sábado, 12 de marzo de 2011

1916

La noche se aproximaba y empezaba a lloviznar. Aún no había señal alguna de que estuviera aquí. Saqué de mi bolso el trozo de servilleta arrugado que había memorizado los últimos cuatro meses. 14 de julio, andén 12. 5:30 de la tarde.  Sí, eran exactamente las palabras que desde hace tiempo conocía. Volteé a mi derecha y luego a mi izquierda. Nada. Un niño se paró enfrente de mí y comenzó a desenvolver una paleta, su mamá corrió a él gritándole que no volviera a alejarse al tiempo que lo jalaba bruscamente del brazo. El niño no hizo ademán de soltarse, sólo en su cara aparecieron los rasgos de un puchero. Un ruido llamó mi atención. El periódico de un oficial hacía piruetas en el aire. Demasiado tarde, el viento que había elevado las noticias por encima de nuestras cabezas me arrancaba ahora mi sombrero dejando al descubierto mi cabello negro azabache. Corrí tras él pero los tacones me impedían ir más deprisa. El niño de los periódicos lo alcanzó por mí regresándomelo muy gentilmente. Le dirigí una sonrisa fugaz cuando algo atrapó mi atención.

13 de Julio 1916
Daily Mirror
    
Planean nuevo ataque los Aliados

Tropas franco-británicas han sido movilizadas al norte debido a la nueva estrategia…se cree que van 145,000 bajas…la guerra comienza a tornarse en un apocalipsis…soldados están siendo reclutados…

Desee que fuera producto de mi imaginación. Regresé a mi banca y me quité los guantes. Podía sentir ligero sudor frío sobre mi frente. Comenzaba a oscurecer. Escuché una voz grave y me levante. Era un hombre alto, el uniforme me decía que era capitán, cabello rubio y ojos claros, llevaba en la mano un maletín. Me levanté. Una sonrisa atravesó su rostro y ella se lanzó a sus brazos. Debo haberme confundido, el tenía hombros más anchos y una mirada más profunda. La tela del vestido rojo que llevaba se me pegó a la piel y me dio escalofríos. El reloj de la estación señalaba las 7:10. En mi mente un atisbo de preocupación surgió. Intenté reemplazarlo por otra imagen pero en la estación todo parecía igual. Gente uniformada y mujeres en abrigos, lentamente se fue quedando vacía. Volví a ver la nota. No entendía como todo podía girar alrededor de ella. Tanto pendía de ese reglón…los últimos cuatro meses de mi vida se habían alegrado con el simple recuerdo de lo que decía y si en la tele aparecía alguna noticia de la guerra o si en el bar comenzaba alguna revuelta, me bastaba recordar las palabras de ese renglón para de nuevo poder respirar. Ahora no estaba funcionando y con cada ir y venir de multitud de personas abordando y bajando del tren mi angustia se acrecentaba. El frío comía mis huesos, él no llegaba. Una lágrima intentó llegar a mi rostro pero la enjugué antes de que fuera demasiado tarde.  Va a llegar me repetí para mis adentros  va a llegar. El sonido del tren anunció la llegada del último tren del día. ¡Pushh! El tren frenó. Me paré. Corrí hacia la entrada y contuve el aliento. Las puertas del tren se abrieron.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario