Por un instante llevo mis manos a mi cabeza y aprieto los ojos fuerte. ¿Qué hago? ¡Dios mío! ¿Qué hago? Siento como mis piernas, a pesar de mi impulso de correr, me fallan y por un segundo juro que van a tocar el suelo. Casi siento el golpe seco y frío, hiriente de mi peso aplastando la piel que cubre mis rodillas, espero, pero no pasa. No sé como no pasa. Las respiraciones entrecortadas hacen que mi pecho se mueva violentamente hacia arriba y hacia abajo y casi no deja que de mi boca salga ningún ruido. Siento que estoy por volverme loca y quisiera hacer que esto se detuviera. Trato, trato con todo lo que tengo dentro, pero lo que tengo dentro me está quemando y me está deshaciendo. ¡Porfavor! ¡Haz que se detenga!¡Haz que pare! El eco de la casa entra por mis oídos como queriendo reventar mis tímpanos y de no ser por ese sonido sordo que me envuelve y me acaricia, juraría que me he quedado sorda. La fiesta terminó y no sé a qué hora terminó. No puedo entrar a mi cuarto porque alguien lo ha cerrado y de él salen voces que al final no son voces, sino suspiros y gemidos de las dos o tres personas que se adueñaron de él. El Black Label roto se mete debajo de mis pies y me hace tropezar. Ahora mi mano arde, arde y un líquido caliente escurre por mi brazo hasta alcanzar mi codo. Busco el teléfono. ¿Dónde está el teléfono? Un cuarto, el cuarto, no quiero regresar al cuarto. Y pensar en las sábanas sucias y deshechas, empapadas de mi miedo y de mi debilidad para luchar, me hace querer vomitar. Dejo caer mi espalda contra la pared y siento como caigo en un río de imágenes más borrosas cada vez. Con la boca abierta lloro porque ya no puedo respirar. Ya no reconozco las caras. Mi cabello sucio se pega a mis sucios labios haciéndome recordar sus sucios besos. Y me muerden hasta calarme los huesos. Y siento miedo, mucho miedo, volteo como presintiendo que viene, porque siempre viene, eventualmente viene. Y sin saber como pegándome a la pared, bajo las escaleras dejando una línea roja sobre la pared que me sostiene. ¡Ay cómo duele! A mi derecha ellas dos ríen, mitad esperando que me derrumbe, mitad que vaya y me les una. Como puedo abro la puerta y salgo al frío que me pega en la cara y me recuerda que sigo viva, que todavía respiro, que no he muerto, que apenas empiezo a morir.
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