Te amé de la manera más inverosímil en que puede amarse; con sus picos y sus zanjas, con el frío que viene de aguantar la noche esperando por las estrellas bajo una llovizna inminente, sin tregua, sin atisbo de luz de luna y con el firme propósito de no dejar que mis ojos se cerraran hasta asegurarme de que mi calor ya era tuyo y de que la noche no te comería... Porque yo velaba por ti, no a pesar de tus palabras, sino con todo y tus palabras. Así te amaba, de madrugada a madrugada, porque frente a mi ventana no pasaba el día y yo ni lo extrañaba.
Me aseguraba de salir de noche y sólo cuando todos ya dormían para que nada ni nadie pudiera distraerme de la tarea tan infame de robar aquellos destellos que salían de las ventanas, pintados de cosas que otros soñaban... Todo para regalártelo cuando menos lo esperaras y cuando en más necesidad estuvieras. Escribía como poseída. Sin descanso, con los ojos secos de no parpadear, temiendo que, si me detenía, las ideas que hacías brotar a raudales de algún lugar situado entre mi pecho y mi mente se fueran a perder, dejándome sin ti y sin la revelación que era haber descubierto todo eso entre tantas divagaciones que probablemente eran o que podían ser.
Viví quien sabe cuantos segundos o meses sumergida en un estupor que no acabo de decidir si era infierno o mi propio cielo, porque no consigo recordar más miseria que la de tales horas perdida frente al fuego de la vela, ni más dicha que la de exprimir de mi mano todas sus fuerzas con cada letra, con el fin de escuchar el sonido de mi mano rozando, frenética, el papel.
Y en el estupor te perdí y te tuve miles de veces, suficientes para arrancarme de mí y pegarme como mejor me recordaba, pero sin lograr del todo ser yo... Hasta que llegó hoy. Día en que no recuerdo si te amo o porqué te amo, si te extraño, si es que te sueño... Lo que sé es que te pienso. Y no sé bien porqué, o siquiera si eres tú el que viene a mi mente, pero todavía bailas en el fuego que sale de la vela y el humo que emana de mi cigarro cobra la figura de tus ojos... y yo no entiendo si me reclamas por librarme de ti o si, sin darme cuenta, me he consumido y estoy perdida en un lugar que ya no es mío, ni tuyo, ni de nadie.
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