miércoles, 16 de diciembre de 2015

De especulaciones y un desnudo.


Ahí estaba yo, desnuda, con tantas cosas por decir y sin que ninguna palabra pudiera salir de mi boca. Vi como me veías. Debiste imaginar que no notaría aquella mirada que cruzó tu cara por un breve momento, ése que duró lo que debieron ser un sin fin de segundos.
Me viste a mí, sin mis labios carmín, con mis ojos medio tristones, viste las ojeras crónicas no tanto por falta de sueño como por la angustia de sueños fugados y otros tantos medio bosquejados, medio borrados. Viste el surco incipiente en mi entrecejo, ése que se hace más aparente después de que he llorado o cuando me has hecho sentir el cielo. Viste mi cabello, alborotado, como siempre. Viste mi cuerpo... Mis pechos pequeños y mi cintura un poco más amplia de lo que es armónico. Y de pronto se asomó mi melancolía, una cara seria, una risa complaciente. Del hueco entre mis muslos salieron mis celos irracionales y los no tan irracionales. De mis ojos salieron mis quejas y de entre mis labios, los reclamos que tan frecuentemente han aquejado tus noches. De mis oídos salió mi terquedad y de mi nariz se escaparon mis miedos, esos que me han hecho levantarme a media noche y que tantas veces has tenido que escuchar. De entre mis dedos salió mi indecisión. De mis pechos, las caras de mi pasado, de mi cabeza salieron volando todas las mujeres que fui, pero que a lo mejor ya no soy y entonces me di cuenta de que viste lo que antes era invisible a tus ojos y desconocido a tu entendimiento.
               De pronto mis latidos se volvieron pesados y tuve que hacer un esfuerzo por respirar lo más normal posible metiendo la mayor cantidad de aire que eso me permitiera.

               Quería decir tanto y dije nada...

               Te vi y vi como tu cara se compuso en una sonrisa, esa que ya tienes memorizada y que en nada se parece a mi sonrisa favorita. Seguimos platicando de no me acuerdo que trivialidad mientras recogía del suelo la ropa que un rato antes me había quitado. Con cada prenda que volvía a su sitió, me componía un poco hasta armarme como la mejor versión de la que fui capaz.
Y entonces sonreí, me recosté frente a ti y tomé tu mano. Esperando que todo aquello fueran especulaciones de mi imaginación y que se desvanecieran... hasta la próxima ocasión.



-