de los baños de madrugada
y con las luces apagadas. Mantén tu boca cerrada y no menciones lo que
descubriste las pasadas noches que ha llovido afuera de tu ventana. No intentes
explicarle tu continuo pleito y reconciliación con la madrugada. Aléjate del
fuego, no importa si es literal o metafórico, sólo olvida el tema. Sonríe y
presta atención. Y a lo mejor sin que tú hables de ello, él te pregunta. Quizás
sin que trates de contarle el lo sospecha o muy en el fondo ya lo sepa. Pero
hazme caso, aunque sea hoy, no hables, no le cuentes lo que te digo.
Probablemente mañana, pero no hoy.
No sé qué decir, no sé qué hacer.
En esta inmensa ciudad, con sus luces y su tráfico, más allá de esos edificios
y detrás de algunas rejas, ahí, en el cuarto de la cortina amarilla, estoy yo.
Sentada sobre la cama intento asomarme a la
ventana. Llueve. Llueve sin cesar como yo en el fondo desearía poder hacerlo.
Pero no lo hago. Me siento y jalo mis rodillas hacia mi pecho mientras dejo que
la imagen de las gotas resbalando por mi ventana, de ellas cayendo y haciendo
círculos cada vez más grandes en los charcos, quede grabada en mi pupila. Y
entonces me acuerdo de ti.
Eres el de los ojos cafés miel,
el de los ojos verdes tornasoles, el de ojos oscuros. Ya no sé bien quién eres,
pero sé muy bien que me dueles y que me escondí de ti lo mejor que pude.
Entiende que no me quedaba a dónde ir.
Ahora por fin despierto, despierto a ti, el de
los ojos cafés oscuros y mirada retadora. Despierto y me da miedo abrir los
ojos porque me sacudes y me desesperas. Me haces sentir tonta y con ganas de
saber mucho del mundo, de ti, de tu mundo. Me asusta como mi mente me cuenta de
ti en el rojo de los semáforos y luego como se entusiasma con el verde del
mismo semáforo en el cual, de nuevo, te me apareces. Y entonces te pienso
cuando acelero y acelero más, cada vez más y otra vez me asustas porque no
quiero dejar de acelerar.