miércoles, 28 de agosto de 2013

Otra noche, otro tú


Despierto de madrugada a la fiel idea de tu cuerpo atravesado sobre mi cama. Despierto a la idea de tenerte, sin tenerte. La noche aún se extiende y sobre mi buró las manecillas se congelaron a las 11:43 de la noche. Volteo al techo y ya puedo pronosticar los pensamientos que correrán salvajes por mi cabeza antes de que dormite unas dos o tres veces más con sobresaltos de que es tarde y ya debí estar de pie. Decido no pasar otra madrugada así. La ciudad murmulla ininteligible sus historias y yo escucho palabras aisladas que llegan a mis oídos sin sentido. Me siento en el borde de la ventana y enciendo un cigarro.

Estoy harta de ti, de tu voz, de tu risa, de tu manera de mirar, de lo que no dices… de lo que quiero escucharte decir. Dejo escapar el humo para librarme de ti, pero enseguida abandona mi cuerpo necesito inspirar el humo que es humo y eres tú para llenarme hasta que me asfixie, hasta que seas tanto que no pueda tenerte más. Un escalofrío me recorre y siento miedo. A la noche le falta mucho para terminar y el miedo no piensa detenerse. Un coche pasa por la calle iluminándola y por un instante creo que va a detenerse. No lo hace y todo queda de nuevo entre sombras.

Ya no sé qué hacer. No tengo ni idea de qué hacer.


lunes, 19 de agosto de 2013

"Después del día" o "Antes de la noche"


El sol se mete. La luna, en la distancia, amenaza con salir. Empieza a hacer frío y mi piel comienza a enfriarse. Cae la noche de la manera más impredecible, sin que me dé cuenta de que cae, sin que pueda decir en qué momento los rayos dorados desaparecen… cuando las sombras llegan y me envuelven. No puedo decir cómo pero he dejado de ser del día y soy de ese momento que no es noche, anterior a la noche… de un momento ambiguo que me deja partida sin poder explicarlo y, no obstante, me completa.
Estoy más presente de lo que en meses he estado y como si fuera la primera vez, casi toco la superficie de mi piel. Me paro de puntas y sin esfuerzo, sin que sobre mis dedos pese mi cuerpo, me asomo por detrás de mis pupilas. Quiero el azul y el morado y el negro que iluminan ese cuerpo que no soy, pero que cualquiera de estos días empiezo a ser.
El frío cobra ese olor tan peculiar que no se me ocurre describir de otra manera más que como frío y se me antoja eterno… igual y eternamente cambiante. Y así, sin la menor sospecha, soy. Soy de ese momento huidizo y al mismo tiempo congelado en el tiempo. De ése tan fugaz que suele pasar desapercibido.   
Entre estos pensamientos permanezco sentada en la azotea. Con mi piel fría y mis labios húmedos.  La noche casi llega y la luna, que todavía no es luna, detrás de tonos morados, azules y negros, comienza a susurrar.   

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lunes, 12 de agosto de 2013

Dear you



Dear you,

I’ve been thinking about writing since some time ago, but somehow always find a more urgent matter. An excuse, some might say.
I’m sorry I hadn’t answered your past letter… or the other six that you sent. I am doing fine. I really think so. I am doing fine. I had my fresh new start, exactly the way I had been wanting it since so long ago. Here no one seems to know who I am. It is refreshing to be able to joke and smile lightly without having people talking behind my back or wondering what is the next thing I’ll come up with. It is almost as if the last three years didn’t belong to me. Who knows, maybe it was a dream or a distant memory of a life I thought was mine but in the end wasn’t. I wake up every morning and go to school with people that say hello and make fun of me with me or we make fun of something else together. I laugh, I laugh hard. Sometimes I laugh so hard that I almost feel like crying, but I never really do. I wonder why that is. Mid morning my new friend and I go buy a coffee at the coffee machine in the fourth floor. We always joke about how our loved was doomed and how it would’ve never worked between us. Besides, he’s got a really nice girlfriend which he loves a lot. More than once, I’ve caught myself wondering how such love might feel. I tend to stop myself before going in too deep. I remember what you used to tell me: Do not overthink.
I’ve been doing some progress with my writing. Sometimes I just sit and write for hours without knowing where time went. Some others I go out with these new people, and we drive through places I didn’t know about with loud music and talk about life’s simple pleasures. If you were wondering, I’m still not sure of which mine is. To answer that I have to realize first to whom I am asking that question. That is another thing I don’t think I know, at least not now.
Mom and Dad are doing great, and I think it is been almost a year since we fought so bad that I had to pack my things. Dad doesn’t yell to me anymore, and I really love him, I do. I think I am happy. I am happy now.
Things are going good for me. I study and don’t complain much. I haven’t had the urge to run away in a while, which is a good thing. How have you been doing? Is the city still as bright as you expected? Do you still let Sasha cuddle in bed with you when it starts to get cold? I miss that little thing.
I am curious… that life you knew about, is there any trace of it in your side of the world? I know I must be out of my mind. I must be, because it can’t be normal to wish for that which I wanted to get rid of. Can you keep a secret? Sometimes I secretly think I’d like to go back. I feel like someone else with a fresh new start, with a huge future ahead… I just wish I could feel like that someone was me. It is so strange to feel as light as I do, and more strange it is to live like there is no past pulling me from behind. I must’ve cut the cord that connected today to yesterday, and I dare say it wasn’t the best choice I made.
Why else would I miss her? Why would I feel like I got hit by a bus and had my mind emptied? It is as if I had amnesia or something with occasional sparks of a life I’m not sure was mine. I crave to know what was of that life.
I wish I didn’t have to stop writing, because every letter I type brings me closer to remembering it. First the end, then the middle, and back to the beginning. But it is late, and I am expected to have dinner with everyone downstairs.
I have a whole bunch of things to tell you about, but that’ll have to wait. Before I put down my computer, I’d like you to know that while writing these couple of letters, I felt something. It was my life. It wasn’t a dream. It was all my life to the very core. Every night, every shadow and laughter and every huge disaster belonged to me. It was all mine, and I’d give anything to have it back.

I promise I’ll try to make time to answer all of your letters soon. Please bare with me.

Until next time.

-A.



domingo, 11 de agosto de 2013

Más nada


Espero. Nada. Me sirven otra copa de vino. No estoy segura de cual, ni siquiera sé si es bueno. No me importa saber si es bueno. Doy otro trago. Nada…
Ahora el coche avanza y yo subo el vidrio de la ventana del copiloto. La música suena fuerte, ahora más fuerte y a mi lado una voz que canta, no es la mía, no hoy. Comienza la lluvia y mis ojos se fijan en el parabrisas y en el ir y venir de las gotas. Juegan a intentar llegar a mí. Busco esperando que sea a ellas a quien espero, pero no son ellas y me desespero en mi asiento, ansiosa por llegar. ¿Por llegar a dónde? Ya conozco ese camino, conozco esos árboles y esas casas y las curvas que hay que hacer para llegar a dónde pretendemos llegar. Pero he estado ahí antes y no sé si la idea de regresar me hace sentir en calma o tedio insoportable de regresar a lo que conozco, a lo que me es familiar, a lo que me da seguridad.
La seguridad se viste de calidez esperando que quiera entrar y quedarme. Los recuerdos llegan de golpe, urgiéndome aceptar mi realidad o suplicando que abra la ventana y brinque del coche antes de que sea demasiado tarde. Mi cuerpo paralizado arde y duele, entumido no puede hacer nada, sólo espera. Algo me estira y recorre mis arterias y venas cada vez más rápido y sospecho que si no actúo deprisa, pronto mi cuerpo inmóvil y aparentemente relajado, va a estallar. El golpeteo del agua contra el parabrisas me pregunta insistente la respuesta, pero no la encuentro. A mi lado desfilan imágenes cuyos colores se disuelven intentando cobrar las formas de lo que espero, pero mis ojos no ven más que un remolino. Un remolino cuyos colores no me alegran, pero que sí consiguen darme nauseas. Quiero vomitar.
El carro se detiene. Casi llegamos. La puerta del carro se abre y sobre mi mano siento ese calor que me recorre, una vez más. Sin que yo lo ordene, una de mis piernas se desliza fuera, luego la otra y yo no sé si quiero reír o llorar.


jueves, 1 de agosto de 2013

Aunque sea hoy


No le cuentes tus secretos. No le cuentes de dónde vienes ni aquellas noches que sin que lo supieras grabaron en y sobre ti letras con las que escribiste tu historia. Calla esas anécdotas que mueres por contarle y mejor sonríe y asiente. Guarda en tu bolso los colores que descubriste en tu camino ahí y la canción que te regaló el pájaro desde fuera de tu ventana esta mañana mientras te arreglabas. Evita mencionar los lugares en los que has estado y las personas que de tan extraña manera te han fascinado. No le cuentes cómo las dibujas una y otra vez sobre cualquier superficie que te lo permite. Si puedes, evita hablar de los baños de madrugada y con las luces apagadas. Mantén tu boca cerrada y no menciones lo que descubriste las pasadas noches que ha llovido afuera de tu ventana. No intentes explicarle tu continuo pleito y reconciliación con la madrugada. Aléjate del fuego, no importa si es literal o metafórico, sólo olvida el tema. Sonríe y presta atención. Y a lo mejor sin que tú hables de ello, él te pregunta. Quizás sin que trates de contarle el lo sospecha o muy en el fondo ya lo sepa. Pero hazme caso, aunque sea hoy, no hables, no le cuentes lo que te digo. Probablemente mañana, pero no hoy.


Está lloviendo y yo estoy despierta.


No sé qué decir, no sé qué hacer. En esta inmensa ciudad, con sus luces y su tráfico, más allá de esos edificios y detrás de algunas rejas, ahí, en el cuarto de la cortina amarilla, estoy yo.
 Sentada sobre la cama intento asomarme a la ventana. Llueve. Llueve sin cesar como yo en el fondo desearía poder hacerlo. Pero no lo hago. Me siento y jalo mis rodillas hacia mi pecho mientras dejo que la imagen de las gotas resbalando por mi ventana, de ellas cayendo y haciendo círculos cada vez más grandes en los charcos, quede grabada en mi pupila. Y entonces me acuerdo de ti.
Eres el de los ojos cafés miel, el de los ojos verdes tornasoles, el de ojos oscuros. Ya no sé bien quién eres, pero sé muy bien que me dueles y que me escondí de ti lo mejor que pude. Entiende que no me quedaba a dónde ir.
 Ahora por fin despierto, despierto a ti, el de los ojos cafés oscuros y mirada retadora. Despierto y me da miedo abrir los ojos porque me sacudes y me desesperas. Me haces sentir tonta y con ganas de saber mucho del mundo, de ti, de tu mundo. Me asusta como mi mente me cuenta de ti en el rojo de los semáforos y luego como se entusiasma con el verde del mismo semáforo en el cual, de nuevo, te me apareces. Y entonces te pienso cuando acelero y acelero más, cada vez más y otra vez me asustas porque no quiero dejar de acelerar.