miércoles, 24 de agosto de 2011

Sin sonido, sin color

- Gracias por venir, si, gracias – son las últimas palabras que alcanzas a escuchar como eco, casi como sueño. Los últimos dos días eso han sido, una terrible pesadilla…o eso es lo que pretendes pensar. Escuchas el motor de un carro mientras arranca pero sigues inmóvil, deberías pararte y encaminarte con los demás, pero en ti no existe siquiera la motivación para empezar a mover un músculo. Por un momento crees sentir una mano sobre tu hombro, sí, alguien toca tu hombro, puedes jurarlo. Volteas buscando su cara…contienes el aliento… tus ojos se tardan una fracción de segundo en reconocer el rostro. Decepción se dibuja en tu cara. – Te esperamos en el auto, tómate tu tiempo. – La mano abandona tu hombro y donde se encontraba, queda una calidez que hace dos noches te resignaste a perder para siempre. Dentro de ti la semilla del llanto empieza a crecer, pero tus ojos se han cansado y no pueden más, no tienes fuerzas para desahogar lo que sientes. El viento sopla y arrastra tus cabellos sobre tu cara, el frío hela tus mejillas, tu cuerpo permanece cubierto por el abrigo de piel que él te regalo la primera Navidad que pasaron juntos, verdaderamente juntos… ¿A dónde se fue el tiempo? Te preguntas. El sol hoy no ha salido y las nubes se precipitan sobre todo. Sientes a tus manos entumecer pero no consigues despegarte de ese lugar… aquel lugar lleno de lápidas que tanto solías temer es ahora el único lugar del que desearías no tener que marcharte jamás. ¿Y si ese mismo frío también él lo siente? De repente eres consciente de que esta noche no vas a poder pegarte a su cuerpo para darle calor. Una lágrima dibuja en silencio una línea hasta tu mentón. ¿Por qué tuvo que irse? No entiendes que hicieron mal, no entiendes porqué tuvo que ser él. Sin previo aviso, una fuerza que desconoces arranca un grito ahogado de tu pecho que termina dejándote de rodillas en el suelo. -Por favor, un día más…- suplicas con un hilo de voz, pero ahora sólo las lápidas pueden escucharte y no tienen una respuesta para ti. La luz del sol se ha ido y la oscuridad es apenas interrumpida por los faros de un carro. No te diste cuenta de cómo, pero ahora te encuentras en el carro, no recuerdas haber puesto un pie dentro de él, sin embargo ahí estás, en el asiento trasero y con la cabeza recargada en un vidrio empañado. Los lugares que recorren en el camino pasan frente a ti como una vieja película, sin sonido, sin color… interrumpida sólo por recuerdos que se aferran a tus pupilas como prometiendo una continuación, las gotas de lluvia que aún caen son las lágrimas que tus ojos ya no pueden llorar. El día se vistió de luto, ahora lo sabes. Deseas que el luto de Noviembre dure por siempre, que el día por siempre se vista de gris y llore contigo para algún día no tener que fingir que lo has superado y que todo está bien. Te bajas del carro y de tus labios se desprende una voz que desconoces. Das media vuelta y comienzas a subir las escaleras…puedes sentir las miradas de angustia a tus espaldas….te tiene sin cuidado. Revuelves en tu bolsa en busca de la llave, sabes dónde está, pero deseas posponer lo más posible el momento en el cual tengas que abrir la puerta y girar la manija. Encuentras las llaves, lentamente separas la que abre la reja, ahora la otra. Quizás si te demoras un poco a él le dé tiempo de regresar. Metes la llave y de repente un sonido, -crick- ya no queda más, es hora de entrar.     

lunes, 15 de agosto de 2011

Si pudiera volver a vivir...

1.       Dejaría a un lado mi reloj.
2.       Pasaría noches en mi balcón, viendo la ciudad, acompañada de un buen vino tinto.
3.       No faltaría a la escuela por sentirme triste.
4.       Me  tomaría menos enserio el portarme bien.
5.       Sostendría más la mirada de un desconocido.
6.       Aprendería italiano en lugar de ver tele.
7.       Gastaría mi dinero conociendo muchos lugares en lugar de comprando.
8.       Le robaría minutos al día para que la noche fuera más larga.
9.       Sería más sincera. No me aguantaría las ganas de hacer una llamada, de enviar un correo, de dar un beso, de decir "te quiero".
10.   Comería más helados y jugaría más en el parque.
11.   Abrazaría más a mi tío y le celebraría sus cumpleaños.
12.   Lloraría cuando me dieran ganas en lugar de hacerme la fuerte.
13.   No iría a aquel campamento.
14.   Lo  abrazaría hasta quedarnos dormidos.
15.   Dedicaría más tiempo a mi guitarra.
16.   Me reiría más.
17.   Me equivocaría más.
18.   Dejaría de tener miedo a lo que los demás pudieran decir.
19.   Le contaría a alguien mi secreto.
20.   Diría menos cosas hirientes y más cosas que construyeran.
21.   Viviría más lento cada momento.

sábado, 6 de agosto de 2011

Crónica de una pesadilla



Abrió la boca para jalar aire. La sensación de asfixia le hizo abrir los ojos. Estaba de vuelta en su cuarto, en su casa. Todo se encontraba en aparente orden. Se enderezó y se recargó en la pared, su respiración era entrecortada. Cerró los ojos para tratar de tranquilizarse, sin hacerse esperar aquella imagen interrumpió su intento. Cómo una aguja que entra firmemente en la piel, pudo sentir un dolor punzante y agudo en el pecho. Volvió a abrir los ojos. La bata de baño se encontraba en el respaldo de la silla, sus tacones, la camisa de él, el vestido de encaje y el cinto tirados por el suelo. Tomó el vaso de agua del buró y se lo tomó de un trago. Sus mejillas estaban húmedas.  Sólo los números rojos del despertador llamaban la atención en aquella oscuridad, 3:46 leyó. Intentó recordar cómo había llegado ahí, los hechos eran demasiado confusos. Cuando consiguió controlar su respiración, notó que algo más interrumpía el silencio. Otro sonido acompasado la acompañaba. A su derecha y boca abajo dormía plácidamente él. Su respiración era lenta y profunda. No pudo evitar recorrer con la mirada las facciones relajadas de su cara, los músculos de su cuello, sus hombros y las líneas suaves pero igualmente firmes de su espalda desnuda. La imagen era tortuosa en más de una manera. Las luces de un carro alumbraron el cuarto y su sonido la hizo regresar al presente. Quiso despertarlo para estar segura, pero la única respuesta que obtuvo fue un leve quejido y un movimiento que acabó por dejarla frente a su espalda. Poco a poco se hizo consciente de la realidad. Estaba en su cuarto, habían llegado algo temprano de la fiesta, 11:10 creyó recordar, ella intentó besarlo mientras se bajaba el cierre del vestido, pero sus besos eran flojos, la tomó por los hombros y besó su frente con resolución. Se quitó la ropa sin molestarse en donde quedaría y se dirigió al baño. Ella sacó de un cajón un camisón de seda, lo hizo resbalar por su cuerpo y se metió en las cobijas. Una punzada de llanto la amenazó ante la perspectiva del rechazo. Cerró los ojos y susurró algo parecido a “que descanses” mientras él se metía a la cama por el otro lado, contestando algo que debió sonar así como “tú también”. Los ojos se le llenaron de agua al recordarlo todo. Estar ahí era un alivio porque significaba que estaban juntos, él no se había marchado y ella seguía siendo quien dormía en su cama. Pero era un alivio a medias, porque era ella quien literal dormía en su cama, hacía algunas noches que era eso todo lo que hacía. Su sueño, que en realidad tenía más forma de pesadilla que de sueño, volvió a asaltarla, está vez fue capaz de discernir entre lo que en verdad sucedía y lo que simplemente era producto de su fantasía ¿en verdad era sólo eso? Se preguntó. En su mente revivió la escena de dos cuerpos desnudos, aquél que ella tenía memorizado desde la punta del dedo gordo, hasta el último cabello y uno que no conocía, una figura delgada y joven, de piel morena y de cabello largo negro azabache, no reconocía esa figura. Las risas y los susurros le enchinaron la piel, la vista de las manos que tanto añoraba, sobre aquel cuerpo desconocido, desgarraron algo en su interior…el sonido de los besos, algo amartilló. Y más tarde la forma en la que él defendía a aquella extraña, la forma en la que la miraba…le hizo dudar de que aquello en verdad fuera sólo un sueño. ¿Cómo estar segura de que lo que en ese preciso momento vivía no era en realidad el sueño y de que aquello que ella creyó soñar, no era otra cosa más que lo que en verdad era real? Contuvo el aliento. 3:51. El tiempo pasaba muy lento. Quiso que ya fuera de día, quiso que ya hubiera pasado una semana para estar en un avión rumbo a Mali, únicamente ellos dos. Trató de concentrarse con todas sus fuerzas en los números del reloj. Sin esperarlo, un brazo cubrió sus piernas y suavemente la jaló. Ella se acostó y el mismo brazo rodeó ahora su cintura. Ella se acercó a él, se acomodó lo más cerca que pudo de su corazón, en el hueco que quedó entre su pecho y su mentón. Inspiró profundo tratando de grabarse cada esencia que se desprendía de su piel y se prometió que dejaría de pensar, por lo menos durante esa noche, durante toda esa noche, tenía la certeza de sería ella quien estaría con él.

martes, 2 de agosto de 2011

Dulce olvido


Deja que el silencio se filtre por tu piel y que por tus pupilas entren los últimos rayos del sol. Permite la entrada del aire a tus pulmones y deja que tu mente te lleve a aquel lugar con o sin nombre del cual ya no quieres regresar, donde logras olvidar. Recuerda los días donde nada ni nadie te podían lastimar, entre las rejas de un parque de madera o a la orilla de la alberca donde te solías arreglar. Los años pasaran y algún día lo dejarás atrás, nada igual volverá a pasar. Deja que el viento acaricie tu cabello y que el calor te vuelva a llenar…el tiempo pasará...dulce olvido algún día llegará…