Sentada en la cama miro hacia el baño y me quedo prendida de tu reflejo en el espejo. Eres cuidadoso, aún en la prisa eres cuidadoso. Untas tus mejillas de crema, la misma con la que de pequeña me gustaba jugar. Entonces comienzas a pasar la navaja con mucha habilidad formando figuras que delinean tu mandíbula y demás. Finjo que leo, pero ni yo sé qué leo.
Te veo disimuladamente, tu cabello despeinado y esa mirada de concentración y sólo puedo pensar que te quiero, que sólo te quiero a ti y me lleno de miedo. Tengo miedo, la clase de miedo que no puedes describir... sólo sentir.
Quiero las horas esperando en la sala, ansiosa, al sonido de tus llaves abriendo la puerta y a que entres sacudiéndote la lluvia que tuviste que soportar para llegar aquí. Quiero tus pasos sigilosos por las noches cuando intento dormir y tu apenas comienzas a revivir. Quiero saberte sentado en el cuarto de al lado, leyendo sin descanso o escribiendo eso que quizás vas a mostrarme al rato o que quizás no, mientras yo me revuelvo en la cama cada vez más intranquila, extrañándote... Preguntándome a dónde será que tu mente ha salido a pasear esta noche. Quiero la extrañeza de despertar al olor a café y al sonido de tu voz susurrando en mi oído "despierta" seguido de mi nombre, mientras trato de arrancarme del sueño de la noche anterior, ése donde ya no eras mío, sino de ella. Deseo la incredulidad de escuchar tus carcajadas y ver que corres las cortinas y abres las ventanas de par en par para que entre el sol y el olor a primavera. Quiero sentir como fijas tu mirada y como poco a poco y sin tocarme me despojas de mi bata, de mi piel, del remolino que son mis cabellos y de las ojeras, restos de la noche anterior.
Enjuagas tu cara y desapareces del espejo cuando te das la vuelta para buscar tu loción, o tu playera, o qué se yo. Mientras tanto, yo te quiero. Y paseas por el cuarto y te topas con mi mirada y sonríes a medias, sonríes sin darte cuenta...Y yo no consigo detener el hilo de mis pensamientos. Quiero las tardes de humo tirados sobre la cama, cuando trazabas círculos sobre mi ombligo y te perdías en las formas que salían de tu boca y yo en las figuras que encontraba en tu techo. Quiero la curiosidad que bailaba en tus ojos cuando yo era cocaína o heroína o alguna otra droga que se te ocurriera que querías probar. Quiero la urgencia que nos mantenía prisioneros de tu cama, de tu sofá y de tu azotea.
Entonces me acuerdo de las tardes encontrando imágenes en las nubes y de mi risa incontrolable, de cómo te rehusabas a soltarme y de las ganas de que mordieras mis labios. Y repentinamente quiero con ansias que me desdibujes con tus caricias y que con miradas inventemos historias felices o tristes, cualquiera de esas que por miedo no nos hemos atrevido a contar. Pero tú caminas con prisa por la habitación y en cualquier momento vas a abrir la puerta para marcharte y yo sólo consigo pensar que te quiero.
Te quiero.