Me cansé de buscarte por las calles y de mis sueños de libertad. Me cansé de paisajes desconocidos y de descifrar lenguas extrañas. Me cansé de las muecas familiares en rostros desconocidos... De la vida vertiginosa y al límite siempre y todos los días. Me cansé de correr del momento en el que vivía para llegar al siguiente en el que debía estar. De mi independencia fingida y de sus ansias por dejar de ser. Y yo no sé cómo pasó, pero de pronto tuve suficiente de hojas naranjas y cafés cayendo de las ramas de árboles secos, de trenes rápidos, de las luces que todo cubrían y volvían bello. De pensarlo cuando lo que debía hacer era guardarlo para luego... De la añoranza no tan secreta cuando finalmente había logrado alejarme... Y extrañé la melancolía que pasaba frente a mi ventana todos los días a las seis, el sabor de su café y las voces viejas conocidas que antes no podía soportar. Y así se me ocurrió que quizás no era necesario cruzar el mar, que quizás bastaban un café y un libro en algún café perdido en la ciudad ... Quizás una caminata por el lago cuando ya cae la tarde o una copa de vino en la azotea. Y ni siquiera tuve que pensarlo... Moría por regresar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario