Lo hiciste, jamás creíste llegar a hacerlo pero así fue. No puedes regresar el tiempo porque no hay tiempo, en realidad el tiempo no existe, jamás existió, sólo tienes hoy. Pero has dejado de vivir el hoy, sólo has pensado en “algún día”. El algún día donde tienes una única oportunidad de arreglarlo todo. Tu vida la viviste mil veces en tu mente de diferentes maneras, en diferentes lugares y circunstancias, un sinfín de palabras, un sinfín de silencios, días…noches. Planeaste en tu mente cada detalle, cada mirada, y viviste tus días sin vivir, estuviste sin estar y soñaste sin dormir y cuando debías dormir pensaste en lo que querías soñar y te dejaste llevar, te envolviste en un sueño que no lo era y sin darte cuenta creaste un abismo entre tú y la realidad. Ahora lo ves, pero no importa, es demasiado tarde para que importe, te fascina ése abismo, tu mundo te intoxica, te lleva al borde de la locura y cuando estas por caer en él, te salva. Y al final sólo existe en tu mente. Pero ¡qué más da! Tú no lo notas. Las barreras entre lo real y lo irreal se han mezclado y el lápiz que lo dibujó todo se ha corrido. Añoraste con todas tus fuerzas la llegada de Algún Día y hoy que es Algún Día no sabes si lo deseaste o si en verdad lo que querías era que nunca llegara para poder desearlo por siempre y conservarlo como un sueño, el más grande, prohibido y perfecto de tus sueños porque en tu mente pasaba de infinidad de maneras pero siempre era tan grande que no había cabida a la decepción, no había lugar a la imperfección. Su imperfección era perfecta de todas las maneras imaginables.
Ahora estas parado en el parque frente al mar, puedes ver desde la distancia que está ahí, de pie en el lugar que acordaron. Ve su reloj y se revuelve en su lugar, el viento acaricia su cabello y lo mueve por su cara. Ahora se encuentra de espaldas a ti, se recarga en el barandal y su mirada se pierde en el horizonte del océano. El rugir de las olas parece hacer callar a tus quimeras interiores, pero sabes que aunque no las escuches siguen ahí. Tus manos están temblando, así que aprietas los puños para que no se note. Las palabras desaparecieron de tu mente, Miedo las tomó presas. Quieres dar un paso pero tus músculos están paralizados, sabes lo que tienes que hacer, sabes que es lo que más anhelas, más incluso que al aire que ahora respiras, pero no puedes, no quieres. El sol empieza a ponerse y un arrebato de locura se apodera de ti, es embriagador. Ya no puedes distinguir su rostro, pero su silueta es hermosa, perfecta, cada sutil cambio es enloquecedor. El momento mismo es una obra de arte. Amas el arte. Te preguntas si deseas poseer esa perfecta obra de arte por siempre o si deseas descifrarla y quitarle la magia que la envuelve, y es que precisamente ahora la anhelas tanto…que tu alma quiere tener algo que anhelar por siempre…el sol despunta sus últimos rayos y a la distancia su silueta se transforma. ¡Las contorsiones son tan extrañas! Los pasos son apresurados pero no eres tú quien camina, en realidad ya no sabes quién lo hace. Tu pecho se frena por una muralla, tus labios chocan contra los riscos desgarradoramente lastimosos y el calor que comienza por tu boca se extiende por todo tu cuerpo. Finalmente tus ojos se abren frente al más negro y profundo de los mares. El agua está llegando a tus caderas, sube por tu pecho a tu boca, menea tu cabello, se cuela entre tu cuerpo. Un dolor punzante se filtra en tus pulmones pero ya es demasiado tarde. Has olvidado respirar.