domingo, 25 de enero de 2015

Aquí

Es el silencio el que aveces no me deja estar. Mi cabeza empieza a dar vueltas y sin que lo sospeche, de pronto empiezo a hiperventilar. Las imágenes comienzan a amontonarse, una a una, contándome una historia que se desvanece antes de empezar. Y entonces lo siento. Es un domingo por la tarde y el teléfono no suena como solía hacerlo y esa conocida ansiedad que ya había despedido, comienza a reptar por debajo de la puerta obligándome a  brincar a la cama en la esperanza de que sólo esté de paso y de que si no pienso en ella lo suficiente, se irá... Pero no pasa. 
El blanco de las paredes comienza a oscurecerse y pienso que debo estar loca, porque afuera aún es de día. Siento como mis manos quieren empezar a temblar. Abro otra caja y tomo el marco que está cubierto en periódico. Lo desenvuelvo intentando no prestar atención a la foto que hay en él, porque tengo miedo de verlo y de que si lo hago, aquel momento quede como un recuerdo de algo que solía ser y que ya no volverá. Respiro profundo. 
Entonces trato de concentrarme en la música y en las cajas que se amontonan en mi alrededor, pero no puedo. No puedo sacarme de la cabeza las palabras que flotaban en el aire cuando debía decir algo y no lo hizo, y me angustio y me da miedo y quiero salir de la casa y encontrarme con el sol y con otro día que no es hoy en un lugar que no es aquí. No pasa. 
... Sigo aquí. No puedo irme de aquí. 


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