- Gracias por venir, si, gracias – son las últimas palabras que alcanzas a escuchar como eco, casi como sueño. Los últimos dos días eso han sido, una terrible pesadilla…o eso es lo que pretendes pensar. Escuchas el motor de un carro mientras arranca pero sigues inmóvil, deberías pararte y encaminarte con los demás, pero en ti no existe siquiera la motivación para empezar a mover un músculo. Por un momento crees sentir una mano sobre tu hombro, sí, alguien toca tu hombro, puedes jurarlo. Volteas buscando su cara…contienes el aliento… tus ojos se tardan una fracción de segundo en reconocer el rostro. Decepción se dibuja en tu cara. – Te esperamos en el auto, tómate tu tiempo. – La mano abandona tu hombro y donde se encontraba, queda una calidez que hace dos noches te resignaste a perder para siempre. Dentro de ti la semilla del llanto empieza a crecer, pero tus ojos se han cansado y no pueden más, no tienes fuerzas para desahogar lo que sientes. El viento sopla y arrastra tus cabellos sobre tu cara, el frío hela tus mejillas, tu cuerpo permanece cubierto por el abrigo de piel que él te regalo la primera Navidad que pasaron juntos, verdaderamente juntos… ¿A dónde se fue el tiempo? Te preguntas. El sol hoy no ha salido y las nubes se precipitan sobre todo. Sientes a tus manos entumecer pero no consigues despegarte de ese lugar… aquel lugar lleno de lápidas que tanto solías temer es ahora el único lugar del que desearías no tener que marcharte jamás. ¿Y si ese mismo frío también él lo siente? De repente eres consciente de que esta noche no vas a poder pegarte a su cuerpo para darle calor. Una lágrima dibuja en silencio una línea hasta tu mentón. ¿Por qué tuvo que irse? No entiendes que hicieron mal, no entiendes porqué tuvo que ser él. Sin previo aviso, una fuerza que desconoces arranca un grito ahogado de tu pecho que termina dejándote de rodillas en el suelo. -Por favor, un día más…- suplicas con un hilo de voz, pero ahora sólo las lápidas pueden escucharte y no tienen una respuesta para ti. La luz del sol se ha ido y la oscuridad es apenas interrumpida por los faros de un carro. No te diste cuenta de cómo, pero ahora te encuentras en el carro, no recuerdas haber puesto un pie dentro de él, sin embargo ahí estás, en el asiento trasero y con la cabeza recargada en un vidrio empañado. Los lugares que recorren en el camino pasan frente a ti como una vieja película, sin sonido, sin color… interrumpida sólo por recuerdos que se aferran a tus pupilas como prometiendo una continuación, las gotas de lluvia que aún caen son las lágrimas que tus ojos ya no pueden llorar. El día se vistió de luto, ahora lo sabes. Deseas que el luto de Noviembre dure por siempre, que el día por siempre se vista de gris y llore contigo para algún día no tener que fingir que lo has superado y que todo está bien. Te bajas del carro y de tus labios se desprende una voz que desconoces. Das media vuelta y comienzas a subir las escaleras…puedes sentir las miradas de angustia a tus espaldas….te tiene sin cuidado. Revuelves en tu bolsa en busca de la llave, sabes dónde está, pero deseas posponer lo más posible el momento en el cual tengas que abrir la puerta y girar la manija. Encuentras las llaves, lentamente separas la que abre la reja, ahora la otra. Quizás si te demoras un poco a él le dé tiempo de regresar. Metes la llave y de repente un sonido, -crick- ya no queda más, es hora de entrar.
Qué bella es tu prosa, qué bella es tu forma de ver el mundo... caray! Que bello es tu mundo :)
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