Llega la tarde con su
tenue sol que intenta enmascararse tras la lluvia, a veces fina, otras no
tanto. Llega hablándome de un pasado antes vivo como el carbón, pero que ahora
es difuso como un sueño. Me cuenta secretos que todavía no entiendo, pero dice
que son secretos y yo le creo. Así espero, entre el olor a tierra mojada y la
tarde, que poco a poco deja de ser tarde y se pinta de un azul cada vez más
oscuro.
Espero a que lleguen las preguntas, porque sin
mis preguntas se me hace evidente que se escapa eso que aún estoy definiendo. Espero a que el puente entre hoy y ayer se dibuje porque hace más de un mes
que la busco y no la encuentro. Espero a que las risas se desvanezcan y reluzca
todo lo que yace debajo de ellas. Anhelo que desaparezca esta realidad que se
parece más a un cuadro surrealista que a la vida misma… pero lo que con más
ahínco deseo y por ello espero es que un día, sin previo aviso y sin que yo lo
sospeche, de golpe, esta tela en la que queriendo y no me he envuelto, resbale
sobre mi cuerpo y me deje desnuda. De nuevo.
Desnuda, con calor... con
frío y sin ningún miramiento.