martes, 29 de abril de 2014

A la orilla del río, día tras día.


No era de noche cuando desperté. Una corriente de aire pasó junto a mi cara y desordenó mi cabello haciéndolo caer sobre mis ojos y nariz. Desperté sin saber dónde estaba o como había llegado ahí. Quise recordar mi rostro, pero no pude. Me levanté sacudiendo la tierra húmeda que se pegaba a la piel de mis brazos desnudos y con la mano sacudí mi cabello para quitar las ramas que se habían enredado en él.
No hacía frío, pero la bruma hacía que así pareciera. Quise buscar un camino pero sólo vi árboles más altos que los que ya conocía. ¿Era medio día? ¿O ya era tarde? Por entre las ramas atravesaban tenues rayos de luz y de vez en cuando el aleteo de algún pájaro interrumpía el sonido de las hojas crujiendo bajo mis pies. Empezaron a cantar y junto con el sonido de las gotas, que aún pendían de las ramas, al caer y aquel del viento escurriéndose entre los árboles, comenzaron a susurrar algo parecido a una canción.
Los sonidos que empezaron como un susurro formaban una melodía que no reconocía, pero que estaba segura de haber escuchado antes y  me contaba  una historia con imágenes perdidas que no sabía que aún existían y con cada paso que daba a quien sabe donde, sonaba más fuerte… cada vez más fuerte. Y las imágenes… las imágenes dejaron de estar en mi mente para correr entre las plantas y asomarse por entre arbustos y reían y se acercaban y justo cuando creía que iba a poder alcanzarlas y verlas un poco más cerca para acariciarlas, para preguntarles, se escapaban entre risas y palabras que no alcanzaba a entender.
No supe cuanto corrí. Me emocioné y me olvidé de que estaba sola en un lugar del que nada sabía y nada recordaba, donde jugaban conmigo fantasmas que ahí vivían o que nacían de mi mente. Daba igual. No recordaba donde había estado antes y era divertido jugar a las escondidas y buscar entre las flores y detrás de las piedras por eso que juraba había visto y que ahora desaparecía. Pasaba el tiempo, pero la noche no parecía ir a llegar nunca y yo me perdía entre recuerdos que me tentaban a recordarlos, pero que no me dejaban del todo ser parte de ellos y de personajes acerca de los cuales no sabía si había leído o si en si en algún momento conocí. Y la vi a ella y lo vi a él y en una de tantas de huir de mí, con la mano y un movimiento de cabeza, me invitaron a jugar junto al río, como finalmente queriendo convencerme de que me quedara.
Corrí tan rápido que mi vestido por poco se rasga al atorarse en una rama. Corrí tanto que casi me salen alas. Corrí riendo y extasiada. Y llegué al río donde debían estar y no estaban. Y me detuve a recuperar el aliento y a buscarlos porque yo los conocía y quería ir a jugar. Entonces vi mi vestido reflejado en el agua y luego mi mano, después mi cuello… ahora un mechón de cabello… y cuando estaba por ver mi cara, un silbido del otro lado del río me hizo voltear. Corrí sobre las piedras bañadas por el río, no importándome que doliera un poco, para alcanzarlos y que no me dejaran atrás. Y entonces, sin planearlo y sin sospechar que pasaría, se me olvidó recordar.




1 comentario:

  1. Wow! Que hermosa forma de escribir. Tienes más material? Pls edgarin09@hotmail.com

    ResponderEliminar