jueves, 19 de mayo de 2011

En la Oscuridad


ADVERTENCIA: Decidí que sería interesante experimentar con otras emociones, por lo que no pretendo que al leerlo te agrade. Sé consciente de que puedes interpretarlo de distintas maneras y de que ninguna será del todo correcta o incorrecta. Todo depende de que tan profunda y personal quieras volver tu lectura y de la historia que asumas existe detrás de ella... si es que dicha cosa puede existir.

¡Shhh! No hagas ruido, está acechando ¿No lo sientes? Puedo escuchar los movimientos que hace en la oscuridad. No hay nada que puedas hacer, va a llegar…es más fuerte que tú. Nos está observando desde todos los rincones donde la luz no alcanza a llegar. Siento su respiración, está helando mi espalda. Ahora estás aquí, no sé qué hará o qué pensará. Vete para que no haga daño. Vete y deja que haga lo que siempre hace. Todavía hay tiempo, te ve, pero no me estás tocando, aún puedes correr. No, no creo que quieras saber. ¡No! ¡ya te dije que no te voy a decir! Por favor no te enojes, por favor… no llores. Sé que el agua no toca tu cara. Toca todo lo que yo no puedo tocar... (Suspiro) Está bien, te lo diré…pero no digas que no te lo advertí.
Viene por las noches, espera en quietud en las sombras y oculta sus pasos detrás de mi música. No, nunca he visto su cara. La cubre con cuidado. Cuando aprieto el botón de pausa escucho su respiración, apago las luces que quedan y me meto en las cobijas. Al principio lo resistía, apretaba los ojos y cubría mi cabeza. Ahora sé que haga lo que haga nada va a detenerlo. Primero tira del cobertor suavemente, tiene mucho cuidado y lentamente, como queriendo hacer crecer la anticipación. Lo hace hasta dejarme sólo con la sábana. Luego sus manos frías se deslizan por debajo y sobre la cama hasta tocar mi piel. Mi piel se estremece y mis vellos se erizan. Sus manos frías inician sutilmente y recorren cada parte de mi cuerpo hasta envolverme con sus brazos. El miedo que en un principio hace que no pueda hablar se derrite en sumisión. Su aliento no es cómo el tuyo, es frío y deja un rastro de humedad sobre mi piel por donde pasa. Repentinamente cobra un vigor que aún no me es posible anticipar y sus manos, antes temerosas se vuelven feroces bajo esas uñas que desgarran mis caderas. El dolor se extiende como mar abierto en tempestad. Muerde mis pechos y tapa mi boca para que no pueda gritar. De pronto sin previo aviso como una tormenta en un día soleado el aire entra de golpe a mis pulmones y el dolor se extiende infinitamente placentero. Mi cuerpo entero tiembla y me quedo con mi piel empapada y con un silencio aún más siniestro después de que el cuarto entero reconoce su ausencia. De una forma prohibida y deliciosa extraño el placer del dolor que provoca. Y la noche sigue, regresa el día y luego de nuevo la noche y entonces todo vuelve a empezar.
Viene desde que mi mente conoció otras vertientes. Viene porque sabe que hay algo más detrás del día de sol.
Lo ves, sabía que lamentarías haberlo escuchado. ¿Puedes sentirlo ahora? Está aquí, hace tiempo que ha estado. La diferencia es que ahora lo sabes.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Contrariedad: el inicio

Debo admitir que tu insistencia me ha trastornado y que no consigo conciliar el sueño desde aquella noche que conversamos sobre unas copas de Cabernet Sauvignon. La forma en la que tus ojos atrapan la luz cuando hago alguna referencia a algún evento que concierne a él me ha convencido de que esta historia no puede pertenecerme exclusivamente a mí por más tiempo. Por favor ten en mente que de no creer que pudiera ser de alguna ayuda, no estarías recibiendo esta carta y posiblemente no hubieras vuelto a tener noticias mías. Quizás se debe a la forma en la que el silencio cobra familiaridad cuando no decimos nada, que me he convencido de que si alguien puede hacer algo por él, eres tú. O quizás sólo estoy buscando una excusa para contar su historia,  nuestra historia y poder dejar la tarea de las noches de insomnio a alguien más. De una u otra manera me encuentro sentada en mi escritorio frente a mi ventana viendo llover y estoy más cerca del día en el que lo vi por primera vez que de aquí. Permíteme empezar…
Acababa de salir de la universidad y un amigo de mi mamá me había conseguido un trabajo en Dublín, era la primera vez que realmente estaba por mí cuenta. Yo era la asistente de la asistente en una oficina publicitaria. Mi trabajo consistía prácticamente en llevar y traer cafés, hacer llamadas, recoger ropa de la tintorería, entregar documentos de nuestro departamento al departamento de edición y del departamento de edición al nuestro y a la oficina del director. Cómo lo decía mi hermano, era la mandadera, sí, lo era. Pero era gracias a saber cuánta azúcar quería el publicista de la cuarta oficina en su café o de qué forma le gustaban al director acomodadas las flores de la entrada que iba a poder pagar mi segunda carrera. Bueno quizás era más cómo un pasatiempo, cómo decía mi madre. Desde pequeña tenía grandes aspiraciones artísticas, que iban desde aprender a bailar flamenco hasta abrir una galería de arte. Pero esos eran sueños. Mi camino era otro. Mi madre no estudió una carrera y desde que tengo memoria a mí y a mi hermano nos encaminó a las ciencias. Su más grade sueño era verme graduarme de leyes con honores y eso era lo que yo más quería. Fue a partir de segundo de prepa y tras ir a ver la obra de “Les Miserables” que me obsesioné con la actuación. Mi padre falleció cuando yo tenía tres años, por lo que tengo pocos recuerdos de él, la sensación de su barba rasposa sobre mi mejilla o el olor a pastura mojada que anunciaba su llegada acompañada de una cálida y cansada sonrisa después de un largo día de trabajo. Cuando mi padre murió, mamá se encargó de la granja y de los trabajadores; Crecimos,  yo me encargué de la casa y Cristian, bueno, a él nunca le llamó la atención la granja, estaba demasiado ocupado recolectando y clasificando insectos. El tiempo pasó y cuando terminé la prepa, a pesar de mis mayores esfuerzos por convencer a mi mamá de mandarme a estudiar actuación a Londres, terminé estudiando leyes en una universidad cercana a casa con el prestigio suficiente para conseguir una beca en la Universidad de Dublín. Terminé de estudiar leyes y mi mamá vendió lo que quedaba de la vieja granja para que mi hermano pudiera casarse y yo estudiar mi maestría, pero mis planes eran otros. Así terminé viviendo en Dublín trabajando de asistente de asistente de publicista y juntando dinero para viajar a Londres, mientras mi madre creía que estudiaba mi maestría.  
Era viernes por la tarde y la semana había sido un infierno. Adele, la asistente, había faltado por una enfermedad que la tenía tirada y yo había tenido que tomar su lugar. Debíamos entregar varios trabajos y yo era la encargada de que todo saliera a la perfección. Para las diez de la noche, que fue la hora a la que salimos, yo lo único que anhelaba era a mi cama, un chocolate caliente y una buena película en blanco y negro. Pero no contaba con que mis planes fueran a ser interrumpidos por mis colegas, el chico de la papelería, Henry y Joselyn, la encargada de la cafetería irían a un pub a celebrar el cumpleaños de alguien que yo no conocía y sin poder hacer nada para evitarlo me vi arrastrada a una fiesta todo menos tranquila. Cuando llegamos, una banda de rock tocaba temas de Steve Earle y el cumpleañero se preparaba para hacer un brindis. Yo no acostumbraba tomar mucho, pero tras la semana que había tenido, mi primer instinto fue dirigirme a la barra y pedir un Apple Martini, una de las pocas bebidas que conocía. Joselyn y Henry se la estaban pasando bomba, brindé con ellos un par de veces y después desaparecieron. La banda se tomó un descanso y un dJ tomó su lugar. No estoy segura de cuantas veces brindé, y de si fue por el alcohol o por lo cansada que estaba que comencé a sentirme muy mareada. El humo del cigarro me envolvía y la música parecía que iba a hacer estallar mi cabeza. Me paré y mis piernas me fallaron, una mano que no reconocí me sostuvo del antebrazo. Entonces tomé mi abrigo y salí a trompicones del pub y hacia la llovizna.
Cuando salí mi cabeza aún daba vueltas, me alejé un poco de la entrada y me recargué sobre el vidrio de un local, parte para mantener el equilibrio, parte para librarme del agua. Cerré los ojos y respiré profundo. El aire fresco me estaba haciendo bien, por lo menos temporalmente. Cuando volví a abrirlos, todo estaba mucho más quieto. La calle estaba muy oscura y apenas la iluminaban un farol en cada esquina y las luces de neón del pub. Debían de ser más de las doce. Sabía que necesitaba llegar a casa lo más pronto posible. Voltee a ambos lados de la calle desierta en busca de un taxi y entonces pasó…lo vi.
Estaba recargado en una pared del otro lado de la acera, la luz no alcanzaba a tocar su cara. Fue hasta que un carro pasó y me mojó toda que pude distinguir bien su silueta. Tenía un pie sobre el muro y un brazo alrededor de su cintura, como tratando de cubrirse del frío. En la otra mano sostenía un cigarro, no de la forma en la que la mayoría lo hace entre el índice y el medio, él usaba el índice y el pulgar. Su ligera risa cuando el carro me mojó fue lo que me hizo hablarle. “¿Qué es tan gracioso?” Dije en un tono irónico, tal vez más de lo que pretendía. Supo inmediatamente que me dirigía a él, puesto que éramos las únicas dos personas en la calle. Se movió de lugar para verme mejor, pero sin perder su postura original. La luz del farol iluminó su cara. Fue hasta ese momento que me di cuenta de que era el guitarrista de la banda que hace poco había estado escuchando. Fuera parecía mucho más arrogante que en el pub. Quizás era que adentro la música hacía juego con su actitud y aquí carecía de ella o que ahora la mezcla de su postura con la risa dirigida hacia mí cuando el carro me había empapado había levantado una especie de furia en mi interior. No podía decidir cuál, pero su sola presencia me irritaba de sobremanera. En lugar de contestar a mi pregunta sólo me dirigió una mirada que no supe si interpretar cómo burla o lástima. Absorbió de nuevo el aire a través de su cigarro y soltó una bocanada de humo. Quise contestar algo, me irritaba que pudiera portarse así y seguir tan tranquilo cuando yo por dentro sentía sólo coraje ante su actitud y mi situación. Normalmente no era tan temeraria, pero el alcohol parecía estar haciendo el trabajo, caminé hacia él, me enderecé para parecer más alta e inspirar miedo (ahora comprendo lo patética que habré parecido) y justo cuando estaba por hablar…sentí arcadas y de mi boca salió todo lo que había tomado sin siquiera darme tiempo de voltearme al lado contrario. “¡Demonios tenías que hacer eso!” dijo. Ya había olvidado que era lo que planeaba decir, de hecho no había planeado nada. Con una mano me recargué en la pared, mientras que con la otra traté de despejar el cabello de mi cara. “Lo siento” murmuré, pero era tarde, por su cara cruzó una mueca de asco y de reproche. “Toma, límpiate” dijo mientras me entregaba un pañuelo de tela. Cuando mi estómago estuvo completamente vacío y me hube limpiado, voltee a verlo. Me observaba, ahora recargaba un hombro sobre la pared y cruzaba los brazos. Su expresión había cambiado, lo que en un principio describí como burla de una forma extraña se tornaba en simpatía. Eso o mi mente distorsionada lo veía así. Sentí un escalofrío. Ahora que parte de los martinis había salido de mi sistema pude verlo con más detalle. Llevaba una chamarra de mezclilla negra con las mangas arremangadas muy al estilo de un guitarrista de una banda de rock, unos jeans flojos y rotos a medio muslo y en la rodilla y traía tenis que a primera impresión parecían una mezcla de converse negros y viejos con tenis mordidos por un perro. Su aspecto era descuidado sin serlo. Su cabello rubio lo llevaba peinado todo hacia el centro, sus ojos grises contrastaban con su piel blanca y sus labios inusualmente bien delimitados mostraban un ligero tono rojo. No, definitivamente no era mi estilo. “Tengo que tocar un par de canciones más” una sonrisa se extendió por su rostro mostrando dientes perfectamente bien alineados “espérame y te llevaré a casa”. Recuerdo en el momento no haber estado segura de si se refería a mi casa o a su casa. Su sonrisa podía haber significado cualquiera de las dos. Sin decir nada di media vuelta y me encaminé de nuevo al pub. A mi espalda pude sentir como el cigarro caía al suelo y cómo él, con sus zapatos mordidos, lo aplastaba.             


domingo, 8 de mayo de 2011

El primer día de verano

Casi pude rozar las nubes con mis dedos pero mi peso me jaló de nuevo al suelo y me hizo abrazarme  fuerte de la cuerda para no caerme. El viento levantó mi pelo por el aire y finalmente me caí en el riachuelo que lleva a nuestra fortaleza. ¡Ah! Haha el agua salpico todo alrededor y ahora las toallas están todas mojadas. No importa, hace mucho calor y no vamos a necesitar toallas. ¡Cómo me encantaría que los días dorados del sol duraran para siempre! Voy a hacer que duren para siempre, sé que voy a encontrar la forma de detener al sol. Si cierro mis ojos fuerte fuerte… tengo que detener al sol pero pedirle permiso para que deje visitar a las nubes. Tal vez podríamos perseguir arcoíris… Me encanta el olor de los árboles en esta época del año y por más que mis rodillas están raspadas de trepar por sus ramas no puedo no hacerlo. Es tan divertido brincar de una a otra. Hasta arriba de ése árbol de ahí tengo mi cama y un poco más abajo está la cocina, el escondite secreto está más a la derecha. Estamos construyendo uno cruzando el río, está muy escondido, no creo que nadie lo encuentre. Hoy trajimos provisiones para después de la carrera, el ganador decide a donde será nuestra próxima aventura. Yo quería volar papalotes, pero creo que la carrera es más importante, tenemos que prepararnos para la guerra del verano. Sucede todos los años. De provisiones conseguimos fresas y yo pude sacar azúcar de la alacena de la tienda de la señora Sally, me dijo que si la ayudaba con las flores podía agarrar lo que quisiera. Había muchos dulces, pero nada supera a las fresas con el azúcar que parece cómo miles de diamantes. ¡Yummy! No puedo esperar, mi panza está empezando a hablar. La carrera va a empezar…en sus marcas, listos… ¡fuera!  Mis piernas se mueven con todas sus fuerzas, pero me estoy quedando atrás ¡ya sé! Estiro mis piernas lo más que puedo. ¡Estoy volando! ¡Se siente increíble! El viento me está cargando. Ya rebasé la línea de la meta pero no puedo parar, no lo voy a hacer, voy a correr hasta que mis piernas no puedan más. El pasto se siente como nubes debajo de mis pies y me hace cosquillas. Necesito aire, ni modo, hay que parar. Todos se han quedado atrás. No había llegado tan lejos yo sola, ahora sé que tengo un superpoder, puedo volar. Pero ése es mi secreto, bueno mejor no, si me dejan les voy a enseñar cómo hacerlo. ¡Humm! ¡Cuántas flores tan bonitas! Hace mucho que no hago crecer mi colección de flores, aquí sería un buen lugar para empezar. Juntaré tantas que en lugar de copos de nieve caerán pétalos. A lo mejor si todos lo hiciéramos…no lo puedo creer, el sol se está metiendo. Estoy segura de que ya se comieron todas las fresas, bueno, de todos modos hoy voy a cenar sándwiches calientitos de peanut butter and jelly y mi vaso de leche fría. Si llego temprano a lo mejor me dejan salir a atrapar luciérnagas. A lo mejor también podemos hacer una fogata después y dorar bombones…oh no… ¡Sol por favor no te vayas! ¡Dame cinco minutitos más! Definitivamente tengo que empezar a correr… ¡Chicos espérenme!  

viernes, 6 de mayo de 2011

Una última mirada

El motor del carro tembló cuando se inició la marcha. Maletas en la cajuela y una última mirada a la casa de dos aguas en la que vivió los pasados dieciocho años de su vida. Las gotas de lluvia que se habían precipitado sobre su cara instantes antes no hacían más que añadirle melancolía a la escena. La casa del porche quedaría por siempre grabada en su memoria, pero ahora sólo sería eso, una memoria. Conforme el Impala 83, que le había dejado su padre, avanzaba por el viejo camino que llevaba a la carretera, sus ojos se volvieron la pantalla de una película a tintes sepias. La película de su vida. En el parabrisas bailaban las gotas de lluvia. La danza era aquella de una tribu frenética implorando un milagro. Las imágenes se deslizaron sin ningún esfuerzo. La reja del prado de maíz se convirtió en la tabla de una equilibrista, el riachuelo que corría por el bosque en un enorme mar lleno de marineros donde ella dejaba de ser la niña huérfana y se transformaba en la Pirata Morgan. Más tarde el riachuelo se convirtió en su secreto aquella noche que fueron a nadar desnudos pensando inocentemente que sólo era un juego… y las sombras de los árboles de maple  trajeron consigo la imagen de tardes de risa y los picnics en el verano caluroso. A su izquierda cruzó la vieja mansión abandonada de los Rodneys y le pareció escuchar la risa de dos chicos jóvenes que se aventuraban a retarse entre los pasillos llenos de fantasmas. Creyó ver un Mustang rojo con una chica de cabello oscuro y al joven de cabello castaño desordenado, que tan bien conocía, dirigiéndose al mirador con una botella de licor que habían robado del gabinete de su padre. Le costó regresar y darse cuenta de que ahora todo era recuerdos. El chico del cabello desordenado no volvería a manejar su Mustang y ella no robaría más licor del gabinete de su padre. Se detuvo frente a una reja oscura que guardaba el último recuerdo de todos aquellos a los que una vez amó. A pesar de la lluvia podía distinguir sus formas entre los árboles. Ya no quedaba nada de lo que una vez fue. Ahora sólo contaba con el viejo y destartalado Impala, un par de maletas en la cajuela, una dirección garabateada en una servilleta y el baúl que hacía años había pertenecido a su madre. Ahogó un suspiro al comprender que ahora era su turno de ser fuerte, tenía que serlo por lo último que le quedaba en la vida y que plácidamente dormía en su vientre. Entonces puso el motor en marcha, piso el acelerador y juró no volver a mirar atrás.         

lunes, 2 de mayo de 2011

Desnuda

El silencio que antes era reconfortante ya no basta, el silencio duele. Ya no hay lugar seguro y los brazos a los que de pequeña solías saltar en busca de alivio son los mismos de los que ahora huyes. El aire es demasiado pesado en un cuarto tan pequeño, sus almas no caben. Te mira y cuando lo hace evitas su mirada, ahora te toca a ti observar, pero esta vez sus ojos huyen de los tuyos. Te desconocen y te preguntas si alguna vez podrá volver a ser como antes. Conoces la respuesta pero te niegas a decirla en voz alta. Aún tienes esperanza, si tan sólo pudieras despegar tus labios y lograr que de tu boca saliera esa palabra con los tonos adecuados que lleva impregnado el verdadero arrepentimiento. Pero no es arrepentimiento lo que sientes. Quisieras arrepentirte y sentir remordimiento, pero sabes mejor que eso. Juraste no arrepentirte jamás y ahora no consigues hacerlo. Sientes traición que corre en una carretera de doble sentido, el silencio te come y lamentas haber permitido que las cosas llegaran a esto. Cuando te ve, estas desnuda y desnuda de la manera más inapropiada por que por más que trataste no pudiste darle un sentido verdadero a las palabras que escribiste, pero eso sólo lo sabes tú. Y sabes que a veces te mentías y otras decías la verdad, nadie más que tú lo entiende.  Nada volverá a ser como antes y ahora anhelas las horas en las que sus ojos te sonreían y la forma en la que sus brazos te envolvían cuando tenías pesadillas y no podías dormir, pero sabes que aunque así fuera no volverías a sentirte bien ahí. Por mucho que todo pareciera como el pasado, ahora también esos ojos son parte de la pesadilla y quieres perdonar y ser perdonada pero no consigues dejar a un lado el coraje de haber sido arrancada de tus ropas sin que tú pudieras hacer nada para evitarlo. Y quieres hacerlo pero no sabes cómo. Es una doble traición. Necesitas distancia y no sabes cuándo llegará, el abismo del mar podría ayudarte a dormir, pero demasiado está en juego aunque tú sólo quieres correr. El mar está tan lejos. Ya no quieres voltear atrás. Necesitas escuchar de otros labios que todo está bien, pero hace tiempo te acostumbraste a sólo escucharlo de los tuyos. No te preocupes, confía en mí, todo va a estar bien.