"Do not go where the path may lead, go instead where there is no path and leave a trail." Ralph Waldo Emerson
sábado, 16 de abril de 2016
Regresar (segunda parte)
Lloré hasta quedarme dormida. No porque así lo quisiera , ni porque lo extrañara, pero porque no había otra cosa que hacer ni manera de evitarlo. Lloré como solía hacerlo cuando era niña y mi papá se enojaba, gritaba y amenazaba con pegarme. No era miedo lo que sentía, era la tristeza incontenible de saber que mi lugar seguro no lo era después de todo y que el mundo de colores en el que me había empeñado en creer existía con una gama de colores oscuros que parecían más que ensombrecidos, enlodados.
La sensación vieja conocida se apoderó de mi y con su llegada trajo recuerdos de los mejores días ya desvanecidos y lo vi tan claro como quien observa su obra de arte favorita, con detenimiento, sin prisa y encontrando nuevos detalles cada vez, pero en esta ocasión se añadió un dolor fantasma que casi dejaba de serlo para volverse palpable debajo de mis dedos... De pronto entre la sucesión de momentos congelados como fotografías comenzaron a aparecer nuevas imágenes y vi como todo se desvanecía de la misma manera en que sucede con una acuarela sobre la cuál se ha derramado agua. ¿Qué podía hacer sino llorar?
Los minutos del reloj avanzaban dando paso a la madrugada y con ella sabía que vendría la luz del sol, la cual por primera vez en mucho tiempo quería que se retrasara... Quise empujar la mañana, extender las horas, esas en las cuales la oscuridad lo cubría todo y me abrigaba de todos y de mí, para poder derramarme hasta vaciarme y tomar la forma de aquello en lo que iba a convertirme, fuera lo que fuera.
El reloj no paraba y tampoco la sensación que me embargaba. Y de mis labios no salía más que silencio, mientras que de mis ojos se fugaban los colores con los que pinté su nombre, de mis oídos las canciones que sólo yo conocía, acompañadas del sonido de su risa y por mi nariz salió aquel olor a granizo y lluvia de la primera vez junto con el olor de su cuello, ése mi olor favorito. Y ahí permanecí, albergando la esperanza de que las horas se frenaran y de caer en un sueño tan profundo del cual fuera imposible despertar...
Lloré hasta que mis ojos se volvieron pequeños y me costó respirar. Lloré hasta que mi cuerpo no pudo más. Así me quedé hasta que no supe de mí y las horas de la noche dieron paso a horas inundadas de luz que tocaban todo, todo menos a mí.
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