lunes, 2 de mayo de 2011

Desnuda

El silencio que antes era reconfortante ya no basta, el silencio duele. Ya no hay lugar seguro y los brazos a los que de pequeña solías saltar en busca de alivio son los mismos de los que ahora huyes. El aire es demasiado pesado en un cuarto tan pequeño, sus almas no caben. Te mira y cuando lo hace evitas su mirada, ahora te toca a ti observar, pero esta vez sus ojos huyen de los tuyos. Te desconocen y te preguntas si alguna vez podrá volver a ser como antes. Conoces la respuesta pero te niegas a decirla en voz alta. Aún tienes esperanza, si tan sólo pudieras despegar tus labios y lograr que de tu boca saliera esa palabra con los tonos adecuados que lleva impregnado el verdadero arrepentimiento. Pero no es arrepentimiento lo que sientes. Quisieras arrepentirte y sentir remordimiento, pero sabes mejor que eso. Juraste no arrepentirte jamás y ahora no consigues hacerlo. Sientes traición que corre en una carretera de doble sentido, el silencio te come y lamentas haber permitido que las cosas llegaran a esto. Cuando te ve, estas desnuda y desnuda de la manera más inapropiada por que por más que trataste no pudiste darle un sentido verdadero a las palabras que escribiste, pero eso sólo lo sabes tú. Y sabes que a veces te mentías y otras decías la verdad, nadie más que tú lo entiende.  Nada volverá a ser como antes y ahora anhelas las horas en las que sus ojos te sonreían y la forma en la que sus brazos te envolvían cuando tenías pesadillas y no podías dormir, pero sabes que aunque así fuera no volverías a sentirte bien ahí. Por mucho que todo pareciera como el pasado, ahora también esos ojos son parte de la pesadilla y quieres perdonar y ser perdonada pero no consigues dejar a un lado el coraje de haber sido arrancada de tus ropas sin que tú pudieras hacer nada para evitarlo. Y quieres hacerlo pero no sabes cómo. Es una doble traición. Necesitas distancia y no sabes cuándo llegará, el abismo del mar podría ayudarte a dormir, pero demasiado está en juego aunque tú sólo quieres correr. El mar está tan lejos. Ya no quieres voltear atrás. Necesitas escuchar de otros labios que todo está bien, pero hace tiempo te acostumbraste a sólo escucharlo de los tuyos. No te preocupes, confía en mí, todo va a estar bien.     

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