Cómo si en un segundo pudiera comprimirlo todo y hacerlo desaparecer. De esa manera todo deja de tener sentido. Me pregunto qué significa. Me pregunto todo y entonces me doy cuenta de que estoy harta de preguntármelo todo. Ya no me interesa tener respuestas y un minuto parece una eternidad. En esta eternidad me desvanezco. Antes me hubiera preguntado si existía, pero no hoy, hoy es diferente. Hoy me concentro en tratar de sentir mis manos, cada uno de mis dedos, mi cabeza pegada a mi cuello, mis articulaciones. Creo que también de eso soy inconsciente. Si pudiera dilucidar ese sentimiento, el saber que esas partes que están tendidas sobre mi cama están pegadas a mí y que en cierta manera también ellas son yo, quizás si lo lograra, sabría que todo va a estar bien. Por el momento ahí permanecen, inmóviles y desconectadas de la vida. De no ser por su color arena rosáceo juraría que están muertas. Mis costillas me tienen prisionera, puedo sentirlo todo atrapado ahí y tanto que duele. Estoy atrapada en mi pecho. Soy las vísceras detrás de él. Quiero ser mis brazos, mi cabeza, mis piernas. Quiero salir de entre mis costillas, y hacer a todas esas partes tendidas sobre mi cama, que verdaderamente se muevan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario