Luz mía ¿dónde te has metido? Dónde… que no veo esos hoyitos
en tu carita cuando ríes, o las miraditas que sacan el rojo de mi piel. Sol
mío, no te me vayas que me quedo a oscuras y ciega a medias. A medias porque ya
no te veo y sin embargo, sin ti veo la realidad completa. Ciega a medias estoy,
sin ser capaz de ver del todo, sin ser capaz de no ver, sin ser capaz de soñar,
así como viejo que muere antes de morir, si te vas estoy. Como río de verano
llegas y te llevas todo aquello que no fue bueno. Te llevas todo lo malo, lo
seco y lo áspero. Así, como a rayos, traes suspiros que florecen en las cuencas
de mi vida. Quédate un poco más y toma mi mano; desliza tus dedos entre mi mano
delgadita y un poco huidiza. Vamos a
pasear a aquellos escondites de los que sólo sabemos nosotros dos. Espera a que
a no te vea y despeina mi cabello eternamente despeinado. ¡Ay cómo me siento débil
y como niña chiquita! Mi Luz eterna, no te vayas a otros campos que todavía no
es hora, todavía no llega la brisa de la noche que ya me cala sin conocerla.
Mejor ven y sácame otra sonrisa, ríete conmigo un rato y hazme entender como le
haces tú para que te quiera sin razón y sin prisa, perdiéndome a ratos. Y si
aceptas quizás te proponga un trato, así mientras me acomodo en tus brazos, en
una de esas, sin que sepas ni como, ni cuando, te regreso esos colores que no
sabes que me has mostrado.
Dedicado a mi primer amor, tan puro e inocente y a mi último
amor, que será el que me recuerde cómo se siente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario