domingo, 30 de septiembre de 2012

Me dueles


Me dueles a toda hora, desde antes de abrir mis ojos por la mañana, desde antes de estar consciente de que estoy por despertar, me dueles. Me dueles por la mañana cuando mi cuerpo desnudo amanece frío porque le falta el calor de tu cuerpo, cuando estiro mi mano al otro lado de la cama y me doy cuenta de que el espacio es todo mío. Me dueles con las luces de la ciudad y los tonos rosas, morados y naranjas del cielo, con la música que sale de las bocinas del carro o con el olor a lluvia de la noche anterior…me dueles. Me dueles entre los corredores llenos de gente, también entre los vacíos. Me dueles en las caras de los extraños del metro y en la sonrisa del chico que me mira desde hace rato y que no eres tú. Me dueles con las palabras tiernas y románticas de mi amigo, con cada abrazo y cada beso, aún me dueles. Me dueles en mi habitación vacía, me dueles a la hora de la comida, cuando las palabras brotan de sus bocas y ninguna de ellas es la tuya. Cuando me topo con un pájaro que al verme decide volar, cuándo me encuentro con un buen libro que te podría enseñar o en un pasillo vacío de la biblioteca, me dueles. Me dueles como las rosas muertas que hace un mes tiré a la basura o como las rosas también muertas que aún descansan sobre mi escritorio. Me dueles con el olor de mi vela favorita, cuando apago las luces y cuando las prendo. Me dueles como me duele el boleto de avión que compré y nunca usé, como el viaje que planeamos y nunca sucedió, como la película que me recomendaste y nunca vi. Me dueles al ver las paredes como la promesa que ahí grabé y como la que colgué. Me dueles como la noche más fría, como la Navidad más sola y oscura, como un millón de dagas clavándose una a una y lentamente en mi pecho. Me dueles como me dolió mi Tío cuando se fue. Así de mucho me dueles. Me dueles desde que amanece hasta que anochece y cada hora que transcurre entre eso. Me dueles cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo de cada minuto, me dueles.   


sábado, 29 de septiembre de 2012

Things I don't like


  1. The sound of high heels
  2. Electric storms
  3. Sunday afternoons
  4. Waiting to hear my phone
  5. Seeing Zafi's beautiful eyes sad
  6. The ending of stories
  7. Abbreviations when writing
  8. Expiriencing the subway
  9. Having cold feet at night
  10. An empty house

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Incesante

La función ha terminado antes de lo esperado y en la calle, iluminada por faros, se alinean uno a uno los autos que van a recoger a aquellos que decidieron ir a verte. Observas las pláticas animadas, la manera en la que se ríen, como se mueven sus bocas, la manera sutil en la que ella susurra algo a su oído, cómo ellos prenden sus cigarros, el gesto sutil y no tan sutil de cubrir unos hombros desnudos con un saco demasiado grande para ellos, la atención de unas cuantas cautivada por la conversación de uno y al final, todos ellos, esperando… Observas desde la puerta del callejón por la cual, normalmente escaparía la luz, pero esta vez tú la has apagado. La gente comienza a dispersarse, pero ellos no, ellos permanecen. La luz de los focos de la función iluminan sus estilizadas figuras entaconadas y cubiertas por vestidos rojos, blancos y una falda negra y a aquellas que se paran a sus lados, fuertes, seguros, gentiles o no tan gentiles. Uno de ellos saca su mano del bolsillo de su saco y acerca su muñeca para ver la hora. Enseguida voltea a la entrada del teatro buscando a alguien. Te busca a ti. Una de ellas lo nota y voltea su mirada al mismo sitio. También ella te busca. Te buscan y te esperan, pero no siempre a ti. Ansían la presencia de miradas coquetas y gestos agraciados, la risa despreocupada y los comentarios atinados. Esperan ocurrencias e historias que al final sólo son eso, historias. Buscan a labios rojos y ojos casi negros, cigarro en mano y perfume Chanel, pero no te esperan a ti. Mientras observas el silencio que te rodea, te acaricia y ahora hace más que convencerte. Toma tu mano y te encamina. La asfixia y el llanto se quedan suspendidos afuera, aferrados a la puerta, tus labios rojos y ojos negros colgados frente al espejo y las rosas que llevabas en la mano dejan un sendero de pétalos a tu paso, desde los escalones hasta el final del callejón, donde cae el ramo… o lo que queda de él. Caminas entre los autos y eres vagamente consciente del claxon de un carro y del chirrido de sus llantas. Eres consciente de unas luces que iluminan tu cara y te ciegan, de unas voces que te gritan ¿qué gritan? Sigues, no te detienes, tus pies duelen, te agachas y arrancas los zapatos dorados que ahora te han sacado llagas. A lo lejos escuchas el estruendo de un relámpago que resuena en las caras de aquellos que te pasan en la calle. Una a una las gotas comienzan a caer y deshacen tu maquillaje, ríos negros corren por tus mejillas. Adentro de ti comienza a desenroscarse una especie de animal que hibernaba y que no sabías existía. Puedes sentir su hambre y su desesperación, sus ganas de saciarse y Silencio se aparta para mejor caminar dos pasos detrás de ti. Poco a poco da paso a Sed. El agua se precipita incesante y el huracán se desata. A tu lado el sombrero de una mujer se vuela mientras a toda carrera toma la mano de su niña y atraviesa la calle. Una pareja se esfuerza por permanecer unida debajo de un paraguas, pero por más que intentan, la lluvia es mucha y muy fuerte y el paraguas no puede evitar que ambos permanezcan secos, uno de los dos va a mojarse. Los estruendos siguen y con cada paso que das se vuelven más insistentes. No quieres pararlos, no intentas detener la manera en que se arremolinan alrededor de ti, adentro de ti… Y ahí permaneces, a media calle, empapada y escurriendo, esperando, no que todo se detenga, pero que sea lo que sea te envuelva, que te haga parte del estruendo y de ese caos que te arranca todo y te deja lo único que verdaderamente importa y que ninguno de los que buscaban y esperaban pudo encontrar. Sin una gota de maquillaje, sin las luces del reflector, sin los aplausos canturreantes o las sonrisas fingidas, te deja a ti, verdaderamente a ti. 


Si vas a escucharlo, escucha la música.


domingo, 23 de septiembre de 2012

23 de septiembre de 2012




He pasado la tarde en mi cuarto, escuchando música, prometiendo que en cuanto termine la siguiente canción voy a bajar a comer…aún no he bajado. La casa está sola, pero aunque hubiera alguien en casa no creo que habría alguna diferencia. Creo que me gusta que esté así. No escuchar las voces me deja pensar y me obliga a estar conmigo, que tanta falta me hace estos días. Finalmente decidí meterme a bañar, puse el agua muy caliente para ver si así se evaporaban mis dudas, mis miedos o por lo menos los nudos en mis pensamientos por un rato. Salí y empecé todo mi ritual, secar mi cabello, crema sobre mi cuerpo, perfume, loción para la cara, música para pensar… o no pensar. Envuelta en mi bata de baño puse rímel sobre mis pestañas y labial en mis labios. Un poco de rubor sobre mis mejillas para darme vida. Lo hice lentamente esperando no tener que terminar. Mi cuarto era un desastre, así que poco a poco lo arreglé, no todo, sólo un poco. Ahora debo bajar a comer, pero no consigo arrancarme de este cuarto. En algún lugar debo saber que tengo hambre, pero todavía no la siento. No serviría de nada tratar de complicarme y decir que no sé por qué me pasa esto, porque si sé. Ya hice de todo y nada funciona, nada borra esta sensación con la que me voy a la cama y despierto. Enamorarte debería venir con alguna especie de advertencia. A lo mejor deberíamos tener instintivamente, por evolución, algún mecanismo que nos indicara que es hora de correr cuando empezamos a sentir ese calor en el pecho y esa sonrisa que nada ni nadie puede borrar. Debería ser así, pero al parecer, este mecanismo de sobrevivencia jamás terminó de desarrollarse. Imagino que dado este error en la evolución, la naturaleza quiso compensarlo dotándonos de una gran capacidad de resiliencia, o al menos así debería ser. Yo creo que en mí, el mecanismo encargado de eso, llegó averiado, no funciona. 
Alguien debería advertirte del dolor que sentirías al tenerlo tan lejos de ti. De la impotencia que llegaría por la noche, que pronto se convertiría en millones de ideas y que luego   terminaría siendo de nuevo impotencia y quizás una que otra lágrima. Nadie me dijo que desearía alejarme de las fiestas y del relajo de mis amigas, del alboroto de cada día. No tenía idea de que estar conmigo podría ser tan insoportable y de que todos los recuerdos pasarían de ser una especie de alimento para cada día, a pequeñas flechas que me atravesarían poco a poco. A los artistas, alguien debería recomendarles enamorarse, para que encontraran inspiración. Enamorarte duele de una manera u otra. No estoy recomendando que no lo hagan, pero por lo menos deberían tener una idea clara de lo hay del otro lado.  Los bastidores se volvieron la mejor compañía y los libros en buenos amigos para dejar de pensar. Las tazas de café lograban calentar mis manos cuando hacía frío, aunque su contenido hace tiempo hubiera perdido el sabor. El tequila un viejo amigo amenazando con llamar a la puerta y todas las clases y argumentos que pudiera escuchar en la universidad, en una clase de ensoñación, como estupor, de la cual nunca estoy del todo segura. Por alguna razón me volví fan de las rosas, me gustaba ver cuando las rosas comenzaban a secarse y hasta que no quedaba una gota de agua en ellas. Quizás porque soy masoquista y verlas me hace recordar lo bellas que fueron cuando estaban vivas y ahora que han muertas, lo bellas que siguen siendo y lo mucho que me siguen gustando, lo mucho que extraño su aroma, lo mucho que extraño verlas vivas. No consigo tirar mis rosas y aquellas que he tirado aún extraño. Alguien debería decirte que no importa la cantidad de personas que beses o que veas, la cantidad de kilómetros que te separen de esa persona o lo que pueda haber hecho, nada funciona. El sentimiento permanece ahí, quizás un poco revolcado por las circunstancias, como el agua de un riachuelo por el que acaban de pasar corriendo, enturbiada, pero con el tiempo vuelve a ser cristalina, cristalina y hermosa sin importar que tanto haya podido enturbiarse. Deberían decirte que nadie eventualmente borra a alguien más cuando es real. Que es una pérdida de tiempo tratar y que lo único que queda por hacer es esperar. Alejarte de los malos hábitos o sucumbir, nada va a cambiar, el sentimiento de vacío y las ansias por las noches, son parte del trato. Alguien debería contarte de qué se trata todo. Así por lo menos podrías decidir no perderte, porque así llegues a lo más profundo o al otro lado del mundo, nada va a hacer que deje de doler.   

-Aniluap