Hoy no voy a ser la que dibuja y le da color a imágenes y momentos con palabras o la que encuentra en algo ordinario lo no tan ordinario. Hoy no voy a hablar como Aniluap. Hoy, soy Paulina.
Llevo tanto tiempo preocupándome por encontrar ese algo más y buscándolo sin tener la menor idea de que es, con la esperanza de que cuando finalmente llegara, la sensación que experimentaría sería tan indescriptible (indescriptible refiriéndose a una sensación muy vigorizante) y me haría sentir tan bien, que no tendría duda de que finalmente lo había encontrado. Qué utopía pensar así. Creo que finalmente lo encontré y el sentimiento dista mucho de parecerse remotamente a lo que creí.
No me considero egocéntrica, me digo a mi misma que no pienso en mí como una prioridad, que hay mucho más allá y sin embargo aquí estoy. Día con día se trata acerca de mí. Que si me siento mal, que si no puedo escribir porque estoy anestesiada, que si me siento vacía, que ahora encontré algo y ya no me siento vacía, que una aventura, que mis viajes, que mi arte, que mi desempeño como estudiante de medicina. Siempre se trata acerca de mí. Y justo cuando creo que no, no hago más que regresar al mismo punto. Quiero componer a mi familia, quiero ver que se lleven bien, porque si ellos están bien es más sencillo que yo también lo esté, quiero ser doctora para ayudar a los demás, pasar tiempo con mi hermana pequeña y con mis abuelas, ser una “buena” amiga, ayudar al señor a cargar sus bolsas y dar mi lunch a mi amiga del metro Graciela y a su perrito Brally… y si lo pienso, al final, me enorgullezco de haber hecho algo que me hizo sentir bien. ¡Todo sigue tratándose de mí! No logro nada si se trata de mí porque en el momento en el que algo no me haga sentir bien, probablemente lo dejaré…como hace algún tiempo quise hacer con medicina. Ayer sentí asco. ¿Por qué tiene que tratarse siempre de mí? Mis preocupaciones, que en algún momento pensé eran bien fundadas, hoy me parecen vanas. Me dio asco mi consumismo, me dieron asco mis lujos. Sentí repugnancia por haber tenido tanto cuando hay quienes no tienen poder alguno sobre su vida. Y entonces recordé mis sueños de conocer el mundo, de llegar a mejorar en mis clases de actuación y algún día poder salir en una película con una trama intrigante, quizás cine de arte. Y de nuevo me sentí vana. Me enferma pensar que mi closet está repleto de ropa que no uso porque “ya pasó de moda”, que yo como todo lo que quiero, un chocolate, una pizza, palomitas, todo lo que se me antoja, cuando hay quienes lo darían todo por tener los restos que yo sin más, muy propiamente, coloqué en la basura orgánica. Siento vergüenza de haber comprado zapatos de ciento cincuenta dólares y de haberme gastado setecientos pesos en una noche de copas. Y muchos de ustedes podrán decirme que nada de esto es mi culpa, que a mí me toco vivir de manera diferente y que no debo desaprovechar mis oportunidades. Nada cambia, no puede evitar pensar en lo egoísta que he sido. Y quizás hasta cierto punto esto también es egoísmo, estas ganas de ayudar pueden ser un reflejo de las enormes ansias que tengo por deshacerme de esta sensación de malestar que me revuelve el estómago. Necesito hacer un cambio. No veo ninguna razón para apoyar que yo tenga lo que otros no pueden tener y que yo coma lo que otros no pueden comer.
Recuerdo cuando era pequeña, solía pensar en esto todo el tiempo. Sigo preguntándome cuando dejó de ser mi prioridad… y hoy agradezco esta sensación de pesadez y que lo que yo buscaba se haya presentado de esta manera, porque si hubiera sido más felicidad…seamos realistas, felicidad no lleva a cambios, felicidad lleva a una situación estática y al conformismo. Me alegra que la sensación que tengo no sea una de felicidad.
Podría decir “no me siento bien” pero en lugar voy a decir:
Hoy, ellos tampoco se sienten bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario