sábado, 25 de febrero de 2012

Pensar en ti

Me da miedo pensar en ti. A veces sin que lo quiera mi mente se niega a dejarte ir y entonces me asusto todavía más. Es ahí, justo ahí cuando conscientemente me obligo a alejarme de ti. Hoy tirada sobre mi cama, con el torso semidesnudo porque hace demasiado calor y aún somnolienta, pienso en ti. Es como si a ratos estuviera consciente y ratos ausente. En mi mente se forma tu silueta y cobra formas antes insospechadas. Pienso en la forma de tus manos y me imagino cómo será su piel. Tu cabello despeinado me invita a pasar mis dedos entre él. El calor es mucho, creo que empiezo a delirar. Estiro mi mano para alcanzarte y te desvaneces en el aire. Ahí está tu sonrisa de nuevo. ¿Qué será que siempre te hace sonreír? En mi mente tenía una teoría muy elaborada que justo ahora no consigo recordar. En esos breves momentos intercalados de consciencia decido que es hora de pararme, lavarme con agua fría y abrir la ventana, el estupor es demasiado… y de nuevo de entre mis ojos y mis párpados, en un segundo, se asoman un par de ojos. No sonríen, no lloran. ¿Qué será que sienten? ¿Acaso sienten? Y puedo jurar que hablo contigo. Me encantaría escuchar nuestra conversación, pero justo ahora es más como un murmullo lejano que se distorsiona con el viento y por el sonido de las olas chocando contra la orilla.  Haces señas. No consigo entender si me invitas a seguirte o si me estás diciendo adiós. Me da miedo pensar en ti.
Tirada sobre mi cama te imagino. Te dibujo una y otra vez hasta que las líneas que salen de mi mano son tan claras que empiezas a cobrar vida. Tú también, con el torso semidesnudo, permaneces inmóvil sobre mi cama. Tu mirada esta fija en algún punto del techo. La sigo para ver lo mismo que tú ves. Hay algo más allá que yo no veo. De nuevo pienso en el calor. La forma en la que tus pupilas se clavan en el techo me hace pensar que ya no existe y que has terminado por enamorarte de las nubes. Estas perdido entre las nubes. Pero el calor es demasiado, una gota de sudor escurre por la línea de mi espalda, y ya no puedo decir si te encuentras tendido junto a mi o si eres un espejismo… delirio de una incipiente enfermedad. Aprieto los ojos y sigues ahí… sea como sea, me da miedo pensar en ti.

lunes, 20 de febrero de 2012

What Us Means

The word Us is amongst the simplest there is. It requires a U and an S, it is a pronoun that, to exist, requires the word You and the word Me joined by the conjunction and. Its pronunciation is very simple too. If you say it in Spanish, you would need to pronounce an O followed by the sound of the S. It is the kind of word a three year old would know very well how to use. There really isn’t much to it.

Us is the word that’s been stuck in my mind for the last few days. It’s been circling through it in such different directions that I’ve figured out it has a lot more meanings than I thought.

Us is the intersection between Dawn and Night, the conception of twenty thousand miles all erased or suddenly realized. It is time encapsulated and forgotten. Months or years fit into days. Us is the word I so long have feared and now, in a twisted way, crave for. It is the early hours of my morning and of your beginning night. It is the movie running in front of my eyes which I can’t bring myself to stop. Us is a moment frozen in the train with me leaning over your shoulder or maybe our bodies intertwined under the covers in my bed. It is a plane ticket waiting somewhere to be bought. It is also a field touched by the sun waiting somewhere to be discovered. Us is the sound of our voices trying to make sense of this, my nervous laughter, your soothing words…
What came before Us was the idea of Me and of a He, a She, even an It. What comes after Us... well that’d be a little too much to reveal wouldn’t it?
Us would be described best as the melody I’m sure I haven’t heard yet, but which I can’t stop playing over and over in my head.

This, is You and Me.

This, is Us.  

domingo, 12 de febrero de 2012

Heaven

I could almost touch Heaven. I prayed for Hell to let me see before I caught sight of the other end. Hell wouldn’t answer. With my fingertips, I touched the clouds, and, at some point, became addicted to their softness. I didn’t mean to, and yet, one ordinary day, I found myself trying to hold on to the white of them…to their inconsistent shapes… Silly me, I should know better. 

*


domingo, 5 de febrero de 2012

Yo, yo, y ¿por qué no? después Yo.

Hoy no voy a ser la que dibuja y le da color a imágenes y momentos con palabras o la que encuentra en algo ordinario lo no tan ordinario. Hoy no voy a hablar como Aniluap. Hoy, soy Paulina.
Llevo tanto tiempo preocupándome por encontrar ese algo más y buscándolo sin tener la menor idea de que es, con la esperanza de que cuando finalmente llegara, la sensación que experimentaría sería tan indescriptible (indescriptible refiriéndose a una sensación muy vigorizante) y me haría sentir tan bien, que no tendría duda de que finalmente lo había encontrado. Qué utopía pensar así. Creo que finalmente lo encontré y el sentimiento dista mucho de parecerse remotamente a lo que creí.
No me considero egocéntrica, me digo a mi misma que no pienso en mí como una prioridad, que hay mucho más allá y sin embargo aquí estoy. Día con día se trata acerca de mí. Que si me siento mal, que si no puedo escribir porque estoy anestesiada, que si me siento vacía, que ahora encontré algo y ya no me siento vacía, que una aventura, que mis viajes, que mi arte, que mi desempeño como estudiante de medicina. Siempre se trata acerca de mí. Y justo cuando creo que no, no hago más que regresar al mismo punto. Quiero componer a mi familia, quiero ver que se lleven bien, porque si ellos están bien es más sencillo que yo también lo esté, quiero ser doctora para ayudar a los demás, pasar tiempo con mi hermana pequeña y con mis abuelas, ser una “buena” amiga, ayudar al señor a cargar sus bolsas y dar mi lunch a mi amiga del metro Graciela y a su perrito Brally… y si lo pienso, al final, me enorgullezco de haber hecho algo que me hizo sentir bien. ¡Todo sigue tratándose de mí! No logro nada si se trata de mí porque en el momento en el que algo no me haga sentir bien, probablemente lo dejaré…como hace algún tiempo quise hacer con medicina. Ayer sentí asco. ¿Por qué tiene que tratarse siempre de mí? Mis preocupaciones, que en algún momento pensé eran bien fundadas, hoy me parecen vanas. Me dio asco mi consumismo, me dieron asco mis lujos. Sentí repugnancia por haber tenido tanto cuando hay quienes no tienen poder alguno sobre su vida. Y entonces recordé mis sueños de conocer el mundo, de llegar a mejorar en mis clases de actuación y algún día poder salir en una película con una trama intrigante, quizás cine de arte. Y de nuevo me sentí vana. Me enferma pensar que mi closet está repleto de ropa que no uso porque “ya pasó de moda”, que yo como todo lo que quiero, un chocolate, una pizza, palomitas, todo lo que se me antoja, cuando hay quienes lo darían todo por tener los restos que yo sin más, muy propiamente, coloqué en la basura orgánica. Siento vergüenza de haber comprado zapatos de ciento cincuenta dólares y de haberme gastado setecientos pesos en una noche de copas. Y muchos de ustedes podrán decirme que nada de esto es mi culpa, que a mí me toco vivir de manera diferente y que no debo desaprovechar mis oportunidades. Nada cambia, no puede evitar pensar en lo egoísta que he sido. Y quizás hasta cierto punto esto también es egoísmo, estas ganas de ayudar pueden ser un reflejo de las enormes ansias que tengo por deshacerme de esta sensación de malestar que me revuelve el estómago. Necesito hacer un cambio. No veo ninguna razón para apoyar que yo tenga lo que otros no pueden tener y que yo coma lo que otros no pueden comer.
Recuerdo cuando era pequeña, solía pensar en esto todo el tiempo. Sigo preguntándome cuando dejó de ser mi prioridad… y hoy agradezco esta sensación de pesadez y que lo que yo buscaba se haya presentado de esta manera, porque si hubiera sido más felicidad…seamos realistas, felicidad no lleva a cambios, felicidad lleva a una situación estática y al conformismo. Me alegra que la sensación que tengo no sea una de felicidad.
Podría decir “no me siento bien” pero en lugar voy a decir:

Hoy, ellos tampoco se sienten bien.

viernes, 27 de enero de 2012

En la cocina, sobre la mesa.

Respira profundo y cállate. Por una vez en tu vida por favor cállate. ¿Qué no ves? A él también le cuesta estar aquí, el tampoco quiere sentir tu mirada acusadora sobre su espalda, por eso permanece sentado y se reúsa a ser él quien se pare y deje la mesa primero. Tanto así resiente esa mirada que diriges a veces y que ni cuenta te das, que prefiere soportar tu silencio que se vuelve más insoportable con el eco de tus risas y de tu voz acelerada. Apuesto a que está recordando cuando solías ser pequeña, cuando él solía ser tu héroe. Su mirada dice algo así entre “lo siento y me duele y ¿cómo lo arreglo?” y al mismo tiempo, cuando deja a sus ojos vagar perdidamente de un extremo a otro de la mesa se responde “no hay manera”. Y tú sólo callas. Sí, callar es lo que debes hacer porque un par de palabras más podrían cortar más profundo, tan profundo que el sangrado no se pueda controlar. Ya, muérdete el labio, pellízcate si quieres, pero no llores, no te atrevas, porque aunque sé que lo sientes sólo lo vas a lastimar más. Sí, también lo sé, tu silencio también lo lastima, pero esa brecha es preferible ¿no crees? Te le quedas viendo. Observas su cabeza una vez repleta de cabello, ahora casi lisa por el centro. Por la piel al lado de sus ojos se dibujan un par de carreteras difusas, del mismo tipo de las tres que están bien construidas en su frente. Te preguntas si alguna vez él podrá sentir que lo quieres de la manera en la que él te quiere, porque aunque él jure que tú mirada es resentimiento, no es otra cosa que el dolor post conflicto que viene de la impotencia. Impotencia de saber que hay una red, delgada y al mismo tiempo increíblemente fuerte, que no lo deja sentir, que no te deja sentir y que los separa. Ves sus ojos cansados y te preguntas si tendrás tiempo de cortar la malla. Si descubrirás el secreto de cómo se hace antes de que sea demasiado tarde. Los músculos de tu espalda se tensan y te delatan, quieres pararte y abrazarlo, pero no puedes. Sabes que si lo haces él pensara que el calor de tus brazos es el de un fuego artificial, así que te limitas a jugar con tu anillo. Y así, en silencio, batallas con el impulso de correr y sentarte en sus piernas como solías hacer hace años, mientras él, en silencio y poco a poco, va perdiendo su esperanza. 

Caught

I got myself caught between nine and ten. Between the second and fifth wagon, somewhere amidst the smell of hairspray and wrists turning to check on Time. There, with a bioquemistry book in one arm and grasping a tube with the other, I stood.


It was one of those days, the kind where nothing goes as planned. I was, as usual, running late. My Rue 21 perfume was still clinging to my nose and got mixed with that of man that hadn’t showered making my stomach flinch. The wagon doors opened and about eight or ten persons came in. As I was to apply my wine colored lipstick a robust woman tripped and pushed me sideways, making me draw a bloodlike line across my cheek. As I could I managed to pull out a tissue from my handbag and clean my face. The lipstick fell to the floor and rolled over a girl’s backpack. I picked it up as best I could. Deep breath. Fixed my hair and stood firm as the woman in high heels and purple flowered skirt made her way out of the crowd. More people came in and pushed me against the doors. I looked up to the plastic window. With a backpack hanging from his right shoulder and a loose sweater, he stood. The doors had closed inches before him, leaving him to wait for the next train. His lips moved, and I read them as they said “Hi”. I hiyed him back. His lips drew something similar to a smile. I giggled and looked away, but the train didn’t restart its march immediately. I stared again. He no longer smiled. I, then, became serious. Instead, he drew his hand to the window. His eyes flew from me, to his hand, and back to me. No thoughts crossed my mind…my hand seemed to have life of its own and left my side to touch the plastic window. I stared at my hand…I stared at his, then into his deep brown eyes. A noise came from somewhere far away and without any warning I started moving. My hand refused to the leave the window. His eyes followed mine. Then, slowly, his hand returned by his side.  


I got myself caught between nine and ten. Between the second and fifth wagon, somewhere amidst the smell of hairspray and wrists turning to check on Time. There, with a bioquemistry book in one arm and with a hand leaning over a window, I stood. 

viernes, 13 de enero de 2012

Yo (Pegada a mí)

Anoche soñé que me ahogaba. Soñé que el agua empezaba a entrar en mis pulmones, poco a poco me fui quedando sin aire, pero no sentía ansiedad, tampoco sentía miedo. Me ahogaba, pero no moría. He estado tanto tiempo estática, tanto tiempo estancada, anestesiada y pegada a mí, a mis huesos y a mi piel, aferrada a mis vísceras, que olvidé el sentimiento de sentirme aire.  En una forma que me cuesta explicar, el agua que inundó mis pulmones acabó con mi existencia, mató a mi cuerpo, adiós belleza, adiós juventud. Con cada milímetro que se adentraba en mí, conforme agotaba mis latidos y la luz en mis ojos, me regresaba a la vida. Aún puedo ver a mi cuerpo en el fondo del lago, burbujas de aire escapan por los huecos en mi nariz y de mi boca semiabierta, así escapa él, así escapan las voces que taladran mi mente. La cosa más bella sucede cuando mi corazón, latido por latido empieza a retrasarse y a debilitarse hasta que súbitamente llega a un tun que termina tan seguramente como empezó. Resuena a través del agua…la lucha cesa y entonces, en ese preciso instante, vuelvo a ser.