sábado, 7 de enero de 2012

Perfecta


Puedo ver otra vez a esa mujer en el espejo, esa que a ratos me visita y que sigo sin reconocer. Del espejo asoma otra vez. Su pelo cae suavemente sobre sus hombros y sus ojos ámbar me perforan. Quiero que deje de verme, agacho la mirada mientras sujeto el lavabo con ambas manos, cuando vuelvo a mirar, ahí sigue, de pie. Sus labios son perturbadores… hay algo acerca de la línea los divide. Pienso en hostilidad, no, no es hostilidad, es más como el reflejo del sentimiento que acompaña a la resignación. Siento pena por ella. Quisiera correr a abrazarla, sería mejor si llorara, pero ni siquiera eso, sólo me mira. Quiero pedirle perdón, mi mano se acerca a tocar su mano y en su camino se topa con el espejo. Me sobresalto - ¿Todo bien?- dice una voz que viene del cuarto del otro lado de la puerta. – Un minuto -  contesto. Vuelvo a mirarla. Por un momento las palabras en mi mente se borran y me dejo absorber por la belleza que la envuelve, es casi etérea. Su vestido blanco y vaporoso la hace parecer mitad ángel, el maquillaje ligeramente corrido, mitad humana. Sus labios rojo carmín contrastan con la blancura de su piel, como una flor a media pradera en invierno. La seriedad que porta la hace parecer aún más inalcanzable. ¿Cómo se vería si sonriera? Del otro lado de la puerta escucho los pasos ansiosos que me esperan. Hay cierto nerviosismo impreso en el sonido de sus zapatos contra la madera. Me recuerdan a la mañana y como fue lo primero que noté mientras caminaba hacia él en smoking y con una enorme sonrisa. Desearía tener esa misma sonrisa en mis labios ahora. La respiración me empieza a faltar, y tengo que reprimir un llanto ahogado que viene de lo más profundo de mi pecho. Me reconozco en la mujer del espejo cuando lleva su mano a su mejilla para tratar de enjugar las lágrimas y el maquillaje que comienza a correrse. Mi mano tapa mi boca al tiempo que mi espalda cae sobre la pared. Termino sentada en el suelo. Mi cuerpo toma formas extrañas mientras hago un esfuerzo por no dejar escapar ningún sonido de mi boca. Con mi puño tiro de la tela del vestido. Quiero romper el espejo y dejar escapar a la mujer del vestido. Su sonrisa es lo primero que aparece como un destello en un rincón de mi mente, su nariz, ahora sus ojos…cada vez más cerca. Casi puedo rozar su cabello con mis dedos. Lo imagino riendo y ahora la abraza, entre sus brazos tiene a la mujer del espejo. Sostengo el aliento, la sonrisa de ella es aún más hermosa de lo que pensé. La imagen de los dos se hunde en mi mente como un ancla. Alguien toca la puerta frenéticamente – ¿Estás bien? ¡Por favor abre la puerta! – De entre mis labios escapa una voz que me suena lejana – ¡Ya voy, ya voy, un segundo! -  Me levanto y jalo un montón de papel. Rigurosamente lo froto por debajo de mis ojos y por mis mejillas. Abro la llave y dejo correr el agua. Lavo hasta después de mi codo y la hecho en mi cara. Sacudo mi cabello, seco mi cara y tomo el labial que está en la bolsa sobre el tocador. Con cuidado delineo mis labios. Listo. Desabrocho el vestido y lo dejo resbalar por mi cuerpo. Al descubierto queda un delicado juego de lingerie beige. El espejo me regresa una imagen perfecta. Me doy la vuelta y me dispongo a abrir la puerta.    

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